19 julio 2011

la historia de x no es única. no es ni tan siquiera original. es la típica historia de dos personas que se encuentran, se conocen y cuando ella descubre su condición de malsana dependencia, él desaparece. y desaparece sin dejar rastro, ni una triste nota, ni una breve explicación. en realidad es un chico listo y si lo hace así es porque sabe que las mejores explicaciones para una despedida son las que se da uno mismo. ante la realidad siempre se termina rendido, derrotado. x lo acabará comprendiendo, quizás, algún día.
no es una historia nueva. en la humanidad, millones de seres han pasado por lo mismo e incluso han sentido lo mismo, pero tampoco esto ayuda a x. porque si es cierto que existen palabras como tristeza, vacío, apatía, insomnio, ninguna de ellas se aproxima en lo más mínimo a ese estado de llanto incontrolado, a ese estado de permanecer inerte en la cama deseando que el techo se hunda y la aplaste debajo, a ese estado de agotamiento mental y debilidad física, a ese estado de tránsito en el que nada parece verídico. a ese estado de muerte en vida.
x recobra algo de vigor cuando cree escuchar el sonido de unas llaves o el aviso de un mensaje en el móvil. sólo entonces se maldice por haber desconfiado y pensar que jamás volvería. y corre a esperar detrás de la puerta, como un perrito dócil y bien domesticado, que, ansioso, espera a su amo para que le dé de comer y le acaricie el hocico. su corazón brinca como en los viejos y buenos tiempos e incluso se acuerda de cómo sonreír y se reprocha no tener el aspecto deseado después de pasar tantos días en cama. pero todos estos síntomas se prolongan apenas unos instantes. la llave no abre y la puerta permanece cerrada, burlándose sin piedad delante de sus narices. y x se desploma de nuevo y esta vez no se molesta en retirarse a la cama para lamentar su destino, sino que abatida en el suelo deja que las lágrimas, las que pensaba que había agotado, humedezcan ese mismo rincón de la casa donde en algún momento él la había abrazado.
la historia de x no terminará mal; nadie muere por desamor, dicen los sabios racionales. pero tampoco terminará bien. con el tiempo esta historia pasará a un segundo plano. a un tercero, con un poco de suerte. x saldrá de la cama y empezará a comer, a salir a la calle, a convertirse de nuevo en una persona normal que hace cosas normales y se comporta de forma normal. tomará una ducha por las mañanas, hará una mueca que otros interpretarán como una sonrisa y se sorprenderá hablando de temas que no sean él. pero en lo que le quede de vida, sean tres o sean cuarenta años, x seguirá esperando que un día ese mensaje, esas llaves, le devuelvan, por ejemplo, un poco de ganas de vivir.

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