22 octubre 2013

caso clínico: vida sana

antes que nada aclarar que no seré yo quien desmonte todas esas teorías sobre lo beneficioso que es llevar una vida sana. estoy convencida de que si se han dedicado tantos años, y tantos estudios, a este asunto y todos los expertos coinciden, entre otras cosas, en la importancia de los dos litros de agua, por algo será. lo que pasa es que yo ya no sé si tantos sacrificios, constancia, autocontrol y autoflagelación, merecen la pena. porque sí, vale, vivir más años, sano, está muy bien pero si el camino para conseguirlo está lleno de piedras y de productos light, pues ya no sé qué decirles. 

comer sano, la sin-sal de la vida: 


el primer día que escuché la frase “la naturaleza es sabia” no pude evitar pensar, en primer lugar, en un parto natural de doce horas. inmediatamente después, quise borrar esta imagen y mi cerebro buscó algo más bucólico que corroborase la frase y me vino a la cabeza un plato de acelgas hervidas. y bueno, allí ya desistí y me dije “sabia, ¿de qué?”. que sí, que nada mejor que una manzana para saciar el hambre entre horas y que lo que no consiga una taza de té verde al día para el hígado tampoco lo conseguirá un traguito de vodka, pero de verdad: ¿hay algún héroe en la sala que dos minutos después de haberse comido una manzana no sienta la imperiosa necesidad de saquear la nevera para paliar en serio, definitivamente, de verdad, el hambre voraz? aunque bueno, en realidad la culpa es de los humanos, que nos pasamos el día inventando productos que más bien parecerían creados por el mismísimo diablo: que si patatas fritas, que si donuts, que si mazapanes, que si bebidas con gas que contienen tantísimo azúcar que no me atrevo ni a decirlo (seis cucharaditas bien ricas para ser exactos). y luego, con toda esta variedad de tentaciones y colesterol bien expuestas en las estanterías de los supermercados, los expertos pretenden que elijamos la opción sana (y cara) porque claro, somos animales racionales. y obesos. 

¿qué cura más, el tiempo o dos litros de agua? 


sin duda alguna, el agua. cualquier estudio médico que llegue a sus manos, cualquier foro que consulte, cualquier vecina, madre, conocido que entienda o no del tema, estará de acuerdo en que beber agua es la solución a todos los problemas: dolor de riñones: agua. retención de líquidos: agua. infección de orina: agua. ruptura sentimental: agua. bloqueo creativo: agua. de verdad, todo se quita con agua. 
sin ir más lejos, yo misma he comenzado con esto de los dos litros diarios y debo asegurar que desde el minuto uno noté los cambios. para empezar tengo la tripa abultada y pesada a todas horas, lo cual es algo fenomenal porque en el metro me ceden siempre el asiento y todos me miran con tanta dulzura que me veo incapaz de desmontarles la ilusión y confesarles que es agua. 
por otro lado, he mejorado mi propio record a la hora de precipitarme hacia el baño y desabrocharme los pantalones. algo que hago ya casi telepáticamente. ahora mismo, para que no decrezca mi productividad en el trabajo y en casa viva un poco más sosegada, estoy considerando mudarme al baño. sería cuestión de coger lo imprescindible (portátil, teléfono, libros, un poco de comida, un colchón inflable, una cafetera y un jarroncito con flores para darle un toque más de hogar) y adaptarse al nuevo espacio. teniendo en cuenta que podría realquilar mi antigua habitación, ahora libre, y sacarme un dinerillo extra mientras mi vejiga y mi salud soporta estoicamente otro vasito de agua bien rico. 
sin embargo, al no haber llegado todavía a esta alternativa, lo que sí he desarrollado es un maravilloso sexto sentido para localizar en cuestión de segundos el baño de cualquier cine, restaurante, bar, museo, centro comercial, gimnasio o lo que sea de dónde me halle. y bueno, tal vez esto no me haga mejor persona, ni se considere suficientemente importante como para poner en un c.v, pero sí que agudiza el sentido de supervivencia y nunca se sabe para cuándo una tercera guerra mundial. 

mens sana y el resto que sea lo que dios quiera: 


una vez asimilada la dieta y el agua, el tercer paso es el archiconocido deporte. los hay realmente valientes, y con una fuerza de voluntad fuera de lo común, que optan por ir a correr o a andar o lo que sea, por su propio pie, sin necesidad de haber pagado previamente por una clase. olvidémonos de esta especie en vías de extinción. los demás, los mortales, un poco más débiles, optamos por ir a un gimnasio, donde el mero hecho de tener que pagar una cuota, nos arrastra del sofá a las máquinas de pesas con una inverosímil (y poco sana) motivación. y es que en realidad éstas son las razones por las que uno se apunta a un gimnasio, no busquen más: 
1. como acción meramente filantrópica: pisaron un solo día el gimnasio y luego decidieron seguir pagando las mensualidades como si eso contabilizara como ejercicio. buen intento, pero no. 
2. ligar: qué les voy a contar que no sepan ustedes ya. 
3. falta de voluntad: o las consecuencias de tener que recurrir algo malo (pagar) para hacer algo peor (ejercicio). 

la cosa es que cuando uno se ha acostumbrado al gentío, a las colas en las duchas, al sudor ajeno, al “¿quieres que te ayude con esta pesa, nena?”, y sobre todo, al dolor en forma de agujetas, moratones, esguinces y fracturas, hacer deporte no está tan mal y se sale del gimnasio con el nivel de endorfinas tan por las nubes que se diría que incluso ha valido la pena el esfuerzo. una lástima que las dos cañitas y el par de tapas de después se rían muy fuerte de este esfuerzo. 

malos hábitos: 


es que claro, todos tenemos un pasado y aunque hayamos decidido pasar página, siempre nos quedará ese paquete de cigarrillos escondido en el segundo cajón a la derecha, justo debajo de la cajita de madera donde guardamos la marihuana, por si acaso. no se lo pongan aún más difícil a ustedes mismos. ya bastante tenemos con lidiar con los estantes del supermercado como para, además, tener al enemigo en los lugares más recónditos (que tampoco son tan recónditos porque los recordamos perfectamente) de casa. 
de ser de los que empezaron con todo eso de vida sana y “olvidaron” el paquete o la cajita, hay dos soluciones: 
1. cerrar los ojos, abrir el cajón, extraer la tentación a la que sucumbiremos tarde o temprano manteniendo los ojos bien cerrados, dirigirse a la cocina, tropezar con una silla, soltar un taco, abrir la basura, tirar tentación, sollozar un poco y recomponerse. 
2. abrir el cajón con los ojos abiertos, hacer un cálculo rápido con el número de cigarrillos y los gramos de hierba que quedan, bajar a por papel (siempre falta papel), liarse los porros correspondientes, fumarlos uno detrás de otro, esperar a bajarse de la nube, atracar la nevera y la del vecino, decidir que se empieza, de nuevo, definitivamente, en serio, esta vez sí, el lunes. 

y por último, la clave de todo: 


esto es un poco como el pez que se muerde la cola o el qué fue primero, la el huevo o la gallina. me explico: es complicado mantener tanta constancia, entereza y paz espiritual si nuestra vida está regida por el estrés y las carreras a contrarreloj. si además del poco tiempo libre que disponemos, tenemos que dedicarlo a contar calorías, mear y sudar grasas, pues es lógico que nos pasemos al bando contario. 
organización, simplificación y priorización, querido lector, ni más ni menos, ahí está la clave. a mí, por ejemplo, lo que me vino muy bien para aprender a simplificar fue comprarme un sofá, tres plazas, bien mullido y dos cojines floreados. un poco después, cuando comenzó a refrescar, adquirí una manta de lana y desde entonces soy la reina de las priorizaciones. es sólo una idea por si les puede funcionar a ustedes, claro. hay muchas otras alternativas, como tirar el teléfono, fingir enfermedades altamente contagiosas, hacerse el muerto en casos puntuales y la más arriesgada de todas: hablar con su jefe, exponerle sus teorías sobre la vida sana y esperar una buena reacción que podría ser a/ subida de sueldo por sus buenas intenciones (y ya con más dinerito, la falta de tiempo pasa a segundo plano y el estrés se sobrelleva mejor) o b/despido y por lo tanto pasa usted a tener todo el tiempo del mundo para concentrarse en exclusiva en la práctica de los buenos hábitos. 

de verdad que no era mi intención amargarles el día. sé que tal y como están las cosas en el mundo ya sólo nos faltaba estar pendientes de nuestro cuerpo, de cuidarlo y mimarlo como si sólo tuviéramos uno o algo así, pero es que hace ya un tiempo que nos leemos y les he cogido aprecio y no querría que nada malo les ocurriera. así que ahora, en disposición de toda la información que han leído, miren ese pastelito de crema que compraron por error creyendo que eran madalenas integrales. mírenlo bien, obsérvenlo detenidamente y fíjense en la cantidad de colorantes, edulcorantes, grasas saturadas, aditivos y e-330 que aporta. piénsenlo bien y pregúntense con sinceridad: ¿me lo como ahora o después de la docena de croquetas? 

5 comentarios:

  1. Ja,ja después de las croquetas, por supuesto, de postre. yo sólo sé que tenemos un laboratorio en las papilas gustativas. Cuando necesitamos energía necesitamos algo dulce, cuando compensar sales minerales y demás, salado. Cuando necesitamos que nos engañen, edulcorantes que hagan pasar un producto sintético de bolsa por algo delicioso. Pero no olvido que me expongo cada día al asesinato de los motores Diesel en los pulmones y en la sangre, los productos de peluquería, los de limpieza y hasta las subidas de tensión por... bueno, tú lo explicas mejor con lo del trabajo. También sé que las manzanas son el alimento menos sabroso que ha pasado por mi boca y me hacen correr como a Drácula de la cruz. No me suelo maltratar demasiado. Comiendo poco y variado y listos. Lo importante es no quedarte sólo muchas horas frente a un televisor, eso asesina la voluntad dietética. Y en cuanto a la diurética no creo que sea sano ahogarse en agua voluntariamente. Tiene que haber otros modos. En fin, ya sé que ibas de cachondeo pero es que al final también dejas la reflexión. Saludos.

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    1. Un beso Sergio, por si vuelves, me encantan tus comentarios, pero es que Hilia lo pone tan fácil...
      Es única.

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  2. Madre mía lo que me he reído... mira eres pa comerte, yo ya no sé que decirte, solo que el primer comentario que he tenido, después de tantos días, ha sido el tuyo, y sabes, emoción Hilia, sensaciones inexplicables. Gracias bonita. Y mira, en cuanto al tema de tu post, yo no soy de mucho picoteo y éso, pero bueno, me gustan las cosas ricas, como el micuit o unas croquetas de ibérico y todas esas maravillas, y no me privo, pero tengo la suerte de que me encanta la verdura y las cosas sin mucha grasa, ahora... el tema del agua es PA MEARSE, nunca mejor dichoooo jajajajaja, horror, yo, de verdad, más que agua, bebo todo el día Té, pero como lo beben los ingleses, muy suave, nada cargado, y es diurético total, y me ha encantado la idea que has tenido de plantar cuartel en el lavabo JAJAJAJA, qué buenos ratos me haces pasar Hilia, ahora en un kit-kat en el trabajo, te estoy escribiendo. Bueno saludo a Sergio, que ya es como de la familia, y te mando el beso más gordo y grande que pienso dar hoy en todo el día.

    Y un abrazo

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  3. El asunto del agua tiene su miga, jajajjaa...llevo muchos años bebiendo casi compulsivamente ese líquido elemento ( hoy no toca hablar de la cerveza ), sobre todo por las mañanas; tanta bebo que a menudo me baja la temperatura corporal, cosa que, teniendo en cuenta el sitio en donde vivo pues ayuda realmente poco. En mi caso el hecho de beber tanta agua tiene su por qué, tema que no voy a recrear aquí y ahora, pero nada tiene que ver con hábitos de vida sana. Eso sí, hago deporte, que conste que con mucho sacrificio, simplemente porque mis neuronas me lo piden para mantener una adecuada y cordial relación conmigo, y un trato es un trato...

    Me has dibujado alguna que otra sonrisa, solo por eso ya ha merecido la pena llegar hoy hasta aquí.. :)

    Besito.

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  4. Un sofá de tres plazas está bien.

    Un sofá-cama es una declaración de matrimonio sin hijos a largo plazo para todas las tardes de domingo en invierno.

    Como ejercicio escribo y sudo tinta.

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