31 diciembre 2010

cifras y números

en algún sitio leí que, a estas alturas, cuando se piensa en el año que termina, si uno no siente ganas de llorar (y yo añadiría de reír, ni que sea de uno mismo) es que ha sido un año inútil, perdido, nulo.


 














 
pues eso:
a llorar, a reír,
a por otro.

28 diciembre 2010

deshielo

se detiene en seco al verlos juntos, sonrientes, cogidos de la mano y paseando como si en el mundo no existiera nadie más. el corazón le da un vuelco y su pulso se acelera de forma incontrolada. pensaba que tardaría un poco más de tiempo en encontrar a otro, pero es una chica lista y guapa. parece ser que lo tiene todo.

por suerte diciembre acarrea las primeras nieves y el frío se convertirá en su mejor excusa para no salir de casa y evitar así que la evidencia abofetee su cara una vez y otra. para que el dolor remita y para autoengañarse temporalmente, decide que cuando llegue la primavera, la llamará. quizá le conceda una segunda oportunidad, quizá acaben siendo buenos amigos, como lo fueron durante un tiempo. aunque también es probable que ella no conteste a su llamada. en ese caso, quizá lo mejor sería que no llegara nunca la primavera y el aislamiento fuera infinito.

en marzo sigue haciendo frío, en los picos de las montañas la nieve se resiste a desaparecer, pero él se siente mejor: ha vuelto a entrenar, habla con la gente y a veces se ríe. de vez en cuando cree verla por la calle, pero es sólo su imaginación jugueteando y divirtiéndose. se pregunta qué haría si la viese y siempre obtiene una respuesta distinta.

el mes de mayo lo pasa preparando su primer viaje sólo. se ha vacunado, tiene un nuevo pasaporte y ha alquilado su habitación a un estudiante de erasmus. está asustado y feliz.
pocos días antes de marcharse, recibe la llamada de ella. ver su nombre parpadeante en la pantalla del móvil le trastoca más de lo que hubiera deseado. al principio, la conversación es lenta y forzada. las palabras se eligen con extremada prudencia y los silencios se esquivan a toda costa. después, se torna imposible: ella lloriquea, rememora el pasado con nefasta insistencia y confiesa haberse equivocado.
cuando cuelga el teléfono sigue asustado y feliz. asombrosamente feliz.

27 diciembre 2010

feliz cumpleaños

su madre le contaba a menudo que había nacido un jueves a las seis de la mañana. esa madrugada no hacía mucho frío y llegaron al hospital con rapidez, teniendo en cuenta que el tráfico a esas horas era casi inexistente. el parto fue fácil y breve. el bebé pesó tres kilos exactos, apenas lloró cuando le pegaron para que empezara a respirar, comió con apetito y dos días después del alumbramiento el doctor les mandó para casa. a partir de ese día, toda la familia celebraba su cumpleaños los veintisiete de diciembre.
con los años decidió dejar de festejarlos: a nadie le apetecía comer tarta, ni comprar más regalos después de las orgías navideñas y además, llegó a la sabia y cruda conclusión de que en realidad, tampoco había mucho que celebrar: nacer, al fin y al cabo, no había sido cosa suya y lo consideraba un acto totalmente circunstancial.

se devinculó tanto de esa fecha que cuando alguien le preguntaba qué edad tenía, debía pensarlo durante unos segundos. la mayoría de veces mentía deliberadamente para no tener que hacer el esfuerzo de sumar, añadir y darse de bruces con la realidad, porque a pesar de su ficticio olvido, el tiempo sí se acordaba y se lo recordaba cada día, pero especialmente todos los veintisiete de diciembre.

21 diciembre 2010

buenas vistas

alkas camina un par de pasos por delante de m y de mí. hace un frío de la hostia pero estamos tan nerviosas que apenas lo notamos. en otras circunstancias aprovecharíamos para quejarnos, pero hoy, no. de vez en cuando él se gira para comprobar que le seguimos, aunque con nuestros gritos y risas no sería necesario que lo hiciera. deja que hablemos descontroladamente en español, sin saber si hablamos de él y de cómo le sientan esos pantalones nuevos que estrena hoy. creo que tampoco le importa en absoluto entendernos o no. a él sólo le preocupa llegar pronto y por eso, de vez, en cuando interrumpe nuestro parloteo y vocifera un “hurry up you two. its fucking freezing.” mientras una serpenteante columna de vaho se escapa de su boca. él también está inquieto. yo creo que es por nosotras: no está acostumbrado a lidiar con chicas y menos si no las entiende cuando hablan. aunque imagino que esto no siempre es problema de idioma. alkas es un tipo extraño. habla poco y cuando lo hace suele ser en monosílabos y onomatopeyas que susurra en voz baja. apenas sonríe, apenas come y sospecho que apenas folla. tampoco pienso que nada de esto le preocupe demasiado. no es un tipo que se preocupe, en general. nació en delhi pero su familia se mudó a londres cuando él tenía un año, así que tiene de indio lo que yo de griega. se pasa el día callejeando y fumando marihuana mientras sus padres creen que está en la universidad sacándose la carrera de derecho para que cuando ellos sean mayores, él pueda mantenerles. es lo que se estila por sus lejanas y olvidadas tierras, pero alkas ni sabe por dónde cae india, así que sus padres lo tienen jodido y realmente espero que tengan algún otro hijo con el que asegurar su incierto futuro. los viernes le compra el material a un colega suyo de kilburn apodado “el negro” y se le pierde la pista hasta el lunes o el martes, día en el que vuelve a su casa con los ojos como platos y las neuronas fritas. después duerme hasta el jueves por la noche y el viernes vuelta a empezar. a veces me pregunto cómo puede aguantar su cuerpo enclenque este ritmo de vida, pero a día de hoy, nunca ha enfermado, aparte, claro, de algún resfriado mal curado. 
hacemos un trío peculiar: un indio-británico-antisocial-anoréxico con dos-almas-perdidas-sobreexcitadas e irresponsables, deambulando por king's cross a las dos de la mañana, a diez grados bajo cero con un par de latas de cerveza en la mano, farfullando y deseando que no termine la noche. las idas son cojonudas, pero las vueltas, a las siete y media, en manga corta y con los oídos sordos, gloriosas. la cola, como siempre, es espectacular. cualquier diría que la entrada es gratis o barata: veinte libras y sin consumición, pero nosotros, que ya somos habituales y sabemos cómo acaramelarnos al de seguridad, nos metemos en la corta. delante nuestro, inglesitas al límite de la congelación absoluta, con sus pieles translúcidas, sus vestidos de verano y sus tacones imposibles. nos encantan, sobre todo cuando pierden toda su dignidad y buenas formas, a eso de las tres de la mañana y se arrastran por los pasillos suplicando un poco de agua, o un abrazo, o un taxi hasta su casa. m es la que suele hablar. a mí no me entienden por mi acento cerrado y a alkas es mejor mantenerlo alejado del público en general. 
-hi guys, we're on the list. - dice con su perfecto acento de oxford. 
-which list? – contesta el tipo de la puerta, abrigado hasta las orejas y con muy pocas intenciones de sonreír. lógico, no le pagan por esto. 
-lisa's list. – dice ella con soltura. 
-m plus two? 
-that's us. 
el tipo tacha nuestros nombres, nos mira y mueve la cabeza en señal de aprobación. 
-enjoy the night. 
-im sure we will. 
pasamos como si fuéramos los tres putos reyes de oriente, pero en la cola de registro no hay vips y nos cachean a gusto, aunque no tanto como para encontrar lo que escondemos en lugares tan obvios como los calcetines y los sujetadores. nos dejan pasar y respiramos tranquilos. nunca nos han pillado, pero siempre tememos que algún día lo hagan y nos jodan los noches de los viernes. alkas, que sigue por delante, nos espera en la puerta y cuando por fin llegamos nosotras, nos sujeta las puertas del peor antro de king's cross para que pasemos primero. la música, a más decibelios de los legalmente permitidos, el calor humano y la peste a humo, nos dan la bienvenida y nosotros, que ya conocemos el ritual, nos dirigimos al baño, donde de momento sigue habiendo papel higiénico y esto siempre es un punto a favor, especialmente para m y sus puntuales ganas de cagar, debido a la excitación. alkas nos acompaña hasta dentro, asegurándose de que no le vea ninguno de seguridad, rebusca en su bolsillo y saca una bolsita arrugada y transparente con unas diez o doce pastillas. nos miramos con impaciencia, nos da una a cada una, sonríe y suelta: 
-you girls, behave. 
y sale del baño disparado antes de que alguna fémina le pegue bronca por entrar en lugar sagrado. hemos aprendido a tomarlas sin líquido y aunque cueste un poco más de tragar, lo importante es que hagan efecto: rápido y eterno, a poder ser. una pena que los fabricantes no puedan disimular ese desagradable sabor amargo por el de fresa ácida o hierbabuena, como los chicles vamos, pero sin el subidón ni el globazo. 
-anda sal, que me estoy cagando. – dice m una vez hemos tomado las píldoras. 
-yo no lo entiendo, de verdad. no ha llegado tiempo a llegarte al estómago y ya te cagas. 
-joder, no son las pastillas, son los nervios. 
-¿nervios? cualquier diría que es tu primera vez. 
-cada vez es un como una primera vez. nueva experiencia, nuevo viaje. -ommmmmm - me cachondeo yo, juntando las manos y cerrando los ojos como si estuviera en una clase de yoga. 
-¿quieres salir ya y discutimos este fascinante tema más tarde? 
las inglesitas también han llegado al baño. la mayoría se están empolvando la nariz, literalmente. se ríen, gritan, se critican, se morrean, se empujan y se llaman bitch las unas a las otras. son adorables. yo sonrío también, no porque note los efectos sino porque siempre me ha gustado observarlas y ver sus rituales delante del espejo. 
-menuda panda de focas, joder - grita m cuando sale del baño. 
-algún día, alguna de ellas te va a entender y te partirá la cara. 
-you fucking bitch – responde bien alto para que se den todas por aludidas.
salimos bien desahogadas, en casi todos los sentidos. ni rastro de alkas, como de costumbre. 
-¿para dónde tiras tú? - le pregunto a m. 
-voy a ojear la sala de abajo.
-bien, yo voy a saludar a ariel. 
-¿nos vemos a las cinco en la sala de lisa? 
-allí estaré. si necesitas algo, ya sabes, me das una perdida y aparezco, como la virgen. 
es lo maravilloso de ir con m y alkas: entramos juntos y la mayoría de veces salimos juntos, pero durante las siete horas que permanecemos dentro del antro, cada uno se larga al mundo que le venga en gana y sólo recurrimos a uno u otro cuando nos hemos quedado sin agua o necesitamos tomar otra pastilla. 
ariel pincha en la sala grande, que a estas horas ya está completamente descontrolada. no le gusta que suban a la cabina mientras trabaja, pero algunas tenemos bula. dos chicos más parecen tenerla también, lo cual me extraña porqué normalmente los privilegios sólo los otorga al público femenino y si tienen una buena delantera. 
-boluda, - saluda, con su acento argentino que no ha perdido a pesar de los años que lleva en londres 
-¿nunca descansas? 
-ya sabes que si no te veo al menos una vez a la semana, mi vida deja de tener sentido. 
-cómo me gustaría creerte. 
mira, te presento a un par de amigos de manchester que han venido a verme. no me entero de los nombres, ni de lo que dicen a continuación porqué entre la música y el griterío es difícil mantener una conversación, pero me quedo con la cara de uno de ellos. bueno, y el cuerpo. lleva una camiseta con el número 78 y cuando le pregunto si tiene algún significado especial, contesta que es el número de veces que piensa comerme la boca esa noche. buena respuesta, oh yes, that's the attitude, baby. nos reímos y me dice si he venido con alguien. imagino que se refiere a alguien de sexo masculino, a una pareja celosa que tal vez se interponga en sus planes. le digo que no, que estoy con unos amigos y contesta que perfecto, que le gusta oir esto. ariel me aparta un momento, besa mi frente, ya sudada aunque todavía no haya pisado la pista y me lleva a un rincón de la mesa donde tiene los platos. a un lado hay un par de rayas cortadas, largas y gruesas, esperándome. 
-aliméntate linda, que te estás quedando en los huesos. 
me agacho un poco y esnifo primero con un nasal y luego con el otro. noto la picazón en el tabique y en la garganta y después un agradable cosquilleo bajando por el cuello. 
-joder, ariel. ¿de dónde has sacado esta mierda? 
-yo siempre tengo lo mejor para mis amigos, ya lo sabes. 
-te quiero. 
-lo sé. vete a divertir. y cuidado con mi amigo. 
-no te preocupes, nos portaremos bien. 
-preferiría que no. 
-entonces, nos portaremos terriblemente mal. 
me despido de ariel y mientras bajo las escaleras hasta la pista, empiezo a tener la sensación de que mis pies no tocan el suelo. mi corazón bombea con escandalosa fuerza y tengo la imperiosa necesidad de agitarme y desprender energía, sudor o lo que sea. con algunos empujones de más, cruzo la sala y llego hasta donde está uno de los altavoces que escupe ruido y ritmos repetitivos. un par de inglesitas rubias y culonas se contonean sin ninguna gracia encima de él. es una pena que nadie las enseñe a bailar bien, pienso. subo con un poco de dificultad porque mis brazos se han convertido ya en dos inútiles extremidades, sin capacidad para sostener ningún peso, y me sitúo en medio de las dos. intuyo que no les gusta mi presencia, por sus caras serias y su actitud altiva, pero no me podría importar menos. desde arriba veo manos en alto, mandíbulas desencajadas, auténticos abrazos químicos, al chico de la camiseta del 78 que me mira expectante, a alkas entrando en trance y a m que se aproxima, levitando casi, con una sonrisa extensa, franca y radiante. no podría tener mejor panorámica. 

19 diciembre 2010

nunca en el momento justo
jamás en el lugar adecuado.
es sano, terapéutico.
orgásmico, casi.

16 diciembre 2010

déjà vu

no sé muy bien cómo se nos ocurrió la idea. bueno, en realidad fue idea mía y josé me acompañó porqué se lo pedí. el pobre es tan bueno, que nunca dice que no.
la encontré vía internet y me gustó su foto y su anuncio. aseguraba discreción, seriedad y unas tarifas que me podía permitir. llamé al número y contestó una voz femenina, suave y tranquila.
- gabinete de la señorita nun, ¿dígame?

- hola. quisiera pedir una cita.
- de acuerdo. mañana o tarde?

- tarde mejor.

- veamos… ¿viernes a las siete?
- perfecto.

- ¿y qué quiere consultar exactamente?

me quedé en blanco. no esperaba resumir todas mis dudas y frustraciones en diez segundos, por teléfono y a una total desconocida.
- umm… pues bueno, supongo que cómo me irá en el futuro.
- ¿a un año vista, va bien?
- sí, esto estaría muy bien.

- pues viernes a las siete. la sesión es de cuarenta minutos y son ochenta euros.
pensé que tenía que ser buena porqué era lo siguiente que quería preguntarle.

esperé justo a la noche anterior a la visita para contárselo a josé. se puso hecho una furia: que si esto era una pérdida de tiempo y de dinero, que no debería creer en estas cosas, que se aprovecharían de mí y de mi buena voluntad. después le di un masaje en los pies y se calmó.


llegamos a la consulta diez mintuos antes. la señorita nun, que en realidad era una abreviación de anunciación y tenía más de señora que de señorita, nos recibió sonriente. era una mujer pequeña y delgada, de pelo negro, liso y exageradamente largo que vestía de púrpura de la cabeza a los pies. el piso olía a incienso y estaba iluminado con velas.
mientras josé se quedaba en la salita de espera, nosotras entramos a su consulta. previsiblemente a lo que mi imaginación había pronosticado, había más velas, más incienso, cartas del tarot y libros de astrología. faltaba la bola de cristal que no vi por ningún lado.
nos sentamos alrededor de una pequeña mesa redonda y sin ni tan siquiera avisar, puso su mano en mi frente. así permanecimos unos segundos: ella con los ojos cerrados y yo nerviosa, sintiendo el sudor frío de su palma.
- lo primero que debes saber – susurró – es que estás en cinta.


después de cuarenta minutos exactos salí de la habitación. josé seguía donde le había dejado, jugueteando con su llavero de madera.

- tienes mala cara. ¿qué ha pasado? – preguntó.

- me ha dicho que estoy preñada.
- ¿qué? ¿embarazada?

- eso ha dicho.

- pero esto es imposible, ¿no? porqué tú y yo nunca hemos... a no ser que tú hayas...

- ¿dudas de mí?

- ¡no! !claro que no dudo de ti, mi amor! pero a ver cómo explicas esto…

- podría haberse equivocado.

- ¡ay jesús! la que vas a liar, maría.

14 diciembre 2010

preparación

desconectó el teléfono
cerró la puerta con llave
se desnudó
se metió en la cama
y se hizo de noche. que fueran las tres de la tarde era lo de menos.

tuvo un sueño; empezaba así



cuando despertó se sentía tranquilo

a oscuras

preparó un café cargado
jugueteó con el cuchillo más afilado
y decidió que esa noche
no sería exigente.
cualquiera podría tener el honor
de convertirse en su próxima
víctima.

13 diciembre 2010

- ¿quieres un café?
- no, quiero música. quiero amor y belleza.
quiero conocimiento y sorpresas. quiero curiosidad, ideas, certeza, improvisación. quiero páginas en blanco. quiero flores y quiero tiempo.
- ¿de verdad que no quieres un café?


10 diciembre 2010

intro

el problema es el sexo: ya no me gusta follar con mi novio. más bien me aburre tremendamente y activa mi mal humor; es como recitar la tabla de multiplicar del cero: predecible y sin cambios en el resultado final. y yo siempre fui de letras.
sé qué va a hacer a cada segundo, qué me va a pedir que le haga y cuanto va a tardar en terminar su mediocre actuación. sé incluso qué palabra va a exclamar cuando se eche a un lado de la cama, diez minutos después, extenuado, como si hubiera participado en todas las pruebas de unos juegos olímpicos: perfecto.

¿perfecto? hay que ver la abismal distancia que nos separa en lo que se refiere a la idea de perfección.

la solución al problema sería cambiar de especímen masculino o bien hablar con el que tengo ahora. algún listillo iluminado dijo que la comunicación es la base del entendimiento. supongo que esto también puede aplicarse al mundo de las parejas. bien, de acuerdo, pero sabiendo que él no parece tener ningún problema con nuestra vida sexual, ¿cómo le hago entender que cuando está encima mío, jadeando y empujando, yo estoy deseando que acabe para poder tomarme una ducha y saciarme con chocolate? no encuentro la manera, ni el momento.

hoy, sin embargo, con toda mi buena voluntad y mis ganas de establecer algunos cambios para que la relación tire para adelante, he comprado un vibrador. la chica del sex shop me ha asegurado que estos funcionan muy bien, que se están vendiendo de maravilla, que ella tiene uno exactamente igual y está encantada. por un momento pensé que me contaría algún detalle más íntimo, pero al ver mi cara de asombro, se ha callado de repente y simplemente ha preguntado si quería que me lo envolviese. me he quedado con ganas de decirle que me lo llevaba puesto, pero parecía la típica persona que se toma su trabajo demasiado en serio y no estoy segura que hubiera entendido la gracia. o quizás le hubiera parecido muy obvia. he contestado que no hacía falta.
no es muy exagerado, ni tampoco tiene las venas marcadas, ni tiene velocidades, ni está coloreado: no quería presionar, ni impresionar a mi novio con impecables penes de película que además duran y duran y duran.
lo que ya no tengo tan claro es cómo va a reaccionar cuando lo vea. es probable que me lo tire por la cabeza acompañado de alguna exclamación mal sonante, o bien que me lo meta por el… um... bueno, en tal caso, ya habríamos avanzado un poco.

06 diciembre 2010

final feliz

mara se despertó de repente por el codazo que acababa de recibir en plena cara. abrió los ojos, giró la cabeza y vio al chico que tenía a su lado: tenía el rostro aniñado y el pelo corto y claro, ocupaba toda la cama y dormía profundamente sin apenas moverse para respirar. notó los primeros martilleos en la cabeza nada más abrir los ojos y a los pocos segundos notó cómo se acrecentaban y cómo las primeras arcadas que subían con fuera por su garganta. tragó un poco de saliva pero tenía la boca seca. no sabía dónde estaba, ni cómo había llegado hasta allí, ni quién era el tipo que estaba a su lado, pero al menos seguía con las bragas puestas, aunque esto tampoco era prueba concluyente de nada en concreto, y una camiseta agujereada que no reconoció como propia. levantó un poco su pesada cabeza. también le dolía el cuello y le costó girarlo a un lado y otro. la habitación era grande, estaba vacía, desordenada y olía a humo y a colilla ce cigarro mal apagada, pero al menos no se escuchaba ningún ruido de personas, ni música, ni de la calle, lo cual agradeció mucho en su estado. en el suelo reconoció su ropa arrugada y esparcida que había llevado la noche anterior. volvió a dejar reposar su cabeza en la almohada maloliente y cerró los ojos. no podía ser que estuviera de nuevo en esa situación: desubicada, con ese martilleo insistente y medio desnuda en una cama que no era la suya. el chico se dio la vuelta y le dio una patada en la rodilla. 
-me cago en todo – murmuró. 
se apartó, se levantó muy lentamente y con cuidado y se sentó en el borde de la cama. sentía que la cabeza iba a explotarle de un momento a otro. necesitaba un par de aspirinas, algo para beber y un cigarrillo. aunque antes de todo esto, debía despertar al chico, preguntar lo de siempre, recoger sus cosas y marcharse de allí cuanto antes. no le apetecía verle despierto, ni saber mucho más de él. sin moverse de donde estaba y de espaldas a él, dijo: -!eh! el chico no se inmutó. 
-oye,!eh! – repitió alzando la voz. esta vez consiguió despertarlo. 
-¿qué coño pasa? – respondió él de malas maneras. 
-¿hemos follado? 
-¿qué? 
-¿que si follamos ayer? 
-joder tía, tú estás fatal. déjame dormir. 
-¿pero sí o no? 
-joder. que me dejes dormir te digo. 
-de puta madre. 
se levantó de la cama, se quitó la camiseta agujereada y la tiró encima de él en un amago de despertarle, pero él ni lo notó y siguió inmóvil en el centro del colchón, de espaldas a ella. se vistió con la máxima rapidez que le permitía su dolorido cuerpo y cuando estaba a punto de abrir la puerta de la habitación, vio la cartera del chico, en el suelo, junto a un paquete de malboro y las llaves. recogió el paquete en busca del primer cigarrillo del día, pero estaba vacío. 
-maldita sea. vaya mierda de día. – masculló. 
después recogió la cartera, la abrió y sin pensarlo dos veces retiró el billete de veinte euros que había dentro y se marchó asegurándose de dar un portazo bien sonoro. siguió por el pasillo estrecho, oscuro y de techo alto y llegó a lo que parecía ser el comedor de la casa, una sala igual de vacía y con la misma penumbra del pasillo. una chica más mayor que ella, con albornoz y una toalla enroscada en el pelo estaba mirando dibujos animados en la televisión y removiendo su taza de café con una cucharilla de plástico. 
-¿por dónde se sale de aquí? – le preguntó sin saludar ni presentarse. 
la chica señaló hacia la derecha sin apartar la vista de la pantalla. 
-gracias. oh, ¿no tendrías un cigarro, por casualidad? – dijo, utilizando un tono de voz más amistoso esta vez. 
-no fumo. 
-joder. 

salió del piso y esperó a que llegara el ascensor. tampoco hubiera tenido la suficiente energía como para bajar las escaleras a pie. le pareció que tardaba una eternidad y una vez dentro, no pudo evitar mirarse en el espejo: estaba pálida, despeinada, tenía ojeras, el rímel corrido y los labios agrietados. tampoco hizo ningún intento por salir a la calle con mejor aspecto. aparte de las aspirinas y la dosis de nicotina, sus otras dos prioridades en ese momento eran descubrir dónde se encontraba y cómo llegar a su casa. fuera hacía un día espléndido, brillaba el sol y la temperatura era ideal para pasear y tomar una cervezas en alguna terraza tranquila y soleada. no reconoció el nombre de la calle cuando leyó el cartelito de una de ellas y se inquietó un poco porque pensó que quizá no estaba ni en su propia ciudad. caminó desorientada diez minutos, esperando toparse con alguien a quien poder preguntar, pero a esas horas parecía que todos estaban en sus casas preparando la comida dominical, hasta que vio una farmacia y un bar abierto justo al lado. “caray, a lo mejor termina siendo mi día de suerte, al fin y al cabo”, pensó. tuvo tentaciones de entrar primero al bar, pero pensó que ya había cometido suficientes estupideces en lo que iba de día y se dirigió hacia la farmacia. abrió la puerta pesada haciendo sonar el móvil metálico que estaba justo encima y esperó hasta que apareció la farmacéutica. 
-buenas tardes – saludó una mujer sesentona de uñas largas pintadas de rojo y luciendo todo el surtido de joyas que poseía. 
-hola. necesitaría la píldora del día después – informó. 
-ahá. 
desapareció detrás de unas cortinas de mimbre y volvió a los pocos segundos con la familiar cajita blanca con letras azul marino que mara reconoció de inmediato. 
-¿sabes cómo funciona? – preguntó la farmacéutica. 
-sí. 
-pues son diecisiete euros. 
-oh, y también necesitaría aspirinas. 
-¿aspirinas?… vaya nochecita... 

el bar estaba totalmente vacío, iluminado con un molesto fluorescente parpadeante, las mesas y las sillas eran de plástico, el suelo estaba pegajoso y las paredes mal decoradas con pinturas de paisajes de color pastel, y bodegones sin ninguna gracia. el camarero estaba entretenido leyendo un periódico deportivo que celebraba la victoria del equipo local. cuando vio a mara, lo dobló y la saludó como si hiciera días que no hablaba con ningún ser humano. 
-hola guapa, ¿qué te pongo? 
mara sonrió agradecida por el piropo, aunque sabía que no lo merecía en absoluto. al menos ese día. 
-mmm… un gin tónic. sin hielo, por favor. 
-!marchando ese gin tónic sin hielo! 
-¿vendéis cigarros? 
-la máquina se estropeó ayer. a ver si vienen a arreglarla pronto. 
-vaya. qué mala suerte tengo hoy. en fin, está claro que todo son señales para que deje de fumar. 
-no hay mal que por bien no venga, o eso dicen por ahí. 
se sentó en uno de los taburetes de la barra, abrió las dos cajas y sacó tres aspirinas y la píldora. las colocó en fila, una detrás de otra, después las desordenó y esperó a tener la bebida para tomarse las cuatro de un solo golpe. con el primer sorbo, notó como ardía su garganta y la tripa rugía, se encogía y se revolvía. con el segundo saboreó el regusto amargo de la tónica. con el sexto, los martilleos en la cabeza remitieron y con el décimo, se sentía lista para el siguiente sábado. 

04 diciembre 2010

- Por qué nos miran con tanto desprecio? - preguntó Chloé - Como si trabajar fuera bueno.
- Siempre les han dicho que era bueno - dijo Colin -. En general, se considera que es bueno. De hecho, nadie se lo cree. Se hace por costumbre y a para no pensar en ello, precisamente.
- En cualquier caso, es una tontería hacer un trabajo que podrían hacer las máquinas.
- Hay que construir máquinas -dijo Colin -. ¿Pero quién lo hará?
- Claro, para hacer un huevo hace falta una gallina - dijo Chloé -, pero una vez que se tiene la gallina se pueden tener montones de huevos. Así que mejor empezar por la gallina.
- Habría que ver - dijo Colin - quién impide que se hagan máquinas. Debe de faltar tiempo. La gente pierde el tiempo viviendo, así que ya no les queda tiempo para trabajar.
- ¿No será al revés? - dijo Chloé
- No -dijo Colin -. Si tuvieran tiempo para construir las máquinas, después ya no tendrían que hacer nada más. Lo que quiero decir es que trabajan para vivir, en lugar de trabajar para construir máquinas que les ayudarían a vivir sin tener que trabajar.
- Resulta complicado - estimó Chloé.
- !Qué va! - dijo Colin -, es muy sencillo. Tendría que producirse progresivamente, por supuesto. Pero se pierde tanto tiempo en hacer cosas que se desgastan...
- Pero ¿no crees que preferirían quedarse en casa y besar a su mujer, e ir a la piscina y a divertirse?
- No - dijo Colin -. Porque no piensan en eso.
- Pero ¿qué culpa tienen ellos si creen que trabajar es bueno?
- Ninguna - dijo Colin -, no es culpa suya. Lo hacen porque les han dicho: "El trabajo es sagrado, es bueno, es agradable, es lo principal, y sólo los trabajadores tienen derecho a todo." Lo que pasa es que se las apañan para hacerles trabajar sin parar y entonces no pueden sacar ningún provecho.
- Pero ¿qué pasa?, ¿son tontos? - dijo Chloé
- Sí, son tontos - dijo Colin -. Por eso están de acuerdo con los que les hacen creer que el trabajo es lo mejor del mundo. Eso les impide pensar e intentar progresar para no trabajar más.
- Hablemos de otras cosas - dijo Chloé -, que esos temas son agotadores. Dime si te gusta mi pelo.
- Ya te he dicho...
Y la sentó sobre sus rodillas. Se sentía de nuevo completamente feliz.
- Ya te he dicho que te quería mucho, al por mayor y al por menor.
- Pues entonces pormenoriza - dijo Chloé dejándose llevar entre los brazos de Colin, mimosa como una culebra.

La espuma de los días - B. Vian