29 marzo 2015

cuarenta y siete kilos y medio de carne pálida no van a ser suficientes, querida, para soportar lo que se te viene encima. 
tampoco estas dos piernas largas, torcidas, 
dos palillos -que diría tu padre- 
ciento setenta por sesión láser porque a una amiga le funcionó 
van a servirte para huir lejos, escabullirte rápido 
ni acercarte unos metros al calor de un fuego que prendieron otros y que sí, cierto, funcionó y te calentó un tiempo breve pero ahora, estimada, te hiela, te excluye, te reta a un giro que bien sabemos no vas a iniciar jamás. 
tu carácter tranquilo, amable 
a veces alegre 
paciente cuando toca 
por el que te atribuyen tu buen hacer 
los buenos modos 
la prudencia exacta 
la calma y sonrisa esclava 
será más bien un tormento, una lacra 
para cuando por fin comprendas que era mejor cambiar de táctica 
enseñar los dientes, los puños, las entrañas, si es que alguna vez tuviste
aullar por las mañanas 
volver a casa arañada, coja, derrotada, 
pero 
viva 
despertarse un poco antes 
tener la dosis justa para cuando subiera la arcada 
luchar, amiga, con más ansia 
levantarse de esa cama que en los mejores días ofrecía más desamparo que reposo y en las peores noches avasallaba con más realidad que pesadillas vagas. 
y qué decir de esos los labios 
ah, los labios 
tus labios, sí, carnosos, bien rojos, vistosos 
resultones cuando callaban 
hábiles para besar, chupar, morder sin hacer sangrar 
inútiles para gritar, exigir, mandar a la mierda 
malditos cuando tenían que pronunciar un no en vez de un bueno, un puede en vez de un cierto, un seguro en vez de bajar la mirada, de esperar a que pasara, se olvidara, dejara de partirse 
un en vez de un para qué 
un en vez de nada 
un sí 
un puñetero 

cuarenta y siete kilos y medio de historia narrada por terceros 
a trompicones 
entre sujetos borrosos y predicados pasivos 
sin ni un solo verso que rimara, ni una sola palabra pegada a otra que formara una frase digna de repetirse, de recordarse 
sin protagonista a quien regalar flores 
sorprender con una fiesta, una cena, un viaje 
ni que fuera cerca, ni que fuera corto 
ni que fuera. 
una historia, querida, tuya, propia 
anodina, amorfa, ausente. 
cuarenta y siete kilos y medio no bastarán, no, 
para detener la mente enferma, la vida anclada 
las manos hinchadas de tanto apretarlas 
el corazón discreto de tanto amagarlo 
el amago que se queda en barro 
el barro que se licua en lágrima 
la lágrima que se expande en mancha 
la mancha que, de densa, traspasa. 
cuarenta de normalidad fingida porque en algún momento, alguno al menos,
habría que dejar de morir 
y siete 
de silencio adusto 
y huesos que sólo sustentan aire 
y estómago abultado de raíces rotas, inercia, náusea 
y medio.

8 comentarios:

  1. Hay que echar un poquito más, digo de kilos

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  2. "volver a casa arañada, coja, derrotada"
    Muy bonito!!

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  3. Hay furia en esos 47 kilos de derrotas. Un grito de amargura impactante. No le has dejado ni un milímetro a la esperanza. Pero es que la vida a veces se siente así.

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  4. Tengo casi el doble de kilos y tampoco son capaces de sostenerme. Mis putos labios también son de esos.

    Me ha encantado.

    Un abrazo!

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  5. Holaa, me encanta tu blog, te pasarías por el mío y me dirías qué te parece que soy nueva por aquí? Muchas gracias! http://puedoynoquiero.blogspot.com.es/

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  6. Somos una suma interminable de certezas solapadas, de silencios incompletos, de oscura mas latente inseguridad...con lo fácil que sería ser tan sólo lo que somos y sentimos...

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  7. Somos una suma interminable de certezas solapadas, de silencios incompletos, de oscura mas latente inseguridad...con lo fácil que sería ser tan sólo lo que somos y sentimos...

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