23 marzo 2014

por orden anacrónico

lunes 26 de enero 2009 
“desaparecen dos menores mientras jugaban en un parque de la urbanización de los arces a doce kilómetros de la localidad de santa augusta de benamayo. la policía nacional busca a dos niños de siete y ocho años, que se encuentran desaparecidos desde este sábado por la tarde cuando, según ha denunciado uno de los padres de los pequeños, se extraviaron mientras jugaban en el parque de dicha urbanización. así lo han confirmado a este periódico fuentes del cuerpo nacional de policía, que sigue tras la pista de los niños y ha iniciado la correspondiente investigación para esclarecer los hechos. las mismas fuentes han explicado que fue el padre de uno de ellos quien realizó una llamada a la comisaria de santa augusta en torno a las 22.05 horas del sábado 19 de enero al ver que su hijo no había vuelto a casa después de estar jugando en el parque. posteriormente, presentó la denuncia formal en la comisaría”. 

martes 27 de enero 2009 
la hermana asunción pide un poco de silencio. los niños están alborotados y tiene que ayudarse de unos golpecitos con el borrador en la pizarra para que los alumnos vuelvan a sus sitios. el polvo que se desprende la hace toser y estornudar y algunos críos no pueden disimular la risa y alborotar aún más. no sabe si tanta agitación es por la nieve o porque ya se han enterado de la noticia. es la primera vez que se enfrenta a algo así, y aunque la directora ha sido muy precisa con las instrucciones y la información que deben dar al alumnado, ella también está nerviosa. 
-a ver, chicos, por favor, un poco de silencio.
los niños van callándose poco a poco y ella, muy brevemente, detiene la mirada en el pupitre vacío de alberto pasquier. 
-puede que… –y levanta un poco la voz por si acaso los del fondo no la escuchan bien- puede que alguno de vosotros ya sepa que el sábado… 
-¿nos va a contar lo que les ha pasado a los niños del parque, hermana? – interrumpe helena bellido y a continuación vuelve el murmullo y la inquietud entre los niños. 
-os voy a contar lo que sabemos hasta el momento, que no es mucho. 
-¿es verdad que los han matado? – pregunta álvaro arroyo. 
los niños se levantan de sus sillas y algunos se llevan las manos a la cabeza, como cuando alguno de ellos está a punto de marcar un gol, pero lo falla en el último minuto. 
-qué barbaridad.-exclama la monja- no, no es verdad. a ver, por favor, callaos de una vez. los niños han desaparecido, pero eso no quiere decir que… 
-¿y cómo sabe que no los han matado? mi padre dice que están muertos. 
la hermana asunción se queda en blanco, sin recursos. puede que el padre no esté tan desencaminado, al fin y al cabo han pasado tres días ya. 
-a ver, chicos, por favor. -dice, mucho menos convencida de lo que tendría que estar. e inmediatamente se da cuenta de que se ha olvidado de todo lo que se ha acordado en la sala de profesores hace apenas unos minutos. se alisa el uniforme con determinación, se coloca delante de la mesa, endereza la espalda y junta las manos. 
-silencio, silencio. ahora mismo vamos a rezar todos un padrenuestro –ordena. 
los niños obedecen. algunos imitan a la monja y juntan también sus pequeñas manos. otros miran al suelo. la mayoría piensa en los juegos que les esperan con la nieve a la hora del recreo. 
-padre nuestro que estás en los cielos, –recita con aplomo ella- santificado sea tu nombre… 

miércoles 28 de enero 2009 
-… -¿en serio? 
-… 
-pues reaccionaste bien, te lo aseguro. yo en tu caso hubiera perdido los nervios. 
-… 
-sí, tienes razón. no vale la pena. en fin… 
-… 
-esto iba a comentarte ahora mismo. lo leí antes de ayer y me acordé inmediatamente de ti. ¿los conocías? es terrible. de verdad. he leído que… 
-… 
-oh, no lo sabía. ¿va al mismo colegio? madre mía, qué horror. ¿y cómo está? 
-… 
-claro, claro, es que es normal, aunque bueno, entre tú y yo, yo lo que no entiendo es cómo es posible que los padres los dejaran solos en el parque. ¿en qué cabeza cabe algo así? hay que ser muy inconsciente, la verdad. 
-… 
-¿un tercer niño? ah, de eso no he leído nada. 
-… 
-en fin, yo sólo opino que vamos de mal en peor y que a saber qué les ha podido pasar a los críos, pero vamos, que si en dos días no han aparecido ni se sabe nada de ellos, me temo una tragedia. una verdadera tragedia. y con la de locos que hay ahí afuera. 
-… 
-sí, sí, perdona, que te he entretenido con esta historia. ya hablamos la semana que viene. oh, y acuérdate de decirle eso a tu hermana, a ver si le va bien. 
-… 
-adiós, adiós. un beso. 

jueves 29 de enero 2009 
leonor no se atreve a salir de casa. ha estado nevando toda la noche -y lo sabe bien porque no ha dormido ni un solo minuto- y las calles estarán cubiertas de hielo resbaladizo. hace cinco años pasó casi un mes hospitalizada por una caída en la calle arrabal. algunas veces, cuando el tiempo amenaza con tormentas, todavía siente unos pinchazos insoportables en la cadera y cojea cuando ha andado más de una hora. pero no es el mal tiempo lo que la retiene en casa. ahora mismo no se acuerda de su cadera y ni la nieve ni el hielo le dan ningún miedo. es algo distinto. una tontería. no puede pasar nada. están su hija y su marido, dormidos todavía, pero el niño no está solo y lo que sabe de sobras es que tarde o temprano tendrá que separarse de él. han pasado cuatro días. tendrá que volver al colegio, hacer vida normal, incluso salir a jugar al parque. no puede encerrarlo para siempre. ni encerrarse ella con él. por eso va a salir, temprano, y va a volver con algunos detalles para todos, nada importante, sólo detalles, un pavo para poner al horno, un poco de jamón del caro. y flores, también flores. 

-¿qué es todo esto? – pregunta el marido al verla llegar, dos horas después, cargada de paquetes envueltos en colores brillantes y bolsas. 
-nada. compré algunas cosas para… ¿dónde está alberto? 
-¡¿algunas cosas?! 
-¿y alberto? 
-jugando con su hermana. en su habitación – aclara antes de que ella pregunte de nuevo 
-¿a qué viene esto, leonor? 
ella no responde y se dirige a la cocina. su marido la sigue y se apoya en la puerta mientras ella comienza a sacar de las bolsas embutidos, quesos caros y una enorme tarta de chocolate para guardarlo todo en la nevera. 
-leonor, escucha. esto no está bien. quiero decir… todavía hay dos niños que... podría haber sido...
pero ella empieza a llorar y el marido no puede hacer más que acercarse y abrazarla por la cintura y, cuando se ha calmado un poco, ayudarla a guardar el resto de víveres, poner las flores en un jarrón, en silencio, compungidos porque no deberían celebrarlo, no está bien, no es lo correcto, no cuando todavía no se sabe nada de los dos niños desaparecidos. ninguna pista. ningún indicio. pero lo van a celebrar. esa misma noche. ellos cuatro solamente. no tienen que admitir que están de celebración ni tampoco tiene porqué saberlo nadie. 

viernes 30 de enero 2009 
“la búsqueda de los dos niños desaparecidos el pasado sábado en la urbanización de los arces ha sido suspendida hasta mañana por la mañana cuando se espera que las condiciones meteorológicas adversas que están afectando toda la zona remitan. los agentes y grupos especiales de la policía, junto con la ayuda de algunos voluntarios, han ampliado la zona de búsqueda y registro ya que hasta el momento no se ha encontrado ninguna pista que pueda esclarecer el paradero actual de los niños. el portavoz de la familia de unos de los menores ha informado que, a pesar de los días que han transcurrido, siguen con la esperanza de encontrarlos con vida y confían con que los trabajos policiales den pronto resultados satisfactorios. las informaciones que apuntaban sobre el hallazgo de una chaqueta que podría pertenecer a uno de los menores en un pozo cercano a la urbanización han sido desmentidas por el cuerpo de policía”. 

sábado 31 de enero 2009 
alberto se despierta a las diez y media de la mañana. desde que sucedió lo del parque, vive mejor: su madre no le da la vara con lo de cepillarse los dientes antes de acostarse, se puede levantar a la hora que le dé la gana, come tarta de chocolate para desayunar y puede incordiar a su hermana sin recibir ningún castigo. por no hablar de los regalos. cada vez que su eleonor sale a comprar, ni que sea el pan, le trae algún detalle. las cosas no podrían ir mejor, piensa cuando levanta la persiana y ve los copos de nieve cayendo sobre los tejados de los vecinos. rápidamente sale de su habitación y corre hacia la habitación de su hermana, sin llamar a la puerta a pesar de las peleas que han tenido por este motivo. 
-¡salgamos a jugar! la hermana lo mira por encima del libro que está leyendo. 
-ya sabes que mamá no va a dejarnos. –murmura antes de volver al libro- es culpa tuya. 
el niño, enfadado, sale disparado y baja las escaleras hasta la cocina. 
-¿ya te has despertado? – le pregunta su madre. 
-mamá, ¿podemos salir a jugar un rato? 
-tienes que desayunar. 
-¿y cuando termine? 
-ya veremos. primero a desayunar. 
alberto coge la taza con prisas y se sienta en la mesa de la cocina dispuesto a batir su propio récord con el trozo de tarta para poder salir a jugar cuanto antes, pero sin querer le da un codazo al jarrón con las flores que eleonor compró el jueves. las flores se desparraman por el suelo y el jarrón se rompe por la mitad. la madre no consigue ahogar un grito agudo y el niño se asusta y se encoje en su silla. 
-no pasa nada. no pasa nada- dice ella, pero él adivina que hoy tampoco va a pisar la calle. 

sábado 24 de enero 2009 
manuel y sergio se han quitado las chaquetas. llevan casi una hora chillando, empujándose y persiguiéndose. alberto los mira desde el otro lado del parque, un poco aburrido con su balón deshinchado. desearía acercarse y preguntarles si puede jugar con ellos, pero no se atreve y permanece sentado en el banco, un poco húmedo y frío. sólo decide acercarse cuando manuel, el más pequeño, le grita si les puede dejar la pelota, sólo un rato, apostilla. alberto asiente y se la entrega. manuel la chuta lejos y sergio corre detrás. alberto duda unos instantes, mira a sergio alejarse y a continuación emprende él también una carrera en dirección al balón. cuando alcanza a sergio lo estira del pantalón, pero él consigue deshacerse de su rival y chuta de nuevo. la pelota se pierde por el boscaje de los alrededores del parque y los tres niños emprenden una búsqueda que termina en una batalla de piratas tuertos con espadas de palos secos y tesoros de monedas con piedrecillas redondeadas. la tarde va cayendo y sólo cuando comienza a oscurecer, alberto, con más años, con más criterio, imagina lo tarde que tiene que ser y se preocupa por la bronca que le va a caer en cuanto llegue a su casa. 
-tengo que marcharme- les dice a los otros dos. 
-¿no te puedes quedar un rato más? 
-mi madre me regañará si no vuelvo a casa. 
-qué lástima. ¿pero puedes volver mañana? 
-no lo sé. 
-nosotros sí. estaremos aquí. 
alberto sonríe y se despide con prisas. no le importa que no hayan encontrado la pelota, tal vez mañana puedan buscarla de nuevo. aunque mejor jugar a los corsarios. apresura los pasos e inicia una carrera hacia su casa. qué rabia no poder quedarse con ellos, piensa, ni que fueran diez minutos más para librar la última y definitiva batalla de piratas tuertos. nota la cara helada y el estómago vacío, pero pronto vislumbra la luz del portal de su casa. 
-mamá, ¿podré ir mañana al parque? – le pregunta a eleonor nada más cerrar la puerta. 
la madre se levanta del sofá y se acerca al niño. primero lo mira para asegurarse de que está bien y no tiene ningún rasguño, luego lo zarandea y le grita: 
-no vuelvas a hacernos esto nunca más. ¿me oyes? nunca más. tu padre y yo estábamos muy preocupados por ti. ¿sabes la hora que es? 
el niño la mira con los ojos muy abiertos, sorprendido y asustado, y piensa en sus nuevos dos amigos, aún jugando en el parque, y en la suerte que tienen de tener unos padres que les dejan jugar hasta tan tarde.

3 comentarios:

  1. Uy Joyce, ese final te ha quedado muy madre.

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  2. A mí el final me deja más bien con esa sonrisa helada que deja el humor negro y macabro. De todos modos me quedo con la sobreprotección del niño que se salva que al final, parece también un secuestro. Hablan de él como el tercer desaparecido...
    Y con esa sensación de que te has aprendido muy bien el libro de estilo del periodista cuando te pones en plan noticiario.

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  3. jajaja qué final... qué buena eres joiaaaaa.

    Besos

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