04 abril 2013

caso clínico: las bodas

no quisiera alarmarles, pero me veo en la obligación de recordarles que pronto empezará la temporada de bodas, bautizos y comuniones. y, alergias aparte, me atrevería a asegurar que es lo único malo de la primavera. en realidad debo confesar que pudiendo elegir entre los tres eventos, me quedo con las bodas: en las comuniones el niño está en esa edad insoportable en la que sólo sabe pedir y quejarse y preguntar y llamar la atención y en los bautizos el bebé no deja de berrear y cagarse encima, así que indiscutiblemente, mucho mejor las bodas donde la mayoría son ya grandecitos, responsables y tienen sentido común. y para eso se casan. 
he aquí los aspectos que siempre me han parecido más fascinantes, y quien dice fascinantes dice esto-tiene-que-ser-una-broma, para organizar semejante sarao: 

- el vestido de la novia. sin lugar a dudas es el secreto mayor guardado de todo el evento, lo cual no termino de entender porque, salvo contadas excepciones, todos sabemos que son blancos y largos. digamos que hay tres tipos de vestidos: 
1. merengue. es lo que parece la novia, embutida en capas y capas y capas de tela. las ventajas de este tipo de traje es que la novia está muy vistosa y es muy poco probable que alguna invitada consiga robarle protagonismo. el mayor inconveniente es que se acerque demasiado a la tarta nupcial y en un fortuito descuido el novio le corte la cabeza creyendo que era el piso superior del pastel. 
2. princesa. es un poco como el vestido merengue pero con menos capas, más cola y una diadema. la mayor ventaja es que es un vestido que se puede volver a usar en cualquier otra ocasión, quizá acortando un poco la cola, pero manteniendo siempre la diadema. el mayor inconveniente, hacer evidente a los invitados que todavía se cree en las películas disney. 
3. putón. sabemos que es un traje-putón porque durante la misa el cura tose, tartamudea y en casos extremos se niega a oficiar la celebración. claro que el listón de un cura no es demasiado indicativo de nada, teniendo en cuenta lo avanzados que están a los tiempos modernos. ventaja: es un vestido ideal para recordarle al futuro marido el final de una época dorada. inconveniente: es un vestido nefasto para recordarle a la novia que un día logró meterse en él sin romper las costuras. 

- demás disfraces. el mayor quebradero de cabeza para los invitados a una boda es seguramente escoger modelito. existe todo un protocolo a seguir según la boda, sea de mañana o de noche, pero afortunadamente pocos conocen este particular protocolo y ahí, apreciados lectores, es donde uno puede apreciar realmente la valentía y coraje de las personas invitadas. en realidad, en una boda casi todo es válido y cuánto más recargado, llamativo e incómodo, mejor. las pamelas deben ser desproporcionadas, los colores de los vestidos y trajes escogidos siempre al azar, los tacones deben de doler solo con mirarlos y los peinados contener, como mínimo, seis postizos, sesenta horquillas atravesando el cerebro y de tres a cuatro horas de trabajo para deshacerlo. 

- el álbum de fotos. qué sería de una boda sin la sesión de fotos de los novios, en el parque, dando de comer a los cisnes, cruzando un puente como metáfora de lo que les viene encima, apoyados en el tronco de un sauce llorón, él arrodillado, ella deshojando una flor, él haciendo el pino, ella sujetándose el escote que empieza a ceder y un sinfín de originales variaciones más. afortunadamente, este obligatorio trámite incluye sólo a los novios y al fotógrafo. el resto puede empezar con las croquetas y los canapés y esperar a que los novios les acribillen, unas semanas después, con los siempre sorprendentes resultados de la sesión. 

- el banquete. cualquier menú de boda que se precie consta de un mínimo de veinte platos y un sorbete de limón. a mí lo del sorbete siempre me ha hecho mucha gracia. “es que es para bajar”, es el justificante más común para meterlo entre chuletón y merluza y la verdad es que durante muchos años así lo creí. desconozco a quien se le ocurrió semejante idea y ni mucho menos quien dio como válida semejante excusa, pero déjenme que les diga que lo mejor “para hacer bajar” es, o bien dejar de comer, o bien ir al baño a devolver o bien correr una maratón. todos los demás trucos, incluido el popular sorbete, son sólo leyendas urbanas. 

- los discursos. es sin duda alguna el momento más emotivo del día y si no se ha llorado durante la ceremonia en la iglesia, este es el momento ideal para hacerlo. como con el traje de la novia, los discursos no se caracterizan por su originalidad y el mensaje es siempre el mismo: el novio es el mejor amigo/hermano/hijo y se pierde a una hija pero se gana un yerno que con el tiempo se descubrirá que tampoco era tan especial como dijo su mejor amigo durante el banquete. si alguna vez les piden hacer el discurso, permítanme un consejo: ya que no hace falta ser especialmente insólito, sean al menos breves. los invitados más jóvenes están pensando en los cubatas de la barra libre y los más mayores en irse a casa y poder quitarse por fin los zapatos que llevan rozándoles la piel todo el día. puede que su concisión sea el mejor recuerdo que tengan de ese día tan especial. 

- el baile y su correspondiente coma etílico. con el baile final llega la barra libre y con la barre libre todo lo que faltaba por llegar. digamos que después de un día de nervios y tensión para que todo salga bien, llega por fin el momento de relajarse y disfrutar de verdad. es el momento, por ejemplo, de dar lo mejor de uno mismo con esos temas musicales que nos avergonzarían sin las dos copas que sujetamos en cada mano. el momento de coger los centros de mesa sin disimulo alguno. el momento en que la novia le confiesa a su ya marido que está embarazada. el momento en que el novio debe olvidarse de la luna de miel que había imaginado. el momento en que los padres reciben la factura del restaurante y dejan de comer durante un par de meses. el momento en el que los servicios quedan colapsados de vómitos y orina. y para los más sabios, el momento de susurrar eso de "vivan los novios" mientras desaparecen con alguna dama/caballero de honor. 

3 comentarios:

  1. Como asistente siempre llego voluntariamente tarde a lo de la iglesia(si toca) y me regocijo en el banquete. Por lo demás intento no mirar la cara del novio que parece estar casi siempre en la antesala del infierno o esperando una tortura con sierra eléctrica. Especialmente horrible lo del álbum de fotos, leyendo tu descripción acertada me ha recorrido un escalofrío por la espalda.
    De todas formas me permito reír con esto porque con Morrissey canto aquello del "I,ll never get married".

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  2. jajaja me hace reír tu texto de hoy Hilia, porque me hace recordar el horror del año pasado, tuve tres bodas, sí, pero de aquellas de "no me puedo escapar ni queriendoooo". Las tres fuera, una en el extranjero, hoteles, desplazamientos, regalos, los modelitos... en fin, una ruina, que se me estaba empezando a olvidar, hasta que TUUUUUUUUUUUUUUUUU me la acabas de hacer presente, de nuevo.

    Besos wapa

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