12 noviembre 2014

lecciones

el último día, ya de noche, echados en un sofá más corto que nuestras piernas huesudas
me preguntó qué había aprendido de todo aquello. 
todo aquello, repetí para mis adentros 
como si hubiéramos superado un tumor maligno extendido por todos los órganos malheridos, una guerra nuclear de la que sólo sobrevivieron las larvas, una muerte cercana. 
qué había aprendido preguntó 
sin insistir en mi respuesta 
ensimismado, pensando, tal vez, en la suya propia 
y puede que no contestara. no esa noche del último día, echados en un sofá corto 
no mientras doblaba sus camisas y las colocaba ordenadamente en su pequeña maleta de cuero encontrada en la calle. 
no lo hice cuando me levanté de la cama, una de tantas veces, y reparé en los bultos al lado de la puerta. todo listo para marcharse. 
no muy lejos, pero a otra parte. 
ni cuando, al regresar, tapándome con la manta hasta la barbilla, susurró que había estado soñando conmigo, aunque no recordaba nada. 
qué aprendí. 
aprendí que íbamos a seguir siendo dos errores, dos benditos 
dos días juntos, dos premios vacilantes 
dos gotas de agua de distintos ciclones 
y sonreí. 
aprendí que cuando grité que no, que nunca más, que se largara, se quedó 
que cuando me dolió, seguí admirándolo 
que no era distancia, sólo queja 
que cuando debimos dejarlo reposar lo removimos 
a consciencia 
a carcajadas 
a bocajarro 
y no nos resquebrajamos, ni las sombras ennegrecieron, ni aminoramos el paso, ni cambiamos de sendero. 
aprendí que en el futuro iban a unirnos las partidas, las ausencias. 
las noticias ocasionales 
el titubeo 
el espacio vacío y la tierra seca. 
que el frío volvería a ser frío 
el calor, helado
el silencio más omiso 
la carne menos nutrida y sin embargo, a pesar de lo perdido, 
íbamos a ser dos milagros, dos inútiles inventos que un día nos funcionaron 
dos acordes de una misma nana, 
dos valiosos relatos atesorados en un baúl cerrado 
dos temores disipados 
dos preciosas lecciones, dos iguales. 

todo eso aprendí. 

9 comentarios:

  1. Y más que habrá que aprender...
    Un texto precioso Hilia, como siempre.
    Te mando saludos,
    Cristina

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  2. Ya me estaba inquietando tu silencio. Qué alivio verte o mejor dicho leerte y que estés tan en forma. Haces que resulte hermoso hasta lo enfermizo o el miedo o las dudas o lo que se está quebrando.

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  3. tertulias pendientes hay por el mundo para dar y callar

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  4. Aprendió a vivir entonces en el universo de detalles mayestáticos, allí donde los pequeños contornos y los gestos tienen su propia especie de música. A veces pienso en los mundos paralelos, no en el sentido de una extraña utopía (o distopía) de un mundo replicante al lado del otro (otra tierra, otro universo), sino en algo más cercano, como una imagen delirante de cada uno siguiendo su propio camino, en el que nos encontramos con otros y compartimos más o menos, sin embargo en esa imagen delirante advertimos también a otros que van durante una parte del trayecto en caminos paralelos, y eso nos convierte en próximos y sin embargo también en distantes. A veces nos encontramos, a veces nos separamos, son otros caminos. Y cuando nos alejamos el frío se hace más frío, el silencio más sólido, y se advierte una especie de milagro, tal vez dos notas en líneas distintas del mismo pentagrama.
    A eso me llevó tu magnífico texto.

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  5. Siempre da gusto aprender algo, aunque duela.

    Un abrazo!

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  6. Hemos coincidido en silencios querida Hilia, de fisuras y clavos reversibles está hecho el camino. Espléndida como siempre.

    Te abrazo

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  7. Y aprender todo eso no es poco. Y todo eso, que se aprende de esa manera y no de otra.

    Un abrazo, a mí también me inquietaba tu silencio. O incluso preocupaba.

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  8. Jodes, hilia, atraviesas la piel para alojarte bien dentro...

    Leerte más que placer es ya obligación.

    Te beso.

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  9. No sé...pero yo creo que hay lecciones que no se aprenden...que uno interioriza y le da a la vida un aire de disfraz al conformarse.
    Pero eso...es una apreciación mía...y que últimamente sólo creo en la facilidad de las cosas...y que esforzarme me crea agotamiento. Aunque por contradicción cuando algo vale la pena...uno aprende y se esfuerza en ver las cosas de a dos...
    (ya sé...a veces no me entiendo ni yo...)

    Vine de la mano de S. y descubrí tu manera de escribir, me atrapó...


    Un abrazo

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