22 diciembre 2013

tengo la cabeza llena de intenciones 
que se pisan, se atropellan, 
se arremolinan como el caballo a las puertas de troya 
deseosas de salir, ser las primeras, relucientes, nuevecitas 
y ser trasladadas a un papel que permanece en blanco 
desde hace tantos días que perdí la cuenta 
y me reta y se burla y me cuestiona, triunfante, 

¿y si ya lo has contado todo? 

has sido gorda, enferma, un pasajero en el metro, 
la carta póstuma de una hija a su madre 
un marido invisible, inservible 
la cantante mal hablada de un barquito que se hunde 
el atropello aleatorio de una infeliz sin papeles 
el hermano malogrado 
el humo de un recuerdo suicida 
un poema dedicado 
otro cuento que sobrevive una semana 
resultón, pasable, demasiado largo 
no entiendo estos finales, opina mi padre 
por qué en minúsculas. 
¿y si ya lo hubiera contado todo? 
me pregunto delante de otro folio tachado 
esperando que no haya respuesta más clara que una palabra 
pegada a otra 
una frase tan larga que me convenza 
sí, eso quería decir, aunque no así, no de esta forma 
en realidad, era todo lo contrario, pero sí, era así. 
y más inquieta que aplicada, me levante de esta 
silla rota en la que nunca, nunca encuentro la postura 
y dude y relea y me distraiga con un parpadeo, un orgasmo, 
la llamada de un número equivocado 
la violenta bofetada de una idea inesperada y tan obvia 
que deba volver a sentarme en esta silla rota 
de espaldas a la ventana, enfrente de un nuevo hueco 
arreglar el inicio, cambiar el nudo, reescribir el final. 
¿y si ya…? 
las incertidumbres más bonitas se vomitan delante del papel, aunque otro, mucho más sabio, dijo que nunca se está lo suficientemente solo para escribir.

6 comentarios:

  1. Pues bendita silla rota. Reconozco todo lo que has sido porque lo recuerdo. Qué banquete de guiños autoreferenciales. Aunque subyace el mismo temor que tengo yo a veces, el de haberme agotado como las bombillas con obsolescencia programada. Se cura haciendo algo nuevo. Aunque nunca sea nuevo del todo pero viejo tampoco, solo escarbar en lo nuestro. Y tu imaginación es especialmente fértil y variada, la verdad.

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  2. Nunca terminaremos de contarlo todo, ni de todas las formas posibles. Por suerte. Las letras, al igual que los números, son infinitos.

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  3. La duda es sana, pero estoy de acuerdo con Cobacho, no podrás contarlo todo. Temer a la incertidumbre como el que se inquieta ante lo que encontrará cuando gire la próxima esquina... sí, así es. En el papel se pueden vomitar muchas cosas. Pero buenas o malas, son eso: nuestras. El día a día del mundo ya nos vomita encima una realidad sentida como ajena.

    Un abrazo hilia. Felices fiestas, que se suele decir.

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  4. Ok, una silla rota e incómoda, tomo nota, romperé una a propósito. Hasta ahora siempre leía este blog en un sillón de orejas, pero es evidente que así nunca captaré del todo el espíritu de los textos. No se te ocurra abandonar ahora y dejarme con una silla rota y cara de gilipollas, que yo apenas llevo un año leyéndote. A la cantante mal hablada no la recuerdo, debí leerlo tumbado en el sofá, la buscaré.

    Por lo demás, no te preocupes, los padres nunca entienden los finales, y generalmente tampoco los principios. Mejor así.

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  5. Un comentario tuyo me ha traido hasta aqui, y lo primero que leo me encanta. No creo que lo hayas contao todo, nadie lo hace, pero egoistamente no me preocupo, tengo mucho que leer...con tu permiso..

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  6. Un beso grande carinyo meu, a partir del 2 podré pasear, leer, vivir, ahora es todo agobio, aún sin poder descansar, terrible, me sale la comida por los ojos, y eso que no he probado casi el turrón, no me gusta demasiado lo muy dulce, pero tú si, que eres de caramelo.

    Bon any, feliz año preciosa.

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