21 abril 2016

el arte de casi

casi sucedió a la primera 
un chasquido 
quedaban plazas 
el avión aterrizó a su hora. no había niebla. nadie rezó por si acaso. 
rellené un folio entero de garabatos y alguna palabra. sin respirar. 
el ilustre doctor extirpó el cáncer entre el estómago roto y el corazón reventado. el paciente lloró, feliz: seguiría comiendo por los ojos, sintiendo con las manos. 
compré justo el libro que habías leído dos veces 
de todos, me escogieron a mí 
un hijo fue engendrado sin probetas, hormonas, gotas mágicas. los padres, fascinados, lo sostuvieron nueve meses después entre sus brazos. tenía cinco deditos en cada uno de sus pies azulados. 
en un segundo el relámpago partió el árbol en dos. se salvó la caseta de los pájaros. 
tuvo suerte 
el destino 
siempre es suerte 
se corrieron los dos. los seis. a la vez. 
se equivocó de andén, de horario, de día. descubrió un paisaje más brillante. una montaña más alta. un hombre que la miraba. tenía que ser así. 
casi 
el aplauso 
el público se puso en pie, asintió ante el milagro: “un genio, un don. auténtico arte” 
nació para eso 
lo inmediato 
alzarse, subir, más arriba, más aún, sin haber habitado el pozo, la noche, la duda, el no, el repetido no. no. ni tan siquiera un minuto de gris oscuro. 
casi llego 
te lo juro 
me puse de puntillas, alargué el cuello, estiré el brazo izquierdo. 
tocaba 
casi 
y si había un precipicio, una roca puntiaguda, todas las entradas por vender
aquello que temía 
no lo vi. 
miraba hacia arriba. sin cegarme, sin quemarme, sin nutrirme de recelos, de preguntas, de para qué, del sentido de las cosas porque siempre tiene que haber sentido. y cosas. 
casi 
casi lo consigo y cojo el tren, acierto a decirte, escojo la opción, la pastilla azul, el botón de la derecha, el asiento de la ventana, el desvío que conducía a, la llamada justo cuando, el código, la talla, la respuesta, la espera breve, la medida exacta, el ejemplo que sirve, la excepción que por una vez, una maldita vez, una puta vez, la balda recta, la flecha en el centro, el disparo entre dos intenciones. 
casi estuve allí 
pero mira, 
ahora 
aquí 
tan lejos porque al fin y al cabo hubiera entendido algo diferente, hubiera aprendido a bailar con una marcha fúnebre, descompasada, martilleante. tan acorde a los planes rectos, convincentes. improbables. me hubiera reflejado en el espejo cóncavo, deseando verme recta, convincente. improbable. 
y casi 
casi suelto lastre en otro baúl repleto 
casi empujo al leer “tirar” 
casi me río del insulto, del escudo, del miedo a morir, del dolor a salvarme
casi perforo mis costillas hasta dar con los párpados 
casi 
tiemblo al abrir la puerta, respirar hondo y salir de casa 
casi mañana será otro día como el de hace tres años, once días, ocho horas, veinte vómitos, una llaga. 
casi 
casi hago lo que puedo 
así que casi, casi todo 
pero nunca me acerco

1 comentario:

  1. Cuando terminé a Joyce seguí con Faulkner y luego me lo puse un poco más difícil con Gaddis, Pynchon o Foster Wallace pero los amé. En el futuro no quedaba nada interesante por leer. Pero estaba hilia.

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