04 mayo 2010

la teoría de los nombres

es fácil adivinar si uno va a tener o no éxito en la vida. basta con preguntarle su nombre completo: manolita perez garcia (con todo mi debido respeto a todas ellas) versus bonifacio noble amigo. juan gómez lópez o flora blanco rosal, por ejemplo. manolita o juan (de nuevo con todos mis debidos respetos) están destinados a pasar por la vida sin pena ni gloria, anónimamente, sin que la historia les recuerde por nada concreto. sin escribir un libro ni plantar un árbol. como mucho teniendo un hijo torpe que sale demasiado los fines de semana y exige su paga puntualmente. bonifacio noble amigo en cambio... ¿quién no le prestaría dinero a un nombre de este talante? o ¿quién no le pondría una floristeria a flora blanco rosal y esperaría, como mínimo, ventas y ganancias a raudales? el nombre lo es todo. 

una vez conocí a un tal paco gonzález navarro. al muchacho se le daba muy bien escribir y no lo digo porque ahora sea un buen amigo. tenía estilo propio y sus historias eran divertidas y enganchaban desde el principio. yo siempre le decía que tenía un don y que debía aprovecharlo. él contestaba que no era objetiva y que eso sólo lo decía porque éramos amigos. además de escribir bien, era un tipo honesto y le apreciaba de verdad. 
con los años, y después de mucha insistencia por parte de amigos y familiares, decidió tomarse lo de la literatura un poco en serio y terminó escribiendo un libro que nos encantó a todos los que tuvimos la oportunidad de leerlo. le animamos a que lo enviara a editoriales y agencias literarias y a pesar de sus reticencias iniciales, acabó por hacernos casos. la mayoría de editoriales a las que envió su obra ni se molestaron en confirmar el recibo del ejemplar y cuando paco gonzález navarro empezó a sospechar que su talento solamente iba a ser reconocido en su círculo de amigos y familiares, recibió una llamada de una pequeña editorial de la que nunca había oído hablar que deseaba apostar por su su obra. el editor, un hombre con basta experiencia en el mundo editorial, acostumbrado a lidiar con verdaderos genios de las letras, no consideró necesario retocar aspectos gramaticales, ni frases forzadas, ni el desenlace ni el título, que según su opinión, nunca eran lo suficientemente comerciales, lo cual alegró a mi amigo. había escuchado que en muchas ocasiones las publicaciones quedaban tan retocadas y modificadas que era imposible contemplarlas como propias, así que se consideraba doblemente afortunado. había sin embargo otro tema que sí era necesario corregir. su nombre. el editor creía imprescindible buscar un nombre menos corriente, más especial, que llamara la atención y que se quedara grabado en la mente de los futuros compradores. 
-hay que tener en cuenta –dijo el hombre una tarde de octubre en la que se habían citado los dos para ultimar algunos detalles- que actualmente ya no es suficiente con tener talento. el talento es la base, no digo que no, y tú lo tienes, paco, pero hay que haber algo más. una buena campaña de márketing, una estrategia, una planificiación. un nombre. mira, te pondré un ejemplo bien claro: marilyn monroe, no te digo más. 
-ya, bueno, pero en mi caso... 
-en tu caso nada. paco, sé de lo que estoy hablando, te lo aseguro. y al fin y al cabo... qué es un nombre. un puñado de letras sin significado, un formalismo, un sentimentalismo familiar. en definitiva, un obstáculo para conseguir la fama. 
 -visto así, quizá tengas razón.
-la tengo. ya lo verás. tú confía en mí que para esto soy tu editor. 
paco se despidió de él confiado y convencido. tenía razón. sólo era un nombre. un nombre que ni tan siquiera había elegido él. unos apellidos que le habían sido impuestos, por casualidad. pues claro que tenía razón, cómo no se había dado cuenta antes. de repente la idea de tener otro nombre le pareció estupenda. debía pensar en algo que se ajustara a su personalidad, a su nueva faceta de escritor exitoso, de hombre triunfador que se pasea por la vida seguro y optimista. así sería su nuevo nombre y su nuevo yo. ahora sólo faltaba encontrar la combinación ideal. 
de vuelta a casa, en el autobús, había dado con tres o cuatro opciones que le gustaban, pero le resultaba difícil decidirse por una. su nueva identidad estaba en juego y quería estar seguro de tomar la decisión correcta. pensó que sería una buena idea pedir consejo a familiares y amigos, pero cuando le comunicó a su madre su intención de cambiar de nombre ella montó en cólera. no entendía qué tenía de malo su nombre original y porque no podía triunfar siendo paco gonzalez. el talento, afirmó al borde de las lágrimas, tendría que estar en el libro, no en el nombre. 
-y lo está, mamá, por eso me van a publicar, pero hay que tener en cuenta también la planificación, la estrategia. ellos entienden de eso, son cosas de márketing. 
-¿de márketing? 
-de ventas. 
 -¿vas a vender más por llamarte jorge en vez de paco? 
-mamá, déjalo, tú no lo entiendes. 
-será eso, hijo, que yo no lo entiendo, pero a mí me gusta paco y por eso te llamé paco cuando naciste. 
paco supuso que su madre no era la persona más idónea para aconsejarle sobre este tema. había demasiados recuerdos y pasado de por medio y no conseguiría hacerla cambiar de opinión. acudió a sus amigos, pero no coincidíamos en ponernos de acuerdo. era demasiada responsabilidad y no queríamos que el futuro éxito o fracaso de paco recayese en un consejo erróneo por nuestra parte, así que al final, tuvo que enfrentarse solo a la decisión. 

días después se volvió a reunir con el editor. las oficinas estaban más vacías y el editor parecía cansado y nervioso. paco lo asoció a los largos horarios de trabajo y a la presión a la que debían estar sometidos. sintió pena por él y decidió que en su segundo libro, aparecería en las notas de agradecimiento. era lo mínimo que podía hacer por él. después de hablar de contratos, copias, derechos de autor, distribuidores y demás quebraderos de cabeza, el editor fue a buscar la primera maqueta del libro, recién salida del taller gráfico. allí estaba por fin, delante de sus narices: su obra, su creación, su foto, su biografía… y su nuevo nombre. necesitó unos segundos para relacionar la foto, de él, con unas brillantes letras amarillas encima de esta. 
-¿ray smith? – titubeó con voz temblorosa. 
-ray smith – repitió con aplomo el editor. 
-ese no es el nombre que yo decidí. 
-sí, lo sé, lo sé, pero con ese nombre no ibas a ir a ninguna parte, carecía de personalidad, de carácter, de... todo. ray smith, en cambio huele a best seller, a gloria, a pasar a los anales de la historia, a marilyn monroe. 
-¿tú crees? a mí no me gusta demasiado. 
-estoy convencido. no lo dudes. sé de lo que hablo, ray. esta vez salió de la editorial alicaído. debería haber estado contento, eufórico más bien, pero sentía como si le hubieran robado no sólo la obra, sino la identidad. no le caía bien ese tal ray smith que desde la sobrecubierta de la maqueta que sostenía en su mano, sonreía socarronamente. !burdo estafador! ya imaginaba el día que tuviera que firmar ejemplares en algún centro comercial y escribir “con cariño, r. s”. o cuando leyera los títulares de prensa “ray smith publica su sexta novela”. o mucho peor, cuando por la calle la gente susurrara su nombre: “mira ese que va andando por ahí es ray smith, qué guapo es y qué talento tiene”. no, no creía que pudiera mirarles a la cara.

por fortuna o desfortuna, nada de esto sucedió. meses antes de que la editorial lanzase los dos cientos ejemplares al mercado, cerró por deudas e impagos. en cualquier otra circunstancia paco hubiera llorado de rabia y se hubiera pasado los días preguntándos porque le sucedían esas cosas a él, pero esta vez respiró tranquilo. sus temores y miedos se disiparon. su libro seguiría a la sombra, desconocido y anónimo, pero al menos sentía que no tendría que engañar, ni mentir, ni firmar, ni hablar bajo un nombre que a estas alturas odiaba profundamente. ray smith, sin embargo, seguía sonriendo cada dia desde la estantería del comedor de paco, paciente, alerta y aguardando el momento idóneo para ver la luz y saltar, por fin, a la fama. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario