24 noviembre 2010

lo bueno del edificio donde vivo es que tiene once plantas y cuando coincido con ella en el ascensor el viaje se hace perfectamente largo. yo vivo en la novena, ella en la séptima.
siempre sujeto la puerta y la dejo pasar primero. sé que le gusta porqué sonríe, levanta un poco la cabeza y me mira a los ojos agradecida, como si le hubiera salvado la vida en un terrible accidente. después entro yo, me situo a su lado y permanecemos en silencio. no es un silencio incómodo. es uno de esos silencios sin trampa, que explican más que cualquier palabra sobrante.
cuando el ascensor se pone en marcha, ella se acerca lentamente y apoya su cabeza en mi hombro. su cabello oscuro y despeinado me da cosquillas en el cuello y siento el peso de su día. no siempre es ligero. a veces espera que sea yo quien me aproxime. en esos casos, cojo una de sus manos y la aprieto suavemente para que no se escape. siempre las tiene heladas, sea invierno o verano.
nunca hablamos.

hoy ha venido ella. mirándome sin pestañear, ha colocado su mano dentro de mi bolsillo de la chaqueta. quería abrazarla pero no lo hice. notaba como su corazón latía pausado y su respiración le seguía el ritmo. tenía una mirada alegre aunque no he sabido descubrir qué significaba, si es que tenía algún significado.
cuando hemos llegado al séptimo ha retirado su mano y me ha dicho adiós. es la primera vez que he escuchado su voz. inmediatamente después he puesto la mano en mi bolsillo. había dejado una nota arrugada, con letra pequeña y redondeada, como quien está aprendiendo a escribir: “ojalá vivas todos los días de tu vida”, decía.

6 comentarios:

  1. Muy bonito. No. Precioso.

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  2. Noooo... anciana, verdad? Me enternecen. Muy bonita esta entrada ailih

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  3. Puso "ojalá vivas todos los días de tu vida" por no parecer poco elegante y poner "¿has follado alguna vez en un ascensor?"

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