30 diciembre 2014

en el jardín

la niña, la más pequeña, se levanta y se sienta en la otra silla, la que le da el sol. está pálida. siempre lo ha estado. casi siempre tiene frío. sus padres se preocuparon al principio. la llevaron al médico y éste se limitó a informarles que la niña era así: pálida y friolera y que no tenían de qué preocuparse. ellos lo creyeron aunque aumentaron las raciones de las comidas, por si acaso. la niña siguió siendo pálida y friolera, pero no enfermó nunca de gravedad. algún resfriado a principios de invierno y alguna gripe intestinal sin importancia. nada más. ahora le da el sol y su pelo claro brilla con intensidad. la otra niña, la mayor, su hermana, sentada a su lado, se aparta con la mano una mosca que revolotea alrededor de su cara. están en el jardín de su casa. es un jardín grande y bien cuidado. hay rosales, margaritas y algunos árboles altos alrededor de una piscina pequeña de plástico con la que han disfrutado todo el verano. las dos están calladas porque aunque podrían contarse cómo pasaron la noche o qué harán esta tarde, prefieren no romper el silencio que se ha instalado en la casa desde hace tres días. en la mesa del jardín todavía quedan los restos de un desayuno copioso y tardío que les ha servido su tía justa: chocolate caliente, bollos, magdalenas y mermelada de melocotón, que no les gusta a ninguna de las dos. apenas han probado bocado y sin embargo en la mesa hay migas y restos de mermelada como si hubieran celebrado un banquete. la niña pequeña mira a su hermana. tiene el pelo más oscuro y largo. le llega casi a la cintura y a pesar de los ruegos de la madre, se niega a cortarlo. también su piel es más morena. la pequeña piensa que de mayor le gustaría ser como ella, igual de bonita, pero, puestos a elegir, preferiría ser menos mandona y no tener esa dichosa manía de tararear siempre la misma canción mientras se cepilla los dientes antes de ir a la cama. la mosca sigue molestándola. algunas veces se posa en su brazo y otras, como ahora, en el párpado derecho. la hermana mayor, sin embargo, ha dejado de moverse y deja que el bicho descanse sobre su cara. 
-¿hasta cuándo tenemos que estar aquí? – pregunta. 
la hermana mayor la mira un instante y se encoje de hombros. esta es la única respuesta que obtiene y sabe que a partir de ahora no es necesario que le pregunte más porque no va a haber ninguna respuesta, al menos con palabras. 
el sol comienza a quemarle las piernas a través de la tela negra. no sabe –todavía es demasiado pequeña para saberlo- que si vistiera de un color más claro la sensación de calor sería menor, pero a pesar de esto no se mueve de la silla y mira embelesada las patas delanteras de la mosca que se frotan frenéticamente la una con la otra sobre la cara de la hermana. ahora le preguntaría cómo hace esa mosca para mantener el equilibrio y no caerse. ella, por ejemplo, cuando intenta mantenerse sobre una sola pierna termina por los suelos. la mosca, sin embargo, no parece que vaya a caerse y no lo comprende. pero la niña calla. calla y mira al insecto que se traslada al entrecejo de la hermana y continua frotándose las patas delanteras. 

la puerta de la casa que da al jardín se abre y aparece tía justa. las niñas se giran en su dirección. no se extrañan de que esté en su casa. lleva tres días instalada en ella y pasa muchas horas encerrada en la habitación, con su madre. a veces las niñas las escuchan cuchichear y otras llorar. saben, aunque no las hayan visto, que es mamá quien llora y que es tía justa quien le pasa el brazo por el hombro, le aparta el pelo y seca sus lágrimas con un pañuelo de papel cuando considera que ya ha llorado suficiente. la mujer avanza con rapidez e intenta sonreír a sus sobrinas aunque es poco convincente. al llegar a la mesa acaricia la mejilla de la mayor y ordena a la pequeña que se ponga a la sombra, que hace demasiado calor para estar sentada al sol. no dice nada de los vestidos gruesos y oscuros que llevan puestos. las niñas tampoco proponen cambiarse de ropa y ponerse algo más fresco. tía justa mira las tazas medio vacías y los bollos intactos. podría decirles que tienen que comer algo, aunque no les apetezca, que va a ser un día largo. podría hacerles un poco de chantaje emocional recordándoles que no deberían preocupar a su madre por no haber desayunado, no hoy, precisamente hoy, pero al final decide callarse, recoge las tazas, las cucharas y las magdalenas. 
-no vamos a tardar mucho- les dice antes de marcharse, pisando las mismas huellas que ha dejado en la hierba saliendo de la casa. 
la hermana menor espera que se cierre la puerta de la casa para mover la silla hasta sentir los rayos de sol en su cara. por primera vez su hermana la mira y ella se percata de que en su cara ya no reposa ninguna mosca. pasan los minutos en silencio. escuchan los ladridos de plutón, en el jardín contiguo y los gritos y las risas de helena, ordenándole que recoja un palo. la hermana menor hace el gesto de querer levantarse e ir a investigar. le gusta plutón y le gustaría aún más tener uno para ella. lo cuidaría bien: le daría leche con galletas todas las mañanas y no le haría ir a recoger ningún palo porque ese siempre le ha parecido un juego muy tonto y aburrido. al poner los pies en el suelo escucha un golpe seco a su lado y da un salto hacia atrás. su hermana, con la mano derecha encima de la mesa, sonríe de una forma extraña. la niña se vuelve a sentar en su silla. 
-¿la has cazado? – pregunta.
la hermana no contesta, pero sigue sonriendo. lentamente, casi sin que se note, comienza a mover la mano por encima de la superficie de la mesa. primero hacia la derecha, luego hacia la izquierda, más tarde con movimientos circulares y luego en zig zag. la niña no pierde de vista la mano de la hermana e imagina a la mosca, atrapada, a oscuras, moviéndose según los dictados de esa desconcertante cúpula de carne, húmeda y cálida. también a ella le gustaría probar, tener a la mosca debajo de su mano, sentir el cosquilleo de sus alas en la palma y llevarla hasta la otra punta de la mesa del jardín, pero sabe que proponer esto a su hermana significa arriesgarse a que el bicho se escape y a que ésta se enfade con ella por su enorme torpeza. así que no dice nada y sigue observando, casi hipnotizada, debajo de ese sol que cada vez está más alto y arde con más fuerza. en algún momento le parece escucharla. tiene calor y sed, pero sobre todo calor. se baja los calcetines hasta los tobillos y se arremanga el vestido oscuro. 
-¿a qué esperas? 
la niña alza la mirada hacia la hermana. 
-¿a qué esperas? –repite. 
duda. mira la mano de ella, ahora quieta, justo delante de la pequeña. 
-vamos, rápido. no tenemos todo el día –dice la hermana.–un golpe fuerte. rápido. no seas cobardica. 
plutón ladra en el otro jardín, helena chilla y hace tanto calor. también escucha a tía justa desde la puerta de la casa. ya es la hora, venga, deprisa. deben ir. el coche las está esperando. ¿y qué haces con los calcetines bajados? súbetelos ahora mismo. tenemos que marcharnos. ¿a qué esperáis? 
la hermana no ha movido su mano. sonríe. 
-bien fuerte. no me harás ningún daño, no te preocupes por eso. anda, rápido, antes de que te vea tía justa y te castigue. 
la niña levanta el brazo tanto como puede y lo estira al aire. las dos hermanas alzan la vista. por entre los dedillos de la mano de la pequeña se cuelan los rayos de sol que por un momento la ciegan. ahora ella también sonríe. 

7 comentarios:

  1. y muy feliz año a todos y mil mil mil gracias por las visitas, las lecturas y los comentarios.

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  2. Muy feliz año hilia, confío en que durante el 2015 no te abandone toda esa inspiración de la que sin duda has disfrutado (y de paso nosotros) en el 2014.

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  3. Un jardín, calor, la captura de una mosca. Y cómo elementos cotidianos y aparentemente inofensivos dan ese aire tan siniestro, ese humor negro... Increíble cómo cambias los elementos y girándolos un poco tienen un color distinto. Feliz año nuevo y no dejes de escribir de ningún modo.

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  4. Es sólo una sensación, no sé si será errónea, pero he pensado que dichas niñas asisten al funeral de su padre. En todo caso, me gustan los textos que no despejan todas las incógnitas y dejan espacio de reflexión al lector. Éste, sin duda, lo consigue. Feliz año para ti también hilia :-)

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  5. Opino lo que Mon, esa es mi interpretación y mi conclusión que llevas en vena una gran escritora, que deseo con fuerza que algún día el mundo me de la razón del porqué me enganché a ti, illo tempore.

    Besos desde el alma

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  6. Por fin puedo sentarme con tranquilidad a leerte. Es verdad eso que dicen que lo bueno se hace esperar. La paciencia ha merecido la pena.

    Feliz año para ti también Hilia, y a seguir maravillándonos con tus historias.
    ¡Un abrazo!

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  7. Catalizas la penumbra dotándola de vida propia...una vez más, excelente, hilia...

    Feliz 2015 para ti, no dejes nunca de "escribirnos"

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