11 septiembre 2011

la voz del tallink silja

siempre quise ser cantante, tener una banda, viajar y dedicarme a lo que, creía, había nacido para hacer. mentiría si dijera que, por otra parte, no me atraía el tema de la fama y el dinero. en mis tardes de instituto, mientras el profesor intentaba hacernos comprender algún estúpido problema que en la vida real nunca llegué a poner en práctica, fantaseaba imaginándome viviendo en una bonita casa de tres pisos y un enorme jardín en miami, con un estudio de grabación donde pasaría los días trabajando, acompañada de mis músicos, dos bulldogs ingleses y tres o cuatro premios mtv en las estanterías. 
quince años después no he conseguido nada de mi sueño adolescente y trabajo en el tallink silja. zarpamos en estocolmo a las cinco de la tarde y llegamos a helsinki a las diez de la mañana. al día siguiente hacemos el mismo recorrido pero en sentido contrario. y así día sí y día también. las aguas del mar báltico son oscuras y no invitan al baño, mi camerino es interior y sus paredes son de plástico fino y el barco es una versión cutre, casposa, reducida y flotante de lo que imagino deben ser las vegas. odio mi trabajo, odio la orquesta que me acompaña, su poco talento, sus chalecos con lentejuelas doradas, mis vestidos sin gracia, odio el salmón con patatas asadas y odio el público que baila sin seguir ningún ritmo.
nuestra actuación empieza a las diez de la noche, justo después de aladino, el musical. aladino es un espectáculo patético y bochornoso en el que las siete bailarinas de la obra apenas pueden mantenerse de puntillas sin perder el equilibrio. cuando el mar está bravo, ni lo intentan y se pasean por el escenario moviendo los velos y el culo con apatía y desdén. los padres, sin embargo, es cuando más lo disfrutan y ellas les saludan y ondean sus velos más alto y con menos gracia todavía. al terminar la función reciben un aplauso triste y apagado que ellas acogen con una sonrisa falsa e hipócrita y se retiran dejando un agradable vacío en el escenario. casi de inmediato, sin tiempo para que el público se largue a sus camerinos y deje de consumir cócteles aguados y cerveza con seis dedos de espuma, se abre de nuevo el telón y aparecemos nosotros: la orquesta del tallink silja. empezamos con algo suave; un vals o cualquier otra ñoñería. en los primeros minutos de nuestra actuación los únicos que ocupan la pista de baile son los niños que todavía no se han dado cuenta de que aladino ha terminado. o tal vez es que les da igual quién actúe, lo cual me parece lógico. los padres les animan a que bailen y monten jaleo y que, ni que sea por una noche, no les den mucho el coñazo. dan volteretas, se empujan, caen y lloran hasta que alguna madre sale a su socorro y les recrimina su falta de cuidado mientras el marido, bien sentado en su mesa, pide otra cerveza e ignora la momentánea crisis de su familia. terminado el vals nos presento: “muy buenas noches a todos, señoras y señores. somos la orquesta del tallink silja y esperamos que pasen una agradable velada con nosotros”. a menudo el encargado de sala, yuri, me recrimina que soy poco efusiva y que debería sonreír más. es un niñato de veinte años con acné hasta los codos. entró en el tallin hace apenas un año y se vanagloria de haber aumentado las ventas de cacahuetes en un tres por ciento desde que ocupa el cargo y de haberse follado a toda la plantilla de bailarinas de aladino. si no fuera porque me pasa los canutos bien cargados cuando finalizamos a las dos, ya le habría mandado a la jodida mierda. después del vals continuamos con elvis. es nuestro vano intento para congregar a alguien en la pista, que a falta de niños revoltosos, luce parqué rallado y poco más. los primeros atrevidos son los ancianos que todavía se creen jóvenes; pasas agrias y arrugadas que visten con colores chillones y discordantes y que por algún inexplicable motivo han decidido malgastar una noche en este maldito ferry cuando el mismo recorrido en avión se hace en una hora y cuesta la mitad de dinero. con el fin de sus días tan cercano y perdiendo tanto el tiempo. hay cosas que nunca comprenderé. se mueven torpemente, con la boca entre abierta y los ojos cerrados, abrazados los unos a los otros, dejando tras de sí un olorcillo a meado y podredumbre que se mete en la ropa y entre mi pelo y me acompaña hasta que salgo a la proa a fumar con yuri. tengo buena voz, lo sé, me lo han dicho desde pequeña, pero canto mal, para qué engañarnos. no me molesto en llegar a las notas, no me esfuerzo en memorizar las letras de las canciones, ni pongo cara de estar pasándolo bien. había una época en la que sí lo hacía, en la que incluso tocaba la pandereta y bajaba a la pista para bailar y acelerarle el pulso a algún viejo moribundo. después me di cuenta de que realmente daba igual lo que hiciera porque nadie nos prestaba atención. con un cd se lo hubieran pasado igual de bien, pero el maldito tallink silja, por su prestigio y porque queda bien en los folletos descoloridos de las agencias de viajes, necesita su propia orquesta, en vivo y en directo. esta noche tampoco ha sucedido nada excepcional.
quizá había menos público de lo normal o quizá es que me confundo con la noche de hace un par de semanas o un par de meses. hemos cantado las mismas canciones con el mismo entusiasmo y me he despedido con el mismo alivio de quien ha estado secuestrado durante años y de repente es liberado y puede saltar y correr y no siente limitaciones. yuri estaba fuera, con su smoking blanco y su placa dorada en la solapa que siempre se asegura de que este brillante y recta. sentado en uno de los bancos, con el ceño fruncido, aspiraba el porro medio consumido. le he preguntado qué le sucedía y me ha contado que estaba enfurruñado porque últimamente las consumiciones en el bar han estado bajando, aunque yo sospecho que sus motivos estaban más relacionados con la nueva croupier del casino tallink silja, una polaca rubia y tetona que les trae a todos de cabeza. me ha contado la nueva estrategia que ha pensado para aumentar las ventas, algo relacionado con un nuevo espectáculo con muchas bailarinas, enanos, malabarismos y nuevo repertorio musical, más acorde, simulando un cabaret parisino. a mí la idea me ha parecido más fúnebre que nuestra pobre orquesta y he pensado que el público estaría más agradecido si bajáramos los precios y dejáramos de idear descabellados planes sobre cómo inducirlos al coma etílico. él sin embargo estaba entusiasmado con su proyecto. movía las manos y los brazos teatralmente e incluso ha sacado una servilleta arrugada de su bolsillo y un minúsculo lápiz para esbozar un posible decorado que ya había idealizado en su mente. la ventisca ha hecho volar el papel y los dos hemos contemplado su precioso vuelo en silencio. a mí me ha parecido una hermosa premonición de lo que nos espera a todos los de este ferry, pero he callado para no malhumorar al pobre yuri, por el que cada día estoy cogiendo más aprecio a pesar de ser un pobre imbécil. 
-en fin, - ha dicho – yo creo que esto podría funcionar. 
-yo creo que también. deberías hablar con el jefe y proponérselo. seguro que le gustará. 
-sí, tal vez lo haga. 
-estupendo, yuri. estupendo. 
-¿te estás burlando de mí? 
-este porro, que rule, anda. 
le ha dado una última calada y me lo ha pasado. después ha dicho que hacía demasiado frío y que entraba para ver si todavía pillaba a la polaca antes de que lo hiciera el camarero ucraniano del pub irlandés. me ha dado un beso en la mejilla, me ha deseado buenas noches y se ha marchado ilusionado. un pobre imbécil, ciertamente. 
he terminado el porro rodeada de silencio y oscuridad. sin duda este es mi momento favorito de la noche. y del día; alejada de dentaduras postizas, cardados pasados de moda y los aborrecibles compases del dancing queen. 
al levantarme para entrar e irme a dormir, he visto a un hombre mayor apoyado a la barandilla a pocos metros de distancia. si no hubiera estado tan inclinado hacia delante, probablemente no le hubiera mirado más tiempo de lo normal, pero me ha inquietado. él se ha dado cuenta y enseguida ha retrocedido. 
-no te preocupes, no voy a tirarme. -me alegra saberlo, aunque es su vida. no la mía. -en eso tienes razón. si tuviera que matarme – ha proseguido - desde luego no sería de esta forma. imagino que escogería algo más íntimo, en mi casa, sin audiencia a la que entretener. siempre he pensado que en un mundo ideal, uno debería poder elegir la forma de morir. a mí por ejemplo, la idea de morir rodeado de gente me aterra. me parece incluso cobarde, puro exhibicionismo para que los familiares te lloren y aprovechen los últimos minutos para hacer confesiones que no tuvieron el valor de hacerte cuando todavía tenías fuerza para reprenderles y darles un par de collejas. -ya. – he contestado sin saber muy bien a qué venía semejante confesión. -¿tú eres la cantante de la orquesta, ¿no? 
-eso me temo. 
-sí, ya me lo ha parecido. te he visto un rato esta noche, aunque me he cansado de tus berridos. tienes buena voz, pero nada más. 
podría haberme enfadado o haberle contestado que no se metiera en mis asuntos, pero en realidad estaba diciendo una gran verdad y en vez de marcharme, me he acercado todavía más. 
-¿está usted de vacaciones? – le he preguntado. 
-sí. mi hija vive en helsinki. hace dos años que no la veo. 
-dos años es mucho tiempo… 
-una hora puede ser mucho tiempo. cuando era pequeña a veces podía estar esperándome una hora fuera del colegio para que la recogiera. ella y su hermano. tenían siete y cinco años. cuando pienso en lo que les podría haber ocurrido… pero nunca sucedió nada y siempre sonreían cuando me veían aparecer. yo estaba cansado después de nueve o diez horas de trabajo y ellos corrían hacía mí, entusiasmados, contándome los dos a la vez qué les había sucedido ese día, con quien se habían pegado y porque les habían castigado. es algo que se me ha quedado grabado en la memoria y que recuerdo muchas veces, todavía hoy. ahora ella vive en helsinki, tiene ahí su vida. nos llamamos dos veces a la semana, pero apenas nos vemos. la echo de menos, pero está bien y es feliz. esto es lo importante. 
el hombre se ha callado de repente y ha vuelto a inclinarse hacia delante. lo he imaginado con treinta años menos, alto y corpulento, lleno de energía, conduciendo un coche viejo y destartalado camino del colegio de sus hijos. he imaginado a los niños callados, muertos de frío y con mocos, esperando a su padre, reconociendo su coche y la bocina que les avisaba de su llegada. los he imaginado corriendo hacia él para conseguir el primer abrazo y luego continuar el viaje hasta su bonita casa en el campo, canturreando alguna canción o jugando a algún juego de niños aprendido en clase. 
el viento ha dejado de soplar durante un rato y hemos pasado un par de faros situados en rocosos islotes deshabitados. 
-bueno – ha dicho el hombre – creo que voy a intentar dormir un rato, aunque sé de sobras que no lo conseguiré. estoy nervioso, ¿sabes? a mi edad... nervioso para ver a mi hija. tampoco es que me importe mucho dormir o no dormir. ya tendré tiempo de hacerlo a la vuelta, o cuando muera. quizá coincidamos de nuevo a la vuelta. me gusta viajar en barco. es una buena forma de perder el tiempo conscientemente. estoy hablando tonterías, perdona. tienes buena voz, ya te lo he dicho. deberías hacer algo con ella. 

el hombre se ha entrado y poco después lo he hecho yo. los pasillos estaban vacíos y no se escuchaba ni un solo ruido, a excepción de los motores. a lo lejos he visto a yuri con la muchacha del casino. caminaban hacia las habitaciones de los empleados, ella un poco mareada, como si se hubiera pasado con los chupitos. los dos sonreían. yuri la abrazaba por la cintura y ella se dejaba hacer. he pensado que tal vez mañana cuando lleguemos a helsinki me compre una pandereta nueva. no sé, ya veremos. todavía falta mucho para mañana. 

7 comentarios:

  1. Mira, he entrado por aquí curioseando un poco y me he encontrado un inesperado relato de alta literatura. Y de paso una fantasía de músico que yo también he visto en algunos de mis sueños de vigilia. Viviendo lejos de la humanidad aunque sin el estudio de grabación... Bueno, no sabría que hacer con él. Siempre quise cantar y lo hice y luego lo dejé en bien de la humanidad.

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  2. un relato de alta literatura!??!? ostras, muchas gracias.
    me alegra saber que decidiste abandonar tu fantasía por el bien de la humanidad, aunque se tendría que ver si realmente tus habilidades de cantor son tan pésimas!

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  3. Me ha gustado mucho el relato. Gracias.

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  4. Cada día se supera usted más señora.

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  5. Qué decir hilia, me voy un momento, vuelvo y me encuentro con este pedazo de relato y un público sin miedo a decir las cosas bonitas de la vida. Qué genia estás echa! Yo vuelvo, no sé por cuanto tiempo. Andaba por aquí y por allá, en Europa, qué es pequeña y grande a la vez :)

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  6. recorre europa y el mundo entero, pero déjanos una pista de vez en cuando. genia, tú.

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