29 octubre 2010

carta a los señores de por las mañanas

apreciados señores,

desde hace ya unos meses que cada día (bueno no) de lunes a viernes, nos vemos a las ocho, ocho y diez, según vayamos tarde o temprano y aunque no hayamos hablado nunca, les he cogido cariño. verles cada mañana, sentados en fila en el bordillo de la acera, esperando a que les pasen a recoger, comentando las noticias, o el fin de semana, o simplemente bostezando y aspirando el primer cigarrillo del día, hace que mis inicios de día sean menos insípidos.
primero eran dos o tres, pero imagino que su empresa ha ido creciendo (en tiempos de crisis, me pregunto a qué se dedican exactamente) y ahora ya son… seis? siete? por cierto… de dónde ha salido el último? sí, el chico joven, el que menos disimula. sí, sí, me he dado cuenta! o qué se pensaban? que yo no miro? pues claro que lo hago! pero tienen que entenderme, son seis contra uno e intimidan un poco. especialmente en esos días en los que una preferiría pasar desapercibida. aseguro que son pocos, pero haberlos haylos y me molestan más a mí que a ustedes. prometo trabajar este problema mío de auto estima balanceante.
la cuestión es que hoy me han decepcionado y de aquí el motivo de esta carta.

nos hemos visto a unos veinte metros de distancia, cuando cruzo y tiro por gran vía para arriba a coger el autobús. hasta aquí, nada nuevo. para mí es más fácil, lo reconozco: al venir a su encuentro no debo voltear cabezas, ni torcer cuellos, ni desviar miradas, ni hacer gestos extraños. aunque tampoco creo que este tema les preocupe mucho. a estas alturas, ¿para qué fingir?
así que hemos empezado el ritual matutino: se giran, murmuran, se avisan entre ustedes (hay qué ver lo majetes que son, de verdad. ¿trabajarán para alguna oenegé?), me da la risa floja, consigo controlarla, me pongo seria, hago como que miro algo fascinante que capta toda mi atención en la otra punta de la calle, me concentro para que la sensación de sentirme minuciosamente examinada disminuya y paso por delante del grupo como un auténtico florero primaveral! y justo en ese preciso instante, otro florero pasa entre ustedes y yo. y no sé si serán imaginaciones mías o la perjudicial tendencia que tenemos a mal pensar, pero es que me ha dado la sensación que en ese preciso instante ha habido una sobre exposición de crisantemos.

así que señores de por las mañanas, si a partir de ahora esta es la relación que vamos a mantener ustedes y yo, si a partir de ahora va a haber dos floreros en la misma franja horaria, voy a verme en la obligación de cambiar de ruta y buscarme nuevos jarrones.

atentamente,

27 octubre 2010

caso clínico: angustia vital y tremendismos varios

el mundo está lleno de peligros. en esto estamos de acuerdo: que si bombas, ataques suicidas, atentados terroristas, violencia de género, accidentes de tráfico, catástrofes naturales, etc. pero para los pacientes que sufren de angustia vital y tremendismos varios (at/tv, para abreviar) esta afirmación se queda corta. cortísima. es como decir que pillarse unas vacaciones a irak puede acarrear algunos inconvenientes insignificantes o que saltar a la vía, cuando faltan veinte segundos para que aparezca el tren, no es una idea brillante. a no ser que uno tenga unas tremendas ganas de desaparecer indefinidamente.

los aquejados de at/tv no conciben la vida sin peligro, desgracias, tragedias, amenazas, enfermedades, dramas o plagas. de hecho, la vida es esto: una fatalidad detrás de otra, acechando a una desvalida víctima que ha venido a esta vida a sufrir. vamos, como una versión moderna de los antiguos griegos, siempre a la merced de sus juguetones dioses y siempre perdiendo todas las batallas porqué eran sólo esto: indefensos títeres, desgraciados y mortales.

la angustia vital, como el resto enfermedades, tiene distintos niveles de padecimiento. hay quienes, a pesar de temer siempre lo peor, siguen haciendo su vida con más o menos normalidad. salen de casa por la mañana y miran la carretera tres o cuatro veces antes de cruzar. en el trabajo no se exponen a peligros innecesarios como grapadoras, máquinas de café o jefes cabreados y al llegar a casa por la noche, comen bocadillos fríos para no encender el gas y provocar una explosión. los que padecen este transtorno de forma más grave, no salen de casa bajo ningún concepto y acaban sus días muertos de inanición pero agradecidos por no haber sido violentamente apaleados por el ku kux klan, aún perteneciendo a la raza aria.
ni que decir tiene que las terapias y el apoyo familiar pueden ser una ayuda incomesurable, pero no nos engañemos, las penalidades siguen allí. y es que los at/tv siempre tienen amigos, conocidos, amigos de amigos, vecinos o primos lejanos a los que les ha pasado algo terrible. es inexplicable cómo un enfermo de este tipo puede tener tantos allegados que, en un malogrado día u otro, fueron víctimas de una fatal adversidad. y claro, ante tal evidencia se hace más complicado convencerlo de que la vida es bella. o llevadera, por lo menos.

hay personas con más propensión que otras para contraer tal dolencia; e aquí los tres grupos con más números: los nacidos en los meses de diciembre y enero (también conocidos como capricornio en los círculos astrológicos), los que poseen una imaginación peculiarmente tortuosa y sobretodo, las madres.
éstas últimas son, sin lugar a dudas, las reinas de la angustia vital y los tremendismos varios. no hay más que hacer la prueba: díganle a cualquier madre del mundo que su hijo va a salir esa noche.
en primer lugar su cara experimentará un cambio de expresión conocido como “no-aprobación” e inmediatamente una serie de preguntas-trampa acosarán al pobre vástago que sólo quería ir al cine. no hay respuesta válida. todas serán erróneas y causa de máxima preocupación. y es que la susodicha madre ya ha visualizado esa noche y sabe qué sucederá exactamente: nada bueno. y pensarán que es lógico que una madre se preocupe por sus hijos. bien cierto. pero una cosa es la preocupación dentro de los límites aceptables y otra bien distinta, la preocupación sin sentido basada en hechos no-reales.
sí, las entradas se pueden agotar, puede incluso que la película sea mala, que los espectadores salgan mosqueados de la sala y que a raíz de ésto, estalle la tercera guerra mundial (esa misma en la que sólo sobrevivirán las cucarachas y los tremendistas previsores), pero ya lidiaremos con todo ello cuando ocurra realmente.

así que madres del mundo y angustiados en general…

21 octubre 2010

bellezas

la he visto de lejos, en los interminables túneles que unen línea 3 con línea 5 y he pensado: de dónde ha salido ésta? pero entre la multitud que se reúne de 6 a 7 de la tarde para retarse con empujones diplomáticos, miradas poco conciliadoras y carreras de corta distancia, le he perdido la pista y no he podido reparar en ella tal y como hubiera deseado. casi mejor. este tipo de personas (de bellezas, en realidad) me desconcentran de los habituales monólogos que organizo conmigo misma.
llega el metro y entro en el vagón junto a un grupo de diez o doce. veinte, quizás y... tachán! allí está. a dos centímetros de mi. compartiendo la misma barra para que no nos caigamos una encima de la otra, lo cual consideraría como una señal evidente. sé que incluso observándola de reojo, con mi no convincente disimulo, va a darse cuenta, pero no puedo evitarlo. primero le echó un par de miradas fugaces, como quien, levantando un poco la cabeza, está buscando a un amigo en la lejanía o un poco de oxígeno renovado en un vagón donde hay de todo menos oxígeno. ni renovado, ni sin renovar. después, la contemplo sin disimulos, buscándole defectos y no encontrando ninguno.

la primera idea que me viene a la cabeza es cogerla en brazos para que no se ensucie, ni se canse y llevarla a mi casa. la pondría encima de la estantería y la admiraría día y noche, como si fuera un botticelli. y le taparía la boca. por si le da por hablar y la fastidia.

20 octubre 2010

La prohibición de fumar se amplía por primera vez a espacios abiertos.

No se podrá consumir tabaco en patios de institutos, en parques infantiles ni en el entorno de hospitales - El Congreso prevé que entre en vigor el 2 de enero.

España va a ser -con la excepción de California y otros estados de EE UU- el primer país en prohibir fumar no solo en todos los locales públicos cerrados, sino también en algunos sitios al aire libre. Es una de las medidas consensuadas por los grupos parlamentarios en la ponencia de la Comisión de Sanidad del Congreso que estudia la reforma de la ley antitabaco de 2004...

El País, 20 octubre.

* prohibir, prohibir, prohibir, prohibido, prohibir, prohibir.
** ¿señorita, puedo ir a mear?
*** je pense que je veux être française.

19 octubre 2010

odiamos el aburrimiento y jugar está bien. es divertido. nos entretiene y nos hace pasar el rato cuando estamos cansados de leer o de pasar el polvo. pero es que últimamente parece que siempre pierdo yo y he decidido que voy a dejar de jugar. un tiempo al menos.
y no es que tenga mal perder, es que ya no me divierto contigo.

18 octubre 2010

fin de

menudo fin de semana hemos pasado. yo lo empecé el viernes. me telefonearon desde la guardería porque violeta tenía fiebre y debía ir a recogerla. al dejarla por la mañana ya la había notado un poco más callada de lo habitual, pero pensé que tendría más sueño que otros días, sin sospechar que estaría pillando algo. estos críos. llamé a mi marido, no sé muy bien porqué. al fin y al cabo sabía que era yo quien debía hacerme cargo de la niña. 
-hola ana, ¿dime? 
-nacho, hola. acaban de llamarme de la guardería. violeta tiene fiebre y voy a recogerla. 
-ya… ¿y? 
-¿podrías ir tú ir a recoger a pablo a las cinco? no sé si va a darme tiempo y... 
-¿a las cinco? !imposible! tengo una reunión a las seis y no sé ni a qué hora llegaré a casa. 
-vaya… bueno… da igual. ya me apañaré sola, como siempre 
-ana, de verdad, ahora no puedo discutir eso. te llamo luego. 
-está bien, está bien, déjalo. ya hablamos después. 
salí disparada del trabajo y de mal humor, aunque también es cierto que no era culpa suya si tenía una reunión justo cuando pablo salía del colegio. llegué a la guardería y aparqué en doble fila porque a esas horas era imposible encontrar un hueco, ni tampoco tenía el tiempo para hacerlo. corrí hacia su aula y al ver a mi hija sola, en un rincón del aula, abrazada a un osito de peluche, me rompió el corazón. la chica de la guardería me informó que había pasado toda la mañana lloriqueando, vomitando y que no había comido nada en todo el día. !con lo glotona que es mi violeta! ni se alegró de verme, ni reaccionó cuando le dije que nos ibamos a casa. pobrecilla. toqué su frente y me pareció que estaba a cuarenta como mínimo así que decidí pasar por urgencias antes de ir a casa. al salir un guardia estaba anotando mi matrícula, pero le supliqué que olvidara el asunto, y que no volvería a ocurrir. fue inútil y me puso la multa igualmente. estuvimos dos horas en la sala de espera de urgencias, junto a otros niños que tenían los mismos síntomas que violeta. cuando por fin nos llamaron para entrar en la consulta, el doctor, un hombre mayor con prisa por empezar su fin de semana, le diagnosticó una gastroenteritis sin complicaciones que se curaría con mimos y una dieta suave a base de arroz hervido. algunas veces me pregunto si son necesarios tantos años de universidad para acabar recetando obviedades. 
salí del hospital malhumorada y con el vómito de violeta encima de mi blusa blanca. durante el trayecto a casa violeta no paró de llorar. desde mi asiento delantero intentaba calmarla y hacerle olvidar su dolor de tripa, pero la niña me ha salido revoltosa, todo lo contrario que su hermano, y tuve que aguantar sus berridos los treinta minutos que duró el trayecto hasta casa. pensaba que me iba a estallar la cabeza de un momento a otro, pero, no sé cómo, conseguimos llegar. eran las tres de la tarde. yo no había comido nada en todo el día a parte del café de las diez, en dos horas pablo salía del colegio y nacho no me había llamado todavía para decirme si podría o no irlo a recoger. metí a violeta en su cama y se quedó dormida inmediatamente. por fin se había callado. bajé a la cocina, abrí la nevera y un par de armarios. me decidí por una bolsa de patatas fritas con sabor a jamón que devoré como si hiciese semanas que no hubiera probado bocado y una lata de cerveza bien fría. justo cuando daba el último sorbo, sonó el teléfono. era nacho: 
-¿ana? oye siento lo de antes. me pillaste en mal momento. 
-no pasa nada. ¿más tranquilo? 
-sí, bueno no, pero da igual. ¿cómo está violeta? 
-no muy bien. fui a recogerla y luego al médico. dice que tiene gastroenteritis. ahora etá durmiendo. 
-bueno, será una pasa que ha cogido en la guardería. mañana ya estará bien. -eso espero. 
-ana... no podré ir a recoger a pablo. la reunión de esta tarde… tendrás que ir tú. 
-¿y cómo lo hacemos? perdón, ¿cómo lo hago? no puedo clonarme todavía, ¿sabes? ¿despierto a la niña con fiebre, la meto en el coche, que me vomite encima otra vez y a hacer kilómetros? 
-llévala a la vecina. será sólo un momento. nena, de verdad, me es imposible.
-no me gusta llevarla a la vecina y lo sabes. bastante tiene con lo suya. 
-pues yo no puedo. 
-esto es increíble, de verdad. 
colgué el teléfono y lo tiré encima del sofá, sin hacer mucho ruido por si la niña se despertaba. fui a por otra cerveza aunque sabía que tendría que coger el coche de nuevo en una hora y me la bebí sin apenas respirar. cuando me calmé, fui a casa de laura, nuestra vecina. me abrió con el delantal puesto y con un gemelo en cada brazo. sabía que no era una buena idea, pero no me quedaba otro remedio. 
-ana, hola, pasa dentro. estaba preparando la merienda para estos dos. 
-no, no, sólo será un momento. odio tener que hacer esto, sé que vas a mil por hora, pero necesito que te quedes con violeta. sólo será un momento. el tiempo justo para ir a recoger a pablo... está enferma. 
-oh, pobrecilla. 
-no te lo pediría si no fuera algo importante. 
-no te preocupes. nos apañaremos. ve tranquila, que yo me quedaré con los tres. 
 -te lo agradezco muchísimo. 
-quizá a la vuelta no nos encuentres vivos! – bromeó. 
me reí con ella, aunque no me hizo ninguna gracia. 
de nuevo en la carretera, con lo que odio conducir y lo nerviosa que me pongo al volante. llegué justo cuando pablo salía del colegio, sucio, sudado y feliz porque era viernes y sabía que tenía dos días para mirar la televisión, jugar a la consola e ir a dormir tarde. dicen que es igual que yo: tranquilo, callado, patoso y con la cabeza en las nubes. tiene siete años. violeta dos. son polos opuestos y ya ahora se pelean a todas horas. no quiero ni pensar cómo será cuando crezcan y sean adolescentes, pero de momento prefiero no pensar en ello.
pablo corrió hacia el coche, subió, cerró la puerta y me miró como si fuera la peor madre del mundo. algo no iba bien. 
-!hola guapo! ¿no le vas a dar un beso a tu madre? 
-no 
-¿qué te pasa? – pregunté.
rompió a llorar. con esto también se parece a mí: esa tremenda facilidad para llorar por cualquier cosa. 
-ei, ¿qué ha pasado? ¿porqué lloras? - insistí 
-martín me ha dicho hoy en el recreo que los reyes son los padres. yo le he dicho que no es verdad. a qué no es verdad, ¿mamá? 
-!claro que no! !por supuesto que no! !martín no sabe lo que dice! 
no sé si deberíamos seguir con esto. a sus siete años todavía sigue ilusionado el día de reyes y ni su padre ni yo queremos fastidiarle el momento. tal vez empezaría a ser hora de contarle la verdad, lo sé, pero en ese momento no me vi con energía para darle explicaciones de porque sus padres decidieron mentirle sobre un asunto tan serio. fuera como fuera mis palabras le tranquilizaron y se pasó el viaje canturreando y contándome qué había hecho en la escuela. 
 nacho apareció por casa a las diez y media de la noche. mientras, a mí, me había dado tiempo de jugar con pablo, entretener a violeta, bañar a los dos, prepara la cena, la papilla, recoger la cocina, poner a dormir a la niña y quedarme frita en el sofá con el niño en brazos. 
-ah, !por fin apareces! 
-sí, yo también empezaba a pensar que no lo conseguiría – no tenía ganas de que le tomara el pelo y desistí en continuar. 
-¿has cenado ya? hay pescado en el horno. 
-no. no tengo hambre. tengo un dolor de cabeza terrible y estoy hecho polvo. me voy a dormir. 
y a continuación se quitó los zapatos, la camisa, lo dejó todo desparramado por el salón y subió a la habitación. me entraron ganas de pegar un grito bien fuerte, pero pensé que despertaría a los críos y tendría el doble de trabajo para dormirlos otra vez, así que me quedé callada y con las mandíbulas bien apretadas para no ponerme a llorar. 
esa noche me levanté tres veces. las mismas que los lloros de violeta me despertaron y las mismas que tuve que cambiar de sábanas su cama y ponerle un pijama limpio debido a sus vómitos. 

sábado. 
a las ocho de la mañana me desveló el ruido de la televisión y me levanté. fui a ver a violeta que dormía placidamente pero pablo ya estaba mirando los dibujos y tenía hambre. desayunamos en silencio, enfrente de la pantalla, viendo como una esponja parlante se peleaba con un gato volador en forma de globo. así pasamos una hora y a pesar del alboroto que montaba la esponja con sus amigos, tuve la sensación que esa sería la única hora de sosiego que iba a tener en todo el día. no me equivoqué en absoluto. a las nueve desperté a violeta y intenté que comiera algo. parecía más animada que el día anterior y quiso levantarse. después fui a ver a nacho porque tenía que ir a hacer la compra, pero seguía durmiendo en el centro de la cama. 
-son las nueve ya. tendrías que levantarte y ayudarme con... 
-tengo una jaqueca terrible y me encuentro fatal. – se dio la vuelta - cierra la puerta cuando salgas, ¿vale? 
me pasé el día con los críos, para arriba y para abajo, los llevé al parque, hice la compra y limpié los baños. a nacho no le vimos el pelo hasta la hora de cenar, cuando bajó todavía en pijama, sin duchar y con el pelo revuelto. pidió silencio durante la comida porque aún le dolía la cabeza y cuando terminó su plato volvió de nuevo a la cama. cuando subí yo, dos horas después, estaba despierto y de buen humor. me metí en la cama, agotada, e inmediatamente adiviné a qué se debía su buena cara. se acercó y me abrazó. me aparté. 
-ya te encuentras mejor, ¿no? – dije en un tono irónico que no pareció adivinar. 
-sí, mucho mejor. necesitaba un día entero para dormir. 
-ya veo. pues yo no dormí nada ayer y estoy reventada. - contesté, apartando su brazo de encima mío. 
-lo que quiere decir que hoy no habrá sexo. 
-lo que quiere decir que estoy harta de que no me ayudes en nada, simplemente. 
-siempre estás igual, ana, joder. 
-no, joder no, nacho. yo así no puedo más. y ahora, si no te importa, quiero dormir.
me di la vuelta. él se levantó y se marchó de la habitación dando un portazo.

domingo. 
violeta con ganas de corretear y comer me despertó a las siete y media. me aseguré de que su sábana estaba limpia, la vestí y fui al comedor donde ya estaba pablo mirando los dibujos. nacho dormía en el sofá, abrigado con toallas y chaquetas. los zapatos y la camisa que había dejado el viernes seguían allí. lo recogí, puse una lavadora con su ropa del trabajo y después otra con la ropa de los niños. con el alboroto se despertó y supongo que sintiéndose culpable por la discusión de la noche anterior, se llevó los niños al parque. aproveché para preparar la comida y quitar el polvo de los muebles. comimos en silencio, escuchando las noticias. a mi marido no le gusta que se hable mientras están las noticias puestas porqué dice que no se entera de las cosas importantes que pasan en el mundo. nadie mencionó lo bueno que me había salido el asado y pablo dejó la mitad porque prefería macarrones con queso.
por la tarde aparecieron sus dos hermanos, con sus respectivas parejas. nadie me había avisado de su visita, pero no quise darle importancia. saqué licores y galletas aunque nacho propuso ir a tomar algo fuera, por hacer algo diferente. yo contesté que con los críos era imposible y él respondió que era una aburrida y que siempre ponía pegas a todo. uno de sus hermanos intentó quitarle hierro al asunto pero él sentenció que era una auténtica aguafiestas y que estaba obsesionada con los horarios y la limpieza. nos quedamos callados los seis, mirando cada uno para un lado diferente, evitando así cruzar miradas incómodas. 
al final se fueron ellos y yo me quedé con los niños. pablo se enfadó conmigo porqué le prohibí ir a casa de su amiga y violeta empezó a lloriquear porqué no había echado la siesta y estaba cansada. a las nueve la puse a dormir y después cené con mi hijo, esta vez sin las noticias, pero igualmente callados. a las once y media, por fin, después de dos días, la casa estaba en silencio. mi marido no había llegado todavía y tampoco me importaba en absoluto. fui a por una cerveza y me fumé un cigarro en el sofá. no acostumbro a fumar, y mucho menos dentro de la casa, pero decidí que me lo merecía. estuve pensando sobre ese fin de semana, el anterior y los que vendrían a continuación. no estoy muy segura de si esto es lo que imaginé cuando me casé hace ocho años. creo que no, pero a lo mejor es que así es como son las cosas y no hay que esperar mucho más. o a lo mejor es que hace tanto tiempo que ni me acuerdo de lo que imaginé exactamente. 

15 octubre 2010

09 octubre 2010

previsión meteorológica

nubes y tormentas para el fin de semana. así lo han anunciado los hombres del tiempo. qué bonito nombre! hombres del tiempo: como la fruta o como si el resto fuéramos hombres intemporales.
aislamiento voluntario, interminables horas contemplando como cae la lluvia y humeantes tazas de té con galletas de chocolate. no se me ocurre un plan mejor.

a veces la nada puede ser el todo.

08 octubre 2010

le despiertan a las ocho de la mañana, pero la mayoría de días hace ya horas que está despierto. se queda quieto en la cama, esperando que alguien vaya a buscarle. algunas veces tardan un poco más y en esos casos, no puede aguantar y se mea encima.

la habitación es pequeña y sencilla, pero está limpia y ordenada. en un rincón está la cama, estrecha y corta, al lado una mesilla con algunas fotos de él cuando era joven, un sofá azul con un cinturón para atarle cuando se pone nervioso y un televisor colgado de la pared, permanentemente encendido y demasiado moderno comparado con el resto del mobiliario.
la ventana da a la calle, pero las cortinas están siempre corridas. dice que le molesta la luz del sol, aunque su vista cansada apenas le permite ver más allá de los dos metros de modo que sólo escucha sonidos. a veces los puede asociar a un coche que pasa o a un niño que llora. otras, cuando su mente se queda parada, no los relaciona con nada.
a menudo pregunta a las chicas de bata blanca cuando podrá volver a su casa y ellas, siempre muy animadas, contestan que no se preocupe, que allí esta mucho mejor. que allí le cocinan, le limpian y no tiene que preocuparse por nada. él, todavía sin entender, insiste en saber si está en un hospital pero las chicas se ríen, le acarician las mejillas y no responden.
algunas veces tiene visita. ellos dicen que son sus hijos, pero él está seguro de no haber tenido nunca hijos. al principio se sentía incómodo con esa gente que ocupaba su habitación, le miraban con tristeza y le preguntaban estupideces como qué había cenado. no se acordaba. al final se ha acostumbrado y también a ellos les pregunta dónde está y cuando podrá volver a casa.
-¿pero no ves que aquí te cuidan muy bien? estás en una residencia. ya te lo dije la semana pasada – responden.
-¿en una residencia? ¿de un hospital?
-no, no estás en ningún hospital, papá.
-¡ah! – contesta turbado pero aliviado – y tu padre, ¿cómo se encuentra? es muy buen vecino, ¿sabes? algún día tengo que pasar y saludarle.
-sí, es una buena idea. seguro que se alegrará de verte.
después se queda en silencio un rato, agotado y mirando esa pared blanca que parece haberse convertido en su inamovible y único punto de referencia.
cuando vuelva a casa, debe acordarse de contarle a su vecino el detalle que ha tenido su hijo, un buen chico, sin duda. se pregunta si quizá mañana, podrá marcharse ya.



06 octubre 2010

maldita ley de murphy

hace falta ser cafre para que a algún cerebro pesimista con tendencias suicidas se le ocurra concebir una ley (una ley!!) que afirme sin el menor tipo de duda que si algo tiene que salir mal, saldrá mal.
no dice esto ya mucho (todo, tal vez) del cómo somos los humanos? seres fatalistas y resignados, esperando (deseando, casi) que la tostada se caiga por el lado de la mantequilla para así podernos quejar a pleno pulmón de nuestra obvia mala suerte. la culpa, siempre, de los demás, llamémosla suerte, llamémosla madre/tiempo/cucaracha…

oh! ley de murphy, me aburres!

reclamo al parlamento una derogativa a este funesto principio. ya mismo! pongan otra cosa, no será por nuevas leyes a prescribir.

ahí van un par de iluminaciones que se me han ocurrido esta mañana mientras limpiaba la mantequilla pegada al suelo:
- ley del sí: si algo tiene que salir, saldrá en función de las ganas, esfuerzo, intención, bla bla bla de uno mismo. las fuerzas del universo, las órbitas de los astros, las intuiciones y la predestinación no son explicaciones suficientemente válidas para nosotros, cuerpos de evolución darwiniana y mentes científico-racionales.
- ley del tal vez: se permite confiar en los sextos sentidos. sólo para casos esporádicos, en entes que se clasifican como “sensibles” y en situaciones con más de una posible solución satisfactoria.
- ley del no: si algo no tiene que salir, abandonen, no se frustren y vayan a por otra cosa. la pérdida de tiempo, por ley, sólo está permitida las madrugadas de los jueves y algún sábado ocasional.
- ley del hagan lo que les de la santa gana: ya sabemos por dónde va, no?

03 octubre 2010

realidades

si lo piensas bien (o simplemente lo piensas), da igual que te apuntes a tai chi o comas cinco piezas de fruta al día o tomes las duchas antes de ir a dormir o prefieras la coca que el éxtasis líquido o nunca hayas viajado o siempre vayas a contracorriente o cocines paellas como tu abuela por parte de madre o seas un adicto al strabucks o odies los lunares o temas hablar en público o hagas ejercicio tres veces por semana o asaltes viejecillas de camino a misa o vocalizes correctamente o recuerdes cómo hacer raíces cuadradas o sufras dolores menstruales o te gusten los atardeceres o seas alérgico a los cacahuetes o leas la biblia o tengas cicatrices o duermas desnudo o folles con desconocidos en lugares públicos o conduzcas con precaución o vistas de negro o bailes mal o te esfuerces en el trabajo o compres compulsivamente o camines en sueños o vomites al tercer mojito o aprendas a tocar la zambomba o desees ser más alto-atrevido-bajo-rubio-gordo-interesante-flaco o te rías con facilidad o veas porno vietnamita o estés sordo o hayas matado insectos en tu infancia o te lleves mal con tu hermano mayor o andes como un pato mareado cuando te subes a unos tacones o

da exactamente igual porque todos vamos a acabar tumbados en la misma cálida arena, tomando el mismo hermoso sol...

playaaa!!

01 octubre 2010

día de playa

día de playa si la felicidad existía, tenía que ser aquello. a las diez de la mañana, cuando el sol de agosto todavía era compasivo con los bañistas, eva ya se había instalado en la pequeña cala que había encontrado después de alejarse del pueblo y andar quince minutos. con su música, su libro y su excelente predisposición, el plan era pasar todo el día en ese rincón del mundo, escondida de los voyeurs que de vez en cuando se daban una vuelta por la zona para ver las anatomías tal y como dios (o quien fuera) las trajo al mundo. en realidad le daba bastante igual que la vieran desnuda. estaba en una playa nudista, con pleno derecho para exponer y exponerse, así que consideraba que el problema era de los otros y no suyo. además, tenía un bonito cuerpo y estaba bien orgullosa de lo que podía enseñar. nunca había sido demasiado pudorosa, ni durante esa complicada etapa de la pubertad en la que uno tiende más a esconder que a mostrar. ciertamente, alguna vez se había topado con alguno que le dedicaba más atención de la cuenta. era casi inevitable y siendo sincera consigo mismo, ella hacía lo mismo con los que consideraba que valía la pena mirar. un par de veces, sólo, había tenido que soltar un: “¿todo bien?” en tono seco y brusco para que las órbitas del susodicho volvieran a su trayectoria natural, pero el poder nadar en el mar sin notar la tira del sujetador que se aflojaba, ni tener marcas de bikini y sentir el sol en todas las partes del cuerpo, compensaban todas estas pequeñas nimiedades sin importancia. 

era de esperar que al poco de estar tumbada en la arena comenzaran a aparecer los demás bañistas que habían preferido retozar y alargar un rato más su mañana de domingo en la cama. lo que ya no era de esperar, y de hecho la molestó bastante, era que a pesar de haber sitio suficiente, el chico decidiera instalar su base a escasos centímetros de su propia base. ¿tan difícil era entender que, estando la playa prácticamente vacía, no era necesario apurar tanto las distancias entre una toalla y la vecina? ¿no era de sentido común dejar un espacio mínimo? ¿tan complicado era pensar un poco en la necesidad del otro por desear soledad y espacio? era obvio que para algunos, primerizos tal vez o simplemente cortos, este evidente código no escrito no quedaba contemplado.
ni la mala mirada que le dirigió, ni el exagerado resoplido que echó causaron el efecto deseado para hacerle retroceder ni que fuera unos pocos centímetros. tendría su misma edad, quizá un poco más joven, aunque también podía ser que las pecas de su cara alargada, su cuerpo esquelético y su pelo anaranjado, le quitaran años de encima. llevaba puestos unos vaqueros gastados y cortados a tijeretazos que parecía que le iban a caer de un momento a otro, una camiseta algunas tallas más grande y una gorra de color verde oscuro que dejaba a la sombra unos bonitos ojos verdes. parecía inquieto, como si no tuviera demasiada experiencia en frecuentar este tipo de lugares y no supiera muy bien en qué momento debía quitarse la ropa y quedarse en pelotas delante de los bañistas, que le ignoraban por completo. estuvo un rato indeciso, de pie, notando el calorcillo de la arena y mirando la nada del horizonte. pasados unos minutos se convenció a sí mismo, apoyó su bolsa de tela en la arena, se desvistió con una rapidez asombrosa y se sentó apresuradamente en su toalla con los brazos y las piernas cruzadas para disimular bien sus genitales expuestos ya al resto.

les separaban apenas ochenta centímetros. eva temía que un inocente cruce de miradas accidental desembocara en una conversación trivial, no deseada por parte su. sin embargo, no pudo evitar sentir la necesidad de darle un buen repaso al chico, el factor proximidad obligaba a ello y detrás de sus gafas oscuras podría parecer que ella también miraba la nada del horizonte. aunque se le marcaban todas las costillas y sus piernas parecían dos palillos, sentenció que no estaba nada mal y que mucho mejor tenerle a él al lado que no a un señor cincuentón, gordo y peludo como el que se pudo a su lado la semana anterior. le resultó más complicado decidir si era o no homosexual. no es que le importara en absoluto, pero sabía que si lo era podría relajarse y separar un poco las piernas, pero si no lo era, debería mantener un poco las formas. el veredicto fue heterosexual pero, poco a poco, al ver que él sacaba una revista de cine de su bolsa y empezaba a leerla con atención, fue relajándose hasta olvidarse por completo de su presencia.
con los rayos de sol cada vez más cálidos y el sonido hipnótico de las olas, eva acabó durmiéndose plácidamente. cuando despertó, había perdido la noción del tiempo. tenía la sensación de haber dormido durante horas, notaba que su espalda ardía y que las gotas de sudor se deslizaban de la frente hasta el cuello. abrió los ojos y alzó la cabeza. la playa seguía extrañamente vacía y pensó que sería porque era muy tarde y ya había transcurrido un día entero o porque sólo había dormido unos minutos y todavía tenía el día por delante. se medio incorporó y culpó a los rayos de sol directos a su cara y al adormilamiento para digerir y comprender lo que estaba transcurriendo delante de sus ojos: el chico de cara pecosa se había aproximado un poco más y sentado, mirándola fijamente y con la revista de cine entre las piernas, se estaba haciendo una paja. cerró los ojos y los volvió a abrir un par de segundos más tarde, esperando que la imagen que acababa de ver fuera sólo fruto de su inesperada y retorcida imaginación. pero no, allí seguía. a pesar de los nulos intentos de esconderse con una revista, ese brazo derecho ejecutando ese movimiento frenético y repetitivo no dejaba lugar a dudas. intento mantener la calma y considerar sus posibilidades: podía levantarse y marcharse, darle una bofetada, insultarle o incluso llamar a la policía y alertar a los demás de que había un depravado en la playa, pero no hizo nada de esto. se quedó estirada, desubicada, más consciente que nunca de su propia desnudez, mirando como el chico continuaba con lo suyo y sonreía. incomprensiblemente, esa sonrisa sin malicia la hizo sentir bien, halagada incluso, y le devolvió otra con timidez. era una bonita escena. surrealista, viciosa y guarrilla, pero bonita. al fin y al cabo, ¿cuántas veces un desconocido había reconocido, y demostrado, abiertamente que ella era el objeto y la causa de sus erecciones y fantasías? hizo números con rapidez: ¡ninguna! era la primera vez que alguien le mostraba tanta atención sin saber nada de ella y le gustó. le gustó tanto que un poco tímidamente separo sus piernas y las mantuvo en esa posición un largo rato. el chico agradeció el detalle y su buena disposición y a los pocos segundos cerró los ojos, apretó los labios, respiró profundamente y el ajetreo furioso que tenía lugar detrás de la revista, ahora ya arrugada y rota, cesó. permaneció inmóvil unos instantes y luego se estiró en la toalla hasta que se recuperó del esfuerzo.
cuando se levantó, eva había cerrado sus piernas y se había dado la vuelta. el chico guardó su revista, recogió su toalla y se visitó, esta vez con menos prisas. al pasar por el lado de eva susurró: 
-gracias. 
eva levantó su torso y contestó: 
-gracias a ti.