24 julio 2012

garabatos

es normal que no te caiga bien todo el mundo. quiero decir, que no puedes pretender llevarte bien con todos. con algunas personas sientes que tienes más afinidad que con otras. es algo habitual. no es nada raro, ni tampoco quiere decir que seas poco social o un individualista. creo que esto es lo que me pasa con ella. aunque no, tampoco es exactamente esto. con ella la cosa es más grave, porque no es que no tengamos ningún interés en común, ni que no coincidamos con los gustos. es que no la soporto. no puedo. es ilógico e irracional, pero así es. lo peor de todo es que no tengo motivos concretos para detestarla de este modo. nunca me ha hecho nada, más bien ha sido todo lo contrario, pero tendríais que verla, caminando por la calle, sujetando el cigarrillo con la mano derecha y jugueteando con sus rizos castaños con la izquierda. con esa actitud de superioridad, de mujer que se sabe guapa y por lo tanto está por encima del resto de humanos. con ese vestido floreado, demasiado corto y demasiado ajustado. sabiendo de sobras que no pasa desapercibida. que los hombres la miran de reojo y las mujeres con desapruebo. aunque, claro, a ella le da igual. lo importante es llamar la atención, que todo el mundo sepa que existe. contoneando sus caderas anchas y asegurándose de que sus tacones anuncian su llegada donde quiera que vaya. aunque soy yo quien hace que la observen de esta forma. yo quien hace que vista así, yo quien le calza esos tacones de vértigo, y yo también quien la observa con atención mientras busca dentro del bolso cuando suena su móvil.
es un hombre. tiene que ser un hombre porque ella sonríe al reconocer el número parpadeante en la pantalla. tarda en contestar y cuando lo hace contemplo sus labios moviéndose rápidamente. escucho su voz por primera vez. sí, hasta ahora no la había escuchado. tampoco hace tanto tiempo que nos conocemos. sería absurdo que me gustara su voz. a estas alturas, sabiendo que nada de ella me agrada, le corresponde una voz chillona y estridente, de esas que resuenan en el interior de la cabeza aunque se haya callado hace rato. habla deprisa, atropellando las palabras unas con otras, sin apenas respirar y me pregunto cómo puede su interlocutor comprender algo de lo que dice. su voz estorba, va en aumento, gesticula y mueve las manos como si el otro pudiera verla. y ahora también se ríe con una risa falsa, forzada, que denota un nerviosismo mal disimulado. y al hacerlo echa su cabeza hacia atrás, exhibiendo un cuello largo, estirado y maquillado en exceso. después de unos minutos de conversación vanal, le pregunta cuándo se verán. espera unos instantes a que él, secamente, responda “pronto”. él es un tipo arrogante y chulo, pero ella todavía no ha querido darse cuenta e insiste. le gustan sus atenciones exageradas y sus encuentros en el apartamento de él, un ático en la parte alta, con cinco habitaciones, dos baños, una ecuatoriana que se encarga de la casa y le llama “señor” y unas vistas impresionantes de la ciudad. ella suelta otra carcajada, exaltada, y pregunta de nuevo: “¿cuándo es pronto?”, esta vez, menos amable y más inquieta.
también es culpa mía que se conocieran en ese bar. fui yo quien les presenté. quien hice que él la viera sentada en la barra, sola, con otro vestido igual de corto, y preguntara si podía invitarla a una copa. ella se resistió poco. no tienes ninguna personalidad, muchacha. cualquier persona inteligente se hubiera dado cuenta de que ese hombre sólo podría traerte problemas, pero ella se dejó impresionar; su traje, sus modales, sus manos, sus halagos. mira cómo tienes que verte ahora: pendiente del móvil, de sus llamadas intermitentes y de sus contestaciones ambiguas que ya no te hacen gracia. de esos celos malsanos que hacen que sospeches de todas y te despiertes a media noche y le llames y salte el contestador. de esas broncas que él nunca ha soportado y de esos jarrones rotos que la señora ecuatoriana reemplaza al día siguiente. supongo que podría hacerle cambiar. sí, yo podría hacerle cambiar. podría sentarle en otro bar, cualquiera otra noche de estas. él se pediría un whisky con hielo y me escucharía sin rechistar, obediente a mis consejos. podría decirle que la muchacha vale la pena, que a veces es un poco impulsiva y que aunque a mí no me guste, quizá podrían funcionar. o bien que la deje en paz, que no la atormente más si es que no está convencido. no sé... tal vez sí debería hablar con él, pero ella nunca me gustó. no veo por qué debería intervenir. él contesta que pronto es pronto, que no le atosigue y que la llamará. ella quiere decir algo, pero él cuelga antes y furiosa, lanza su móvil contra el suelo, maldiciendo su nombre, su familia y el día en el que nació al borde del llanto histérico. siempre es él quien decide, quien determina, quien controla. se veía tanto a venir. cómo se puede ser tan crédula. enciende otro cigarrilo y se agacha a coger las piezas que han saltado y permanecen esparcidas por la acera. un señor mayor se acerca a ayudarla, pero ella está demasiado ofuscada como para darse cuenta y agradecerle el gesto. él se aleja y ella se cerciora de que el móvil sigue funcionando y que podrá volver a llamarle en media hora. necesita una copa, a pesar de ser temprano todavía. a las cinco de la tarde los bares están vacíos y cuando el camarero la ve entrar, con su vestido corto, sus mejillas encendidas y su rímel corrido no puede evitar detener la vista en sus piernas bien torneadas y su escote generoso. él saluda y ella pide un vodka. “no se puede fumar aquí dentro”, dice él. ella escupe el cigarrillo, lo aplasta con la punta de su zapato rojo y busca una mesa apartada. se sienta delante de mí y me mira, esperando una respuesta.
¿qué hacemos ahora? las dos sabemos que este vaso no solucionará nada. quizá sea un buen remedio temporal, un antídoto pasajero, pero en un par de horas, mañana tal vez, sentirá la misma necesidad de verle y terminará por llamar de madrugada y preguntar cuándo. tiene los ojos acuosos y la mirada ausente. toma el primer sorbo y espera. tomo otro sorbo de un café que se ha enfriado y espero. esperamos las dos. el camarero, al fondo, se entretiene sacando brillo a las copas y silbando una melodía inventada. podría hacer que él llamase. podría hacer que esta noche, o en un par de días a mucho tardar, se reconciliaran y ella se comprara vestidos más cortos y tacones más altos para complacerle.
o también podría pagar mi café, arrugar el folio, tirarlo a la basura, salir a la calle y hacer que ella desaparezca junto a otras tantas que existieron sólo como meros garabatos. 

17 julio 2012

caso clínico: revistas catalogadas como femeninas

si no recuerdo mal, el primer contacto que tuve con una revista catalogada como femenina fue a los catorce o quince años. sí, siempre llevé unos años de retraso en todo en general. me la compró mi madre un sábado por la mañana y si me acuerdo tan bien es que porque el episodio acabó en rabieta, disgusto y berrinche. la revista era la mítica superpop y en esa tirada en concreto, aparte de desvelar secretos inconfesables de adolescentes que terminarían enganchados al crack años más tarde, regalaban una foto de cuerpo entero en cartoncillo de uno de mis ídolos de infancia que por cuestiones de decoro y respetabilidad no voy a revelar aquí. la cuestión es que mi madre, desconocedora de mi amor ciego y no ciego por ese mozo, se empeñó en comprar la revista creyendo que me haría ilusión, pero yo, como buena adolescente avergonzada de todo y de todos, sólo pensaba en que debería cruzar la ciudad hasta llegar a casa, con el cuerpo de cartoncillo en tamaño natural entre mis brazos y así hacer evidente aL mundo entero que sí, que efectivamente, por las noches me tocaba pensando en ese muchacho, ídolo de multitudes, causante de desmayos, fantasías, ensoñaciones y lágrimas, muchas lágrimas.
afortunadamente ya no vivo en esa ciudad y puedo caminar con la cabeza bien alta, sin pasado oscuro que ocultar. sin embargo esa traumática experiencia, que terminó con una bronca monumental por parte de mi madre por ser tan cateta, sólo podía ser una premonición de lo que a partir de entonces sería mi relación con las revistas catalogadas como femeninas: una mezcla de bochorno y tocamientos a partes iguales. 
en realidad, y ahora en serio, una puede aprender mucho de las revistas catalogadas como femeninas. no diré que todo lo que sé sea gracias a dichas revistas, pero sí puedo afirmar que ojalá muchas clases de matemáticas, de esas que se hacían justo antes del recreo, hubieran sido substituidas por un siempre bienvenido artículo sobre cómo pedirle a tu jefe un aumento de sueldo sin tener que bajarte antes las bragas. así que sin más preámbulos, esto es, a grandes rasgos, lo que aprendí de las revistas catalogadas como femeninas:
aceptación: aceptarse a uno mismo es la base de la felicidad. y esto es así. no, no empiecen a poner caras raras, ni a cuestionarme, ni a sospechar que he vuelto a recaer en el turbio mundo del lsd. si una ha nacido enana, coja, peluda y con un problema de sudoración excesiva debe ser agradecida y aceptarse tal y como es, porque el físico, apreciadas lectoras, es lo de menos. la belleza está en el interior. sí, ahí donde nadie puede verla y nadie se molestará en ir a buscar. por ese mismo motivo, en las revistas catalogadas como femeninas suelen servirse de muchachas de belleza exterior arrebatadora que además no hacen nada para cuidarse. ¿lo ve? lo que yo decía. ellas ya han aprendido a aceptarse tal y como son y, bueno, no quisiera parecer una marisabidilla, pero diría que parecen bien felices. así que imite su bendito ejemplo: relájese, vaya a la cocina sin miedo y cómase este bocadillo de mortadela que lleva toda la tarde torturándola. y si todavía tiene alguna duda no se preocupe porque las revistas catalogadas como femeninas siempre tienen algún que otro artículo para llegar a ser mejor persona. 

cómo ser mejor persona. son muchísimos los enfoques que las revistas catalogadas como femeninas ofrecen para que usted, querida lectora, se desarrolle como ser humano. combatir la celulitis, conseguir el multi orgasmo, ser la perfecta anfitriona en la cena de navidad o las ventajas de una buena exfoliación son sólo algunos de ellos. hay millones, para que engañarnos, pero no se abrume, basta con empezar con los básicos, que, a pesar de la disparidad de opiniones entre los profesionales, yo me aventuraría a enumerar en: desmaquillarse antes de ir a dormir, tener siempre un little black dress en el armario para ese cocktail en el yate de un magnate del petróleo al que la pueden invitar en el momento más inesperado y tener un vecino que esté bueno para sucumbir a la tentación y contarlo después a las amigas y tener dilemas morales. a partir de ahí, el resto va rodado. 

ciclos. como bien dice una sabia amiga mía, la vida son ciclos y las revistas catalogadas como femeninas no podían ser menos: 
enero – especial dieta post-navidad. 
febrero – especial tendencias. 
marzo – especial sexo. 
abril – especial dieta II. 
mayo – especial vacaciones. 
junio – especial bótox. 
julio – el becario se hace cargo de la revista. que escriba lo que le dé la real gana.
agosto – el becario se hace cargo de la revista II, o lo que es lo mismo, sudokus y crucigramas.
setiembre – especial depresión post vacacional. 
octubre – especial cómo pedir un aumento de sueldo. 
noviembre – especial bótox II con un poco de especial sexo II y ya puestos, especial dieta III. 
diciembre – especial previsión zodiacal para las más crédulas. 
y vuelta a empezar porque total, tampoco les pagan para recibir un jodido premio nobel en literatura.

sexo. ¡sí!, ¡por fin hablamos de sexo! y además hay consenso porque todas las revistas catalogadas como femeninas coinciden con que la mujer debe ser muy puta y muy santa al mismo tiempo, lo cual es perfecto si una tiene brotes bipolares. y si no es así, pues tampoco pasa nada porque para eso están dichas revistas, con sus truquitos y sus diez cómodos pasos y sus buenos consejos y sus fotitos a todo color. ante todo se valora mucho la sinceridad en la cama (o encima de la lavadora o donde surja). engañar está muy feo y sólo conlleva malos entendidos, aparatosos cuernos y divorcios poco rentables. así que si su pareja es tirando a torpe y no logra tocar las teclas adecuadas, finja, aguántese, piense en la tableta de chocolate que aguarda en la nevera. y sobre todo, cuando termine dígale que ha sido el mejor polvo de su vida. las mujeres que vengan después es posible que la maldigan, pero eso, querida amiga, ya no será su problema. también es importante ser fantasiosa, arriesgada, aventurera y descarada. de nuevo las revistas catalogadas como femeninas les colmarán de ejemplos para que lo sea, peroooo recuerde que si demuestra demasiada destreza después vendrán las preguntas-trampa como: ¿dónde aprendiste esto?, ¿con cuántos lo has hecho?, ¿yo lo hago mejor? y la mejor de todas: ¿me preparas un café? así que bueno, sea equilibrada, ¿de acuerdo?, ni mucho ni poco, franca y putón, madre de sus hijos y cabaretera francesa, vecina modélica y conejita de playboy, empleada sumisa y dominatrix de noche. 

la mujer en el trabajo. toda revista catalogada como femenina que se precie debe dedicar unas páginas cada cierto tiempo a hablar del estado de la mujer en del mundo laboral. con ello la revista catalogada como femenina deja claro que su target no es únicamente la mujer-florero, sino que también abarca para la mujer-florero-trabajadora. los contenidos estrella son, sin lugar a dudas, cómo pedir un aumento de sueldo y cómo llegar a ser una buena jefa en un mundo dominado por los hombres. tanto para un tema como para el otro, y según las fotos que acompañan los artículos (y porque una imagen vale más que mil palabras), es esencial ser rubia y llevar tacones. si no tiene usted ni una cosa ni la otra, y no quisiera desanimar a nadie pero es que me temo que es así, quizá debería replantearse volver a lo de mujer-florero, que eh, tampoco está nada mal y tiene sus ventajas. aunque si es usted rubia y además sabe llevar tacones, ah, amiga lectora, en ese caso tiene la partida ganada, el aumento de sueldo asegurado y los subordinados haciendo cola para traerle el café por la mañana y ya luego criticarla por la espalda como todo mortal. lectoras morenas: con lo de dominatrix de noche creo que una también puede ganarse muy bien la vida, pero que conste que yo no lo he probado y sólo digo lo que me han contado. 

libros, expos, operetas y tal. quizá no se lo hayan dicho nunca, pero leer libros es muy sexy, ¿saben? como también lo es asistir a exposiciones (con un bonito traje chaqueta de prada) e ir a conciertos de renombre (recuerde que el bótox tarda un par de días en recolocarse bien, planifique bien por el amor de dior). y es que en pleno siglo XXI, una debe saber (y poder) opinar de todo un poco; esos cócteles, esos brunch, esas comidas de negocios requieren conversaciones a la altura y este tipo de temas son siempre un acierto seguro, como los ferrero-roché en las fiestas de la preysler. las revistas catalogadas como femeninas le indicarán a quién leer y a quién escuchar y verá como poco a poco y sin apenas darse cuenta irá incorporando a su vocabulario diario frases tipo "coelho es el paradigma de escritor moderno en su incansable búsqueda de la fe ante los misterios y las complejidades de la condición del ser humano", o bien "la obra de hirst supone un hito en el mundo de la contemporaneidad artística occidental a través de una plasticidad destructural y una sabia superposición en los materiales utilizados", o también "la poética épico-romancera-urbana de bisbal acompañada de sus melodías harmoniosas y perfectamente acompasadas consiguen transmitir sensaciones cósmico-tántricas" y así hasta el infinito y el más allá. no deje amedrentarse si al principio no sabe muy bien lo que está diciendo. es algo común que también les ocurre a políticos, banqueros, publicistas y empresarios en general. 

y finalmente, moda. si en algo son expertas las revistas catalogadas como femeninas, a parte de los puntos mencionados anteriormente, es en mostrarnos las tendencias para las próximas temporadas. siempre adelantadas al vulgo y al predecible escaparate de zara, consiguen que nosotras, meras aficionadas, nos propongamos un año sí y otro también, disfrazarnos con los trapos que nos sugieren y nos convenzamos de que sí, ir al carrefour con peeptoes de quince centímetros, falda de tubo, camisa transparente y foulard de seda persa enrollado a la cabeza, no sólo es cómodo sino también todo un acierto. abandone los prejuicios y sea abierta de mente. diga sí a la feminidad, al estilo, al carisma, al glamour y a los dictámenes de cada temporada que no sólo le aportarán personalidad y actitud, sino también éxito en general y quizá un poco de dolor de espalda en particular. y si sospecha que a usted no le sientan tan bien los vestidos, ni los tacones, ni el tocado, ni el maquillaje como a la anoréxica que salía en la portada, no se engañe: es totalmente cierto. 

lectoras amigas, poco más me queda por añadir. espero y deseo que con este breve resumen consigan ver un poco de luz en este embrollado mundo en el que nos ha tocado vivir. recuerden que lo más importante para cualquier ser humano, aparte de que echen fútbol los domingos por la tarde, es conseguir la felicidad, y que la felicidad, esa que nos ilumina, nos guía, nos motiva y nos enaltece, se encuentra en las lustrosas páginas de vogue. o en su defecto, de elle.

15 julio 2012

En otra conversación, Diane y Mitchell hablaron de los monstruos, y Diane hizo referencia a la definición de Mitchell de la "distinción de clases entre los monstruos" que figuraba en su retrato maestro de lady Olga, la mujer barbuda, donde decía: "Los monstruos natos son la aristocracia del mundo del espectáculo de pacotilla, como las mujeres barbudas, los siameses, los idiotas, las obesas, los contrahechos, los enanos, los gigantes, los esqueletos vivientes, los hombres con cuyos cráneos pueden partirse rocas.
"Entre los monstruos hechos a sí mismos se cuentan los tatuados que consiguen trabajo en los espectáculos de pacotilla, los criminales reformados, viejas estrellas de cine y atletas jubilados, com Jack Johnson."
En sus posteriores conversaciones, Diane volvía sobre el tema de las distinciones entre monstruos, y puede suponerse que fue Mitchell quien inspiró algunos de los más célebres comentarios de Diane sobre monstruos, como: "La mayoría de la gente vive con el temor de tener una experiencia traumática. Los monstruos nacen con traumas, y pasan la prueba de la vida. Son aristócratas."
Mitchell prosigue: "Insté a Diane a que no romantizara a los monstruos. Le advertí que pueden ser tan aburridos y corrientes como la gente llamada "normal". Le conté que lo que había encontrado interesante en Olga, la mujer barbuda, era que quería ser estenógrafa y que cultivaba geranios en el alféizar de su ventana, y que el luchador de 200 kilos que entrevisté una vez, lloraba a moco tendido porque añoraba su Ucrania natal." 

Diane Arbus, P. Bosworth                                    
(foto de diane arbus)

09 julio 2012

una oportunidad

esta mañana me he topado con una oportunidad. bueno, en realidad se ha topado ella conmigo porque yo iba atareado, pensando en mis cosas y leyendo un whatsapp de un amigo que se acaba de comprar un coche y quería quedar para enseñármelo y ha sido ella quien me ha llamado. “eh, chico”, ha dicho. la primera vez no la he escuchado. como digo, estaba en la parra y no esperaba encontrarme con nadie, pero ha insistido y la segunda vez ha conseguido que me parara y me girara. me ha costado reconocerla. no era una de esas oportunidades que se reconocen a la primera. no. era más bien de esas ambiguas, que no sabes muy bien por dónde te van a salir o qué te van a pedir a cambio. en realidad he estado a punto de seguir mi camino y no complicarme la vida, pero ella parecía decidida a ocuparse de mí y de hecho, se me ha plantado delante, obstaculizando el paso y no he tenido más remedio que pararme y saludar. 
-ah, hola. ¿qué tal? 
-te he llamado dos veces. 
-¿sí? vaya, qué torpe. no te he oído, estaba aquí con un amigo hablando de coches y... en fin. ¿qué tal? 
-¿qué tal? ¿cómo que qué tal? ¿sabes quién soy yo? 
por su tono intuí que era de esas típicas oportunidades que se creen que te van a cambiar la vida, de esas que llevas toda la vida esperando desde que eras un crío, de esas con las que sueñas despierto a todas horas y por las que darías un brazo o una pierna, de esas con las que fantaseas antes de irte a dormir y luego sueñas con ella toda la noche y te despiertas ilusionado por la mañana pensando que es posible. 
-eres una oportunidad, ¿no? 
-exacto, una oportunidad. ¿les hablas así a todas? 
-no, vaya, lo siento mucho. no quería ser grosero. es que no tengo demasiado tiempo. he quedado en media hora y ya voy tarde. 
-espera, espera, espera. creo que no estás comprendiendo la magnitud de los hechos, chaval. 
iba a contestarle algo menos amable, porque si hay algo que no soporto es la mala educación, sea de quien sea, pero ella se ha avanzado antes de que pudiera abrir la boca. 
-deja que te explique algo que quizá no te hayas parado a pensar todavía: de todos los continentes, de toda la cantidad de países, de todas las ciudades, de todos los pueblos recónditos, de todos los humanos que hay en este planeta, he decidido escogerte a ti. a ti. millones pagarían lo que fuera para que ahora mismo me presentara en sus casas, en sus chabolas o en sus palacios y me convirtiera en su oportunidad, en ese giro inesperado de los acontecimientos, en ese cambio de fortuna, en ese día que marcará un antes y un después, y tú, sin embargo, pegado a tu móvil, hablando de coches, te haces el sordo y me dices que tienes prisa. perdona, pero creo que me he perdido algo. 
su tono de voz había ido en aumento y algunas personas que pasaban cerca nos miraban con curiosidad. le he pedido que bajara un poco la voz, pero ella se ha enfadado todavía más. 
-¿qué baje la voz? está claro que eres imbécil – ha sentenciado. 
me he cabreado. había sido educado. me había parado a pesar de tener el tiempo justo y estaba escuchando su exposición pacientemente, pero ese insulto me ha parecido del todo innecesario, y más teniendo en cuenta que no he sido yo quien la ha llamado. - no hace falta que me hables así, sabes. entiendo tu punto de vista, comprendo incluso tu importancia para muchos seres humanos, pero no hace falta que vayas por ahí tratando así a los demás. no es necesario. -es verdad, perdona. me he puesto nerviosa, pero es que debes entenderme… cuando me aparezco a las personas no suelo obtener esta reacción. es más bien todo lo contrario: la gente llora, se emociona, balbucea cosas inteligibles, me abraza, grita, abre botellas de champán. no esperaba esta apatía tuya, la verdad. 
-bueno, y tú debes comprender que no todos queremos oportunidades tocándonos las narices. a algunos ya nos van bien las cosas sin oportunidades. nos hemos acostumbrado a vivir sin cambios, ni sobresaltos y estamos felices así. además… 
-¿además? 
-bueno… 
-sí, sí. continúa. no me dejes así ahora. 
-bueno, no quiero ofenderte, pero… estamos hablando de una oportunidad. -¿qué quieres decir? 
-pues que no le veo la gracia. a ver, ¿una oportunidad para qué? 
-bueno, no sé… - ha dicho pensativa – esto me lo tendrías que decir tú. se supone que eres tú quien tiene un sueño sin cumplir. todos lo tienen. 
-pues ahí está la cosa: ahora mismo no se me ocurre nada. ¿podrías conseguirme un coche nuevo? ¿que me toque la lotería? ¿diez años menos? ¿resucitar a mi abuelo? 
-no soy un puto genio de la lámpara. 
-a eso exactamente me refería. -esto es increíble, de verdad. a ver… déjame que piense yo. ¿no te gustaría ser futbolista? porque sí podría hacer que mañana conocieras a un famoso entrenador de un famoso club que… 
-tengo treinta y ocho años. -ah, no… en ese caso… ¿escritor? ¿qué tal convertirte en escritor? hay un agente literario que vive por aquí cerca… 
-¿noches en vela delante de una pantalla esperando la inspiración? ¿tardes encerrado en el corte inglés firmando libros? ¿lidiar con otros escritores que se creen dios? ni de coña. 
-¿encontrar a tu media naranja? 
-me separé hace dos años y me va mejor así. 
-ya… ¿descubrir que eres padre? 
-¿qué?! 
-¿sentir la imperiosa necesidad de dejarlo todo y marcharte a la india a encontrar tu verdadero yo? 
-esto tiene que ser una broma. 
parecía que se le habían agotado todos los recursos. 
-creo que es mejor que lo dejemos. – dictaminé. 
estaba realmente frustrada y ya no se atrevía ni a mirarme a la cara. 
-vaya… esto es realmente embarazoso. lo siento. por primera vez en la vida debo admitir que hay alguien que no me necesitas para nada. 
-bueno no te lo tomes de esta forma. míralo por el lado positivo: casi mejor así, sin mucho que esperar de nada ni nadie. sin sueños. se vive más tranquilo, más relajado, más feliz, de verdad. 
la he visto marcharse alicaída y mascullando algo contra los humanos y sus falsos sueños de mierda. los que se cruzaban con ella la miraban de reojo, con cierto recelo, y discretamente se apartaban, dejándole la vía libre. por suerte yo sólo he llegado cinco minutos tarde a mi cita. 

01 julio 2012

¿sabes cuándo me acuerdo de ti? nunca. 

al levantarme por la mañana no uso la taza que dejaste olvidada en un rincón del armario de la cocina, ni camino con cuidado para no despertarte, ni cierro la puerta de casa sabiendo que al llegar por la noche habrá una nota diciendo que llegas tarde, o que te has despertado pensando en mí, o que deseas que haya pasado un buen día. 

no abro el correo por si has cambiado de idea, ni marco tu número y no guardo fotos nuestras en la cartera. no escojo los platos que tú elegirías, ni bebo el vino que te gustaba, ni me pongo el vestido verde, ni deambulo por las mismas calles, ni me asomo al balcón cuando escucho una voz grave, ni hablo de ti. ni tan siquiera te menciono. y todavía me resulta paradójico que algunos desconozcan que durante un tiempo fuiste y exististe. 

jamás pienso qué estarás haciendo, con quién pasarás los fines de semana y si todavía te acuerdas un poco de mí. no releo los libros que me recomendaste, ni se me ocurre poner esa canción con la que me despertaste el día de mi cumpleaños, justo antes de que planeáramos nuestras primeras vacaciones juntos. 

no te pienso ni los lunes, ni los jueves, ni los viernes, ni cuando sigo despierta a las tres de la mañana y doy vueltas en la cama y me levanto para beber agua y me siento en el mismo suelo que tú solías pisar descalzo. y cuando por fin me duermo, agotada y ojerosa, no te sueño, ni te huelo, ni te respiro, ni te culpo, ni te veo en otros que no son tú.

tampoco recuerdo las decepciones ni la rabia e ignoro el motivo de esa cicatriz alargada en la rodilla derecha de cuando me caí una noche, borracha y desorientada, mientras tú, muy alejado, en otro capítulo, con otras tramas y con otros personajes, conseguías nadar hacia la orilla de un lago calmado y plácido.

ni tampoco me acuerdo de ti ahora. por eso mi mano nerviosa no sujeta este lápiz afilado, ni estas letras invisibles dibujan formas desconocidas en un folio vacío, ni tiene especial significado que me detenga en cada palabra para ahogar el llanto. de ningún modo escribiría sobre ti, ni mucho menos perdería el tiempo esperando algo que no deseo. no. ahora ya camino sola, a mi ritmo, anestesiada, sanada, entre las siniestras sombras, las flores mustias, los consumidos cirios. entre los que se creen vivos y sin embargo nos sabemos muertos.