28 junio 2011

mi padre pidió un crédito al banco para que pudiera marcharme a parís. en mi maleta había pan y fotos de la familia. tardé menos de una hora en empaquetar todo lo que necesitaba y pesaba tan poco que uno habría dicho que estaría fuera un par de días. quizá al final sería así.
estábamos nerviosos y compartíamos cigarrillos esperando a nos pusiérmos en marcha. esta vez 132 hombres y ninguna mujer. tuve tiempo de contarlos un par de veces.

- en francia todo es posible. - repetían.
- yo quiero ser barbero. me han dicho que está muy bien pagado. - decía el chico que estaba a mi lado. me imaginé sus manos callosas recortando la barba de algún parisino bien vestido mientras los dos hablaban del tiempo o de sus ciudades natales o de lo bien que se vivía en esa parte del mundo. también me vino el recuerdo de cuando era pequeño y temía las tormentas. solía esconderme debajo de la cama de mis padres cuando los truenos retumbaban y hacían temblar los cristales de las ventanas. aterrorizado, buscaba a mi madre por la casa y ella se reía de mí. canturreaba para tranquilizarme y casi siempre lo conseguía.

la barca se balanceaba y crujía debajo de nuestros pies. esa noche el mar estaba manso y oscuro. el patrón dijo que no se esperaban tormentas y todos le creímos con una repentina fe ciega. hubiera deseado que alguien canturreara, pero sólo se escuchaban las debilitadas olas morir en la orilla, los rezos y ese angustioso silencio.

21 junio 2011





























algunas cosas superan la primavera: el chocolate con leche, los orgasmos múltiples, el verano. (no necesariamente en este orden)


fotos de matthieu gafsou

17 junio 2011

caso clínico: béseme el culo all night long

probablemente el próximo mundo en el que habiten nuestros descendientes sea mejor y no haya contaminación, ni malícia, ni gente que se cuela en la cola del carrefour, ni reguetón. así se espera, se desea y se reza cada noche antes de ir a dormir al niño jesús. pero en este, en el que vivimos, aquí y ahora, las cosas son muy diferentes: respiramos dióxido de carbono a diario, existe gente mala malísima, avispados que se cuelan sin disimular y sí, un iluminado con gran sentido musical que inventó el reguetón. y también en este mundo, por gracia y por fortuna, las cosas (léase objetivos, metas, proyectos, planes, propósitos, deseos, intenciones y finalidades) se consiguen mediante:
a – esfuerzo y/o constancia
b – trabajo y/o voluntad
c – contactos y/o enchufes
d – peloteo

olvídese de a y b, términos en desuso al borde de la extinción.
de c se hablará en otra ocasión.
hoy toca d: peloteo o béseme el culo all night long (y para los que dominen otras lenguas (nooo!! esa nooo!) pero escaseen en inglés, la traducción podría ser algo así como: kiss my peachy ass hasta que yo diga enough).


hay tantos niveles de peloteo como gente en el mundo: está el sútil, el obvio, el último-recurso, el baboso, el extra-baboso, el inoportuno, el bochornoso, etc. el nivel de besar culos suele ser proporcional a la dignidad y/o orgullo de la persona que lo lleva a cabo, así, por ejemplo quien practica el nivel extra-baboso, situado en el número diez en una escala entre uno y diez, suele ser una persona con un sentido del amor propio dudoso, por no decir completamente inexistente. podrá reconocer a este tipo de personajes o bien el tipo de nivel de peloteo utilizado según su propio sentimiento de vergüenza ajena. es decir, escuchar a alguien dorar la píldora (expresión que viene a significar lo mismo, pero más finamente) puede provocar a terceros cierto malestar, sonrojo o risa nerviosa que sólo desaparecerá cuando el sujeto peloteador cese en su acción. si el peloteo ha sido de grado diez, es probable que las imágenes vividas/escuchadas no se puedan borrar de su mente en días o semanas. relájese, como todo en la vida, es cuestión de tiempo.
si se topa con un peloteador o si nota que la acción de besar culos está dirigida a usted, desconfíe. desconfíe big time. es fácil caer en la tentación y creer en las adulaciones del lame culos nato: que si ha perdido peso, que si su intelecto roza la perfección, que si el cuchitril donde vive es un paraíso, que si su nuevo peinado le hace parecer diez años más joven… nada de eso es cierto y toda oratoria banal sólo puede tener una explicación lógica: el peloteador desea algo de usted. huya. huya rápidamente y recuerde que para un sujeto de este tipo, usted no es especial ni único y que quedan muchos culos por lamer en el mundo.
por muy alma caritativa que sea, no intente ayudarlos. es inútil. este es su estado natural y en realidad, mirándolo objetivamente, no hacen mal a nadie. o en todo caso, no más que los grandes criminales de la historia (a.k.a hitler, stalin, maridos celosos y algunos pepinos españoles). es más, aunque le parezca chocante, sus inciertos métodos suelen funcionar. ¿en alguna ocasión no ha conocido a alguien socialmente/laboralmente bien situado y al hablar con él/ella se ha dado cuenta que es un completo fraude? ¿y tal vez, no comprende cómo ha llegado a esa posición? bien, ahí tiene la evidencia: es un dorador de píldoras de todos los colores y tamaños (o un hijo de papá, otro interesante especímen del que no descarto elaborar una mini tesis algún día).
espero que estas humildes palabras le hayan ayudado a desenvolverse en el mundo de forma más fácil y cómoda. me gustaría acabar este bien intencionado escrito agradeciéndole su visita, su lectura y hacer constar que ese nuevo lunar grande y peludo que le ha salido en la parte superior de la mejilla derecha le da a usted un look terriblemente sexy.

14 junio 2011

habíamos encontrado la fórmula perfecta para llevarnos bien; no era respeto, ni cariño, ni comunicación. que también, pero no. era espacio y tiempo para hacer nuestras cosas, por separado, sin interferir. así de confiados y tolerantes éramos. una pareja liberal. abierta. confiada.
una mañana al despertar me sobresalté al ver una desconocida al otro lado de la cama. dormía plácidamente y no se inmutó cuando cerré la puerta de la habitación tras de mí. fue entonces cuando me di cuenta de que habíamos llevado la fórmula al extremo de olvidarnos por completo el uno del otro.

12 junio 2011



in the cool of the evening when everything is getting kind of groovy
you call me up and ask me
would I like to go with you and see a movie
first i say no i,ve got some plans for tonight
and then i stop and say all right

love is kind of crazy with a spooky little boy like you

- cheesy & classy -

09 junio 2011

le tenía terror a esa mujer. se llamaba olga y era rusa. no sabía nada más de ella, pero tampoco hacía falta. la evitaba a toda costa y por eso me dio un busca e instrucciones sobre cómo utilizarlo; debía estar localizable en cualquier momento no fuera caso que alguna mota de polvo quedara a la vista de los clientes y se quejaran en la recepción del lujoso hotel. por suerte esto nunca ocurrió, pero aún así, yo iba con el busca a todas partes y cada vez que sonaba me temblaban la piernas al imaginar la bronca que me esperaba. nunca la vi sonreír, ni cuando le informé de que dejaba el trabajo.

unos años más tarde volví al hotel. no podía hospedarme en él porque seguía teniendo el mismo número de estrellas y de ceros en las tarifas por habitación. mi presupuesto no contemplaba ese despilfarro pero entré vacilante y me dirigí al salón donde antes robaba las galletas sobrantes para comerlas después a escondidas en el baño. no había cambiado nada: el mismo tapizado barroco en los sofás, la misma lámpara de cristal, los espejos, las cortinas de terciopelo y los retratos de reyes y reinas. era temprano, las diez o las once, y los clientes ya se habían marchado a sus importantes reuniones o a los museos de la ciudad. me senté en una silla digna del palacio de versalles y en seguida apareció un joven camarero vestido con traje oscuro y pajarita roja y preguntó si deseaba tomar algo. pedí un té. era lo que más casaba con aquella recargada y familiar sala. también lo más barato. el camarero lo sirvió con el mismo servilismo que alguna vez yo también había usado para entrar en las habitaciones y hacer las camas o colocar la cajita de bombones en la mesilla de noche mientras el huesped se impacientaba con mi presencia y torpeza. cuando las habitaciones estaban listas, olga repasaba mi trabajo y siempre encontraba algún error. creo que le encantaba encontrar errores, en general. también en la vida, pero ahí no podía culparme.

el camarero recogía los platos y tazas del desayuno de otros clientes con la misma parsimonia con la que yo tomaba el té. se metió en la cocina y escuché palabras en un idioma que no reconocí y algunas risas. se estaba bien, allí sentada. volvió con un platito de galletas que dejó encima de la mesa. “para ti” dijo. habían cambiado de marca y no pude evitar sentir cierta patética nostalgia por unas galletas que, en tiempos pasados, se habían convertido en mi único gesto de rebelión contra olga, contra el hotel y contra los clientes ricos que no dejaban propina ni daban las gracias. robar galletas, menuda rebelión.

cuando terminé el té, pagué y sonreí al camarero que se apresuró en recoger el plato de galletas intactas. en la calle, los turistas aprovechaban los primeros rayos de sol de la mañana. el resto de la jornada llovería, casi como cada día. esto no había cambiado.

06 junio 2011

confesiones mínimas

el comedor es un recinto pequeño, sin ventanas, de techo bajo y con las mesas y las sillas de plástico blanco. hay tres neveras y cuatro microondas alineados sobre una estantería mal colgada que amenaza con caerse en cualquier momento. encima del segundo empezando por la derecha está el tablón de anuncios donde el sindicato cuelga con chichetas de colores las últimas notícias, pocas veces alentadoras. una docena de fluorescentes iluminan la sala y una pequeña televisión, apagada la mayoría de veces, cuelga de una de las paredes. es un comedor idóneo para no pasar mucho tiempo en él, especialmente entre dos y tres del mediodía, cuando, además, los olores de comidas pre calentadas se mezclan con las conversaciones de las mesas y el ruido de las sillas al ser arrastradas. está situado en el sótano. a medida que uno va subiendo de plantas, los accesorios, el dorado y las maderas nobles van en aumento. en la quinta, donde está presidencia, se dice que los despachos son de cincuenta metros cuadrados y los muebles se hicieron artesanalmente. ni bea ni manuela podrían asegurarlo con certeza. ellas trabajan en la segunda planta y sólo se mudan a la hora de comer, al sótano.

empezaron a trabajar en la empresa el mismo día, hacía poco más de un año. bea en el departamento de cobros y manuela en el de exportación. el hecho de ser nuevas y de bajar a comer en el primer turno, que era cuando más calma había, creó un vínculo entre ellas difícil de definir. al principio se saludaban con cordialidad y se sentaban en mesas diferentes para no molestar. comían en silencio y se despedían hasta el día siguiente. durante el resto de día, apenas se cruzaban por los pasillos y si lo hacían intercambiaban un educado hola acompañado de una tímida sonrisa. pero comer solo era aburrido y manuela, que tenía más facilidad para relacionarse y tomar la iniciativa, decidió un día sentarse al lado de su compañera. hablaron de la empresa y de sus respectivos trabajos. al día siguiente repitieron. con cierto asombro descubrieron que a las dos les gustaba la tarta de whisky y las novelas de crímenes y que las dos se encontraban en ese especial limbo de la vida de mujeres cuarentonas sin marido ni hijos. esto último las unió más que su afición a la tarta de whisky. ahora cuando se cruzaban en el pasillo, se paraban y se explayaban con anécdotas triviales que no podían esperar a la hora de comer, e incluso se llamaban por teléfono los lunes a primera hora para saber cómo había ido el fin de semana. sin embargo mantenían las distancias en algunos temas por temor o desconfianza. si por ejemplo bea aparecía a trabajar con los ojos rojos y los párpados hinchados, manuela se guardaba mucho de preguntar. o si manuela pillaba a bea en el pasillo hablando por el móvil con una bobalicona sonrisa, hacía como que no se había dado cuenta. al fin y al cabo, eran sólo compañeras de trabajo con algunas cosas en común.

hoy bea ha traído albóndigas. las preparó el sábado, mientras escuchaba ese programa de radio en el que otros contaban sus penas y miserias y un experto en algo les escuchaba y ofrecía soluciones inútiles. el domingo se dedicó a pintar el salón de su casa. baja la primera al comedor y pone la mesa con cubiertos, vasos y servilletas de papel. manuela aparece poco después y elogia la pinta de las albóndigas. también se fija en los restos de pintura en las manos de bea.
-te ha tocado pintar, ¿eh?
bea se mira las manos y asiente.
-pues qué faena. yo no sabría ni por donde empezar. a mí es que todos estos temas de bricolage se me dan fatal y además este fin de semana me quedé con mis dos sobrinos. fuimos al zoo y luego al cine...
manuela cuenta con detalle el día que pasó con sus sobrinos y bea escucha. a veces desconecta porque manuela puede ser un poco pesada cuando habla de sus sobrinos. cuando parece que ha terminado, le toca el turno a ella.
-pues yo, ya ves, de pintora de brocha gorda todo el domingo. !hay que ver lo que cansa esto de pintar! pero bueno, me abrí un par de cervezas para hacerlo más llevadero y entre esto y el olor a pintura acabé tumbada en el sofá bien mareada. si es que ya no estoy para estos trotes.
bea se ríe de sí misma la recordar las vueltas que daba la habitación, pero a manuela no parece haberle hecho gracia.
-tengo un amigo que empezó como tú, ¿sabes? - la cara de bea reclama alguna explicación más que manuela no tarda en proporcionar – una cerveza al mediodía, dos, tres, un whisky por la tarde, cuatro, ocho... al final dejamos de visitarle porque era insoportable. acabó mal. pobre chico. hubiera podido llegar lejos, pero... yo nunca bebo en mi casa, y mucho menos si estoy sola.
bea contestaría que es una exagerada, y ya de paso, una aguafiestas. se promete a sí misma ajustarse a temas laborales a partir de ahora. calla y mira la última albóndiga, justo en el centro del plato, nadando entre salsa de tomate frito y cebolla troceada. se hace un silencio sólo interrumpido por la señora de la limpieza que entra en el comedor para reponer las servilletas de papel.
manuela se siente satisfecha de haber advertido a su amiga de los peligros que corre si sigue con sus hábitos, pero sobretodo, se siente con el deber de corresponderla con alguna intimidad ahora que parece que se ha abierto el coto de revelaciones. durante unos minutos, siguen comiendo sin mediar palabra.
-algunas veces - dice, esperando que su compañera levante la mirada del plato - cuando estoy esperando el metro, por las mañanas o por las tardes, justo antes de que pase, tengo ganas de tirarme a las vías.

aliviada y nerviosa manuela busca los ojos de bea. una reacción. un comentario. una palmadita en la espalda. bea pincha la última albóndiga con el tenedor de la empresa y se la lleva a la boca. mastica lentamente hasta que la pelota de carne se convierte en una masa pastosa y sin sabor. sigue creyendo que hay detalles que no deberían contarse a una compañera de trabajo.

03 junio 2011



















Y así fue como empecé a ocultar mis placeres, y cuando llegué a la edad de la reflexión y comencé a mirar a mi alrededor, y a considerar mis progresos y mi posición en el mundo, me encontré ya entregado a una vida de profunda duplicidad.

El extraño caso del Dr Jekyll y Mr. Hyde, R. L. Stevenson

01 junio 2011

era una tarde fría y lluviosa.

el escritor leyó de nuevo la frase y la borró. eran las típicas palabras por las cuales dejaría de leer cualquier novela. y sin embargo de las dos horas que llevaba sentado, con los dedos pegados al teclado y la mirada fija en el folio digital en blanco, lo mejor que había escrito. reescribió la frase.

era una tarde fría y lluviosa y don bartolomé estaba sentado en el sofá, mirando como las gotas repicaban contra los cristales de la ventana.

bueno, al menos había acertado con el nombre. bartolomé apuntaba maneras. era un nombre de peso. un nombre digno de una persona importante, que hacía cosas. el escritor pensó qué tipo de cosas podría hacer bartolomé y no se le ocurrió ninguna. aún así tenía bien claro que sería un tipo grande, calvo y de edad avanzada.

era una tarde fría y lluviosa y don bartolomé estaba sentado en el sofá, mirando como las gotas repicaban contra los cristales de la ventana. don bartolomé era un hombre corpulento y de poco pelo que a sus setenta años

a sus setenta años, ¿qué? ¿había asesinado a alguien? ¿había pasado un buen día? ¿había terminado de pagar su hipoteca?

era una tarde fría y lluviosa y don bartolomé estaba sentado en el sofá, mirando como las gotas repicaban contra los cristales de la ventana. don bartolomé era un hombre corpulento y de poco pelo que a sus setenta años todavía disfrutaba viendo la lluvia caer.

sí, mucho mejor esto que matar a alguien en la tercera línea de ese libro que ahora sí, parecía ir tomando forma. los asesinatos debían esperar como mínimo hasta el segundo capítulo. el escritor se imaginó en el segundo capítulo y sonrió ufano por sus logros. se levantó un poco nervioso y dio unos pasos hacia ninguna parte en concreto. pensó en bartolomé y en la lluvia. podría crear una especie de metafora entre ambos o podría utilizar la lluvia como paralelismo a su estado de ánimo. había una palabra para eso, pero ahora que estaba centrado en la historia no quería perder el tiempo buscando el dichoso término. se sentía eufórico por las miles de ideas que de pronto se amontonaban en su cabeza. !hacía tiempo que había esperado este momento! tendría que acabar de perfilar quién era bartolomé, qué haría durante las siguientes trescientas páginas y qué final escogería para sus acciones, pero de momento no quiso preocuparse por estos detalles sin importancia. estaba convencido, ahora sí, que bartolomé cambiaría el rumbo de la literatura y él, humilde principiante, sería estudiado en las universidades y traducido a miles de idiomas.
el escritor volvió a la mesa y se sentó. no debía desaprovechar ni un minuto más. con los dedos encima del teclado, leyó las cuatro líneas. las leyó por segunda vez y frunció la frente. retiró las manos del teclado y cruzó los brazos a la altura del pecho. era indudable que lo escrito hasta ahora, y que le había ocupado las dos últimas horas, era una auténtica mierda. ese vacío de nuevo al notar que las brillantes ideas que habían aparecido de repente, se reían de él y se desvanecían con descaro. borró las líneas con una mezcla de rabia y pesadumbre. delante de él, el familiar folio en blanco y el parpadeante cursor, retándole.

era una soleada mañana de junio.