16 marzo 2012



















No podemos pretender ser los primeros, o los preferidos, sólo somos lo que está disponible, los restos, las sobras, los supervivientes, lo que va quedando, los saldos, y es con eso poco noble con lo que se erigen los más grandes amores y se fundan mejores familias, de eso provenimos todos, producto de la casualidad y el conformismo, de los descartes y las timideces y los fracasos ajenos, y aun así daríamos cualquier cosa a veces por seguir junto a quien rescatamos un día de un desván o una almoneda, o nos tocó en suerte a los naipes, o nos recogió de los desperdicios; inverosímilmente logramos convencernos de nuestros azarosos enamoramientos, y son muchos los que creen ver la mano del destino en lo que no es más que una rifa de pueblo cuando ya agoniza el verano... 

Los enamoramientos, J. Marías

3 comentarios:

  1. Supongo que es así, no me lo he planteado.

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  2. Un libro que casi me cojo hace poco porque me gusta el autor. Una verdad como un templo expresada maravillosamente en este subrayado tuyo. La realidad sin cursilería es más o menos esa. Pero llegada cierta edad tampoco importa. No me importa no ser el primero porque después de todo no hay nadie que lo sea. Así que tampoco soy el segundo. Las causas que me hacen tener a una mujer en mis brazos no me importan tanto como las que me permiten mantenerla si me interesa. Eso de ser el primero es para vanidosos adolescentes.

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  3. Pues yo lo he leído. Mi veredicto: aburrido y petulante.
    He vuelto.

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