13 junio 2012

Esta noche ha habido baile. El comedor estaba decorado con banderolas de colores vivos. Una gran mesa adornada con flores reunía a los enfermos agrupados lo mejor posible en parejas, según las afinidades exteriores. Hemos bailado hasta las tantas de la noche. Me he divertido. He tenido la sensación de que recordaba una pizca de mi locura, mi fantasía, de otro tiempo. Me he contemplado actuar; preveía las consecuencias posibles de esa vida normal... pero jugaba. !Quién sabe! !Tal vez hubiera una tregua con la enfermedad! De vez en cuando debe de descansar, seguro, tener domingos y días de fiesta... Esos días, ha de ser posible vivir como en otro tiempo. Mañana reanudaremos la vida severa del enfermo: habrá que luchar. Pero esta noche está bien reír con ganas, mientras se esfuma con asombro el miedo a sentir estallar el pulmón; está bien beber un champán que inflama las mejillas; hay un poco de congestión, pero no pensemos en ello: esta noche no puede haber hemoptisis. !Y qué bien sienta bailar! Podemos permanecer de pie, levantarnos, sentarnos con vivacidad. El cuerpo recupera, con un gozo casi religioso, la curvatura ágil para apoyarse en su pareja, el abandono inteligente que abraza los movimientos del otro cuerpo y los sigue, fiel como una sombra y tan ligero como ella. Cuando el cuerpo se mueve con un ritmo, otra vida se eleva; el mundo se transforma para tomar como centro ese punto preciso, en el medio del pecho, en el que parecen converger los ritmos sonoros de los instrumentos y las oscilaciones ágiles de los tobillos.
Bailar es el ritmo de la vida más afortunado; bailar, cuando creíamos no poder hacerlo más, una victoria lograda.
Ligeramente embriagada por ese ritmo, junto a mi pareja de una noche, que mañana habrá olvidado esta velada, he subido despacio hasta mi puerta y nos hemos separado con un beso y sin decirnos nada.

Déjame, M. Sauvageot

2 comentarios:

  1. No había leído esto. Me anoto la referencia porque me gustan estas literaturas sobre personas enfermizas. No es por identificación pero me fascinan.

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  2. Yo sí siento cierta identificación porque, por desgracia, sé lo que es (yo no, pero sí una persona muy cercana).
    Realmente para ellos existen días así, entre el caos de la enfermedad, también hay tiempo para pensar en algo más.

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