23 abril 2014

me conformo

de todo esto sólo quisiera que, de vez en cuando,
no cada día, ni cada semana, 
ni tan siquiera cada año 
sólo de vez en cuando 
-ya ves qué poco pido- 
te acordaras de mí. 
me vale con cualquier cosa: los créditos al final de una película vieja
una frase mal escrita, un paseo en bicicleta 
-ya ves que no es mucho- 
el nombre de tu primera hija 
(porque tendrás una hija, aunque ahora digas que no), 
que elegirá tu mujer y que sonará muy distinto al mío. 
un tropiezo, un trozo de tarta; esa tarta que prometí que iba a aprender a hacer y al final 
al final, nada. 
me conformaría con que algún día, 
pronto antes que tarde, 
la herida, sellada, hiciera un bonito dibujo en la piel 
la pena bailara con cualquier estribillo de canción cutre de verano 
el llanto se ahogara en planes, viajes y notas al margen de libros releídos 
y quisiéramos 
y sintiéramos 
el hambre de volver a empezar desde cero, 
por el principio, sin red ni memoria 
sin el temor de que nos vayan a dañar. 
porque nos van a dañar. lo sabemos. 
y accedo, entiendo incluso, que ocurra, pero que sean otros, 
desconocidos, ajenos, invisibles, sin nombre 
pero no nosotros. 
aceptaría, también, que nos encontráramos una tarde soleada por la calle 
y que nos viéramos a tantos metros de distancia 
que nos diera tiempo a pensar qué decir 
y que, después de un saludo rápido y torpe, 
de esos en los que los besos se dan al aire, 
nos quedáramos en silencio, nerviosos, 
sepultados en recuerdos íntimos.
“esta es mi hija”, 
“él es mi marido” 
y nos despidiéramos aún más brevemente
sin habernos contado nada 
las mejillas ardiendo, las manos sudadas, 
la boca seca, el temple al filo 
y si cuando, al girar la esquina, ella, clavada a su madre, 
te preguntara: ¿quién era, papá? 
desearía que te limitaras a sonreír y, sin darle (sin darme) importancia,
contestaras: una amiga. una buena amiga. alguien que… 
y continuaras tu paseo, tal vez más deprisa, un poco más callado 
menos atento a la plaza, a los árboles, a los ancianos 
recordando una foto, una frase mal escrita, esa tarta que al final nada. 
alguien que. 

11 comentarios:

  1. Joder Hilia...vaya manera de irme a la cama.

    ResponderEliminar
  2. Joder, eso digo yo. Pugnan las lágrimas por salir, tan nítida es la imagen creada.

    Espero que no te importe que saque de paseo el poema.

    ResponderEliminar
  3. Si este tipo de cosas se pudiesen pautar por adelantado, o decidir cómo serían, es probable que yo llevase encima un poema parecido a éste.

    ResponderEliminar
  4. Es como si el alma fuera un cometa y de vez en cuando se desgajara un pedazo que queda a la deriva en una órbita sin planeta, y que a veces pasara ante nosotros mismos y lo observáramos en silencio sintiendo el dolor de la ausencia de aquel pedazo, la punzada del recuerdo de aquel dolor.

    ResponderEliminar
  5. Me gustaria que te dieran un premio, por cuentista, por poeta, por narradora... por ESCRITORA.

    ResponderEliminar
  6. Menos mal que no tendré una hija. Aunque si eso mejor que sea una hija, sí.

    ResponderEliminar
  7. Qué bien horneas, aunque al final nada de esa tarta.

    ResponderEliminar
  8. Joder, que me has roto, que las lágrimas escuecen. Las letras me han hecho volver a la imagen perfecta de mi mente. Me cago en todo, me has hecho revivir de nuevo. Gracias.

    ResponderEliminar
  9. joder, caballeros y damiselas, qué corto y escaso me suena ahora un mil gracias. y qué feliz me hacéis.

    ResponderEliminar
  10. Precioso, hasta el tuétano y el temblor, y las heridas sangrando.
    A mi no me des las gracias, te sé desde el amanecer de este templo que es tu blog.

    Un beso

    ResponderEliminar
  11. buff, y que forma de narrar, como poesía en prosa. me ha dolido como si hubiera sido yo, la que una vez más deslizase hacia atrás la mirada –no solo en el tiempo– y viese la historia vieja y los recuerdos desaparecer, con los ecos de "una buena amiga, alguien que."
    ¡fantástico!
    un beso.

    ResponderEliminar