13 diciembre 2014

como tantos otros

en esos tiempos no hacíamos nada bien. 
había que conocerse, indagar, dudar 
aclararnos. 
quedábamos a menudo, algunas veces incluso sin excusa 
porque sí 
sólo por vernos, por estar con el otro 
por sentir que, cogidos de la mano, nos preocupábamos menos por la dirección del paseo 
y comprobar, supongo, que nos gustaba estar juntos, 
revueltos, manchados, enfadados, cocinando un plato rico, 
esperando una llamada que tardaba 
escuchándonos a pesar de no decir nada cabal 
mirándonos aunque ya nos hubiéramos contado las pecas 
cien veces. 
de día recordaba, repetía y le daba mil vueltas a sus juramentos y pactos
había que interpretar 
queríamos creer 
creíamos. 
a ciegas. 
de noche nos aventurábamos con posturas extrañas que habíamos visto de algún vídeo porno en internet 
ni ella era rubia 
ni yo aguantaba sesenta minutos 
y a pesar del empeño a ella le gustaba así, normal 
a mí me entusiasmaba asá, como siempre 
nos sobraban brazos y nos faltaban horas, agua fresca 
tal vez un director de escena que se quedara al margen cuando todo comenzaba a salir bien. 
al terminar, anudados, más felices que sorprendidos 
nos reíamos muy alto y recontábamos, otra vez, 
nuestras pecas. 

con el tiempo, como tantos otros, nos normalizamos: 

nos sabíamos eruditos y terminamos las preguntas 
los paseos se acortaron 
los bolsillos de cualquier chaqueta albergaban mejor que las manos 
las suyas heladas de noviembre a marzo, las mías comenzaban a sudar en abril 
a mis platos les faltaba sal, ella abusaba del azúcar 
algún día, en una de esas tardes plomizas y lentas, 
recordaba, repetía y le daba mil vueltas a sus juramentos y pactos
negaba con la cabeza, sonreía mansamente 
alzaba la vista y observaba las nubes 
había que creer 
me convencía que tenía que creer 
luego bajaba la vista hacia el pavimento 
y obedecía. 
distanciamos las llamadas 
usábamos caritas inexpresivas y pulgares hacia arriba que pretendían detallar más que cualquier frase 
perdí la cuenta de los corazones recibidos entre línea y línea cuando a mí me bastaba un vamos a pasear 
se había teñido de rubio. la hacía más joven, aseguraba 
el porno la aburría 
yo seguía sin aguantar sesenta minutos 
tenía más tripa 
más fantasías que imaginación 
una camarera argentina que me deseaba los buenos días con el mismo encanto con el que me rozaba el brazo al servirme el café 
un temor que disimulaba hablando mucho rato 
a gritos 
sin entender qué estaba contando. 
ella, la camarera, me regalaba galletitas 
yo, achispado de esperanza y cafeína, la visitaba cada día 

como tantos otros, nos compramos un cachorro: 

cuatro patas paticortas, dos orejas puntiagudas, un hocico que me olisqueaba el culo cada vez que me ponía de pie 
rasgaba mis zapatillas 
devoraba nuestras sobras 
ladraba a todas horas 
nos exigía atención y juegos. 
la alegría de la casa. 
plutón, le puso ella, que ya no era rubia sino caoba oscuro 
la hacía más seductora, insistía 
y yo me preguntaba, en silencio, mirándola de reojo, leyendo su diario a escondidas, 
para quién. 
alguna noche, en una de esas noches de vueltas e insomnio, 
intentaba recordar si hubo juramentos y pactos. 
me decía que sí, que algo hubo, que yo prometí y ella firmó 
quizás fuera al revés. 
luego cerraba los ojos e intentaba relajarme, no pensar, ausentarme 
pero su respiración calmosa 
sus ronquidos musicales, sosegados 
la mancha húmeda de su babilla acuosa 
plutón, dormitando como un bebé entre sus dulces brazos, me había derrocado, desplazado. anulado. 
y yo, imbécil, cobarde, con más tripa, menos pelo 
sin mi rubia ni mi argentina 
sin aguantar unos jodidos veinte minutos 
sin zapatillas ni pactos 
miraba a esa bestia por la mañana y le preguntaba, cada día, como si me entendiera y fuera a responder,
¿vamos a pasear? 
y como tantos otros, paseábamos.

9 comentarios:

  1. vamos lo que es normalizarse


    menudo castigo al minino

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  2. Yo no quiero un perro que reponga los espacios vacíos ni justifique mi existencia, y no, no vivo en la ilusión de los primeros días, supongo que incluso más en la realidad de los posteriores...

    Yo tan sólo quiero, como tantos otros, seguir sintiéndome vivo...

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  3. iba a decir 'rutina' pero espero que en mi futuro, la rutina no sea un perro en el que ahogar abrazos.

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  4. Es que las películas de amor tienen segunda parte y es de terror.
    Esa bestia con la que despierta el protagonista es la misma persona de la que se enamoró más algún añadido o alguna resta leves. La argentina es una bestia en potencia o algo peor pero juega con la ley de la ventaja de no haberse dado a conocer.
    No vivimos de la realidad, vivimos de la imaginación. Le colocamos un sueño encima a una persona de la que nos enamoramos y cuando nos cansamos y se pasa el sueño, queda la humana. El final tan brillante como siempre pero menos abierto está claro. A pesar de todo siguen paseando. La rutina gana y el amor pierde. Como suele ocurrir.

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  5. Cuando uno está solo también deambula entre la rutina y la ilusión, luego no es un problema del amor. Es lo que yo creo. Lo cuentas muy bien, utilizando el detalle para contar el todo, haces pensar.

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  6. Por eso existe el divorcio y tantos que lo hemos utilizado, sino te resignas, acabas, eso es lo normal, has escrito más textos sobre este tema, siempre distintos, siempre brillantes, pero siempre me queda eso regusto de tristeza, porque es así, tal cual.

    Abrazo más beso y café cuando podamos

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  7. ¡Me ha chiflado la foto! jiji
    Pienso lo mismo que RH, la monotonía somos nosotros enfrentándonos a la vida, porque hemos escogido esa manera de hacerlo.
    Por el resto, el poema es genial :)
    Un besito.

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  8. El feed de blogger me la ha jugado, porque juraría que este poema ha pasado totalmente desapercibido por ahí. Mal. Me encanta. Hay algo muy real. Tú lo hacer real, por buena escritora, porque yo juraría que la cruda experiencia se halla tras los versos, en una historia que se repite cada día en el mundo, pero no por ello deja de estremecer, sorprender, desolar. Y sin embargo, no apostaría todo a ello, porque cuando las letras son innatas, el autor hace magia, y no necesita de la experiencia. Me dejó triste el poema, sí, mucho. Y aunque me dijesen, bueno, esto no es real, respondería como en aquel poema de González, bueno, lo que yo siento sí lo es.

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