04 febrero 2010

whisky y chocolate

soy fan del mercadona, qué le vamos a hacer? bueno, soy fan de muchas otras cosas, entre ellas, el mercadona…

precios no indigestos, calidad comestible y unos trabajadores, y esto no es ningún sarcasmo, que siempre me han parecido de lo más agradables. cómo les deben motivar para contestar a las tediosas preguntas que nosotros, consumidores desorientados algo hartos de que los jefecillos de marketing insistan en cambiar los productos de sitio, solemos hacerles? dudo que me hubieran dado un puesto de trabajo a mi…

sábados por la mañana es el dia en que nos juntamos vecinos y extrarradio. qué gran dia para hacer la compra!
el grupo, es sin duda, de lo más variopinto: las abuelas que se levantaron a las siete para poder comprar la barra de pan caliente, las familias que, en comunidad, llenan carros imposibles, los que sólo quieren una lata de coca-cola para sobrellevar la resaca y yo, que no soy abuela todavía, no suelo llenar los carros de la compra porque luego lo acabo tirando todo y no bebo coca-cola.
así que otro sábado más, otra experiencia mercadona en mi vida.
a eso de las diez, única forma de ahorrarme algo de cola para pagar, uno de los pasillos menos concurridos es el del los vinos y alcohol en general. precisamente el que utilizo para ir de la sección verduras, digámosle punto A, a la sección lacteos, o sea punto B, en el menor tiempo posible y sin toparme con demasiados clientes indecisos.
al acceder al pasillo, ese sábado, me fijé en un hombre alto y corpulento, con aspecto de haber dormido poco, admirando la gran variedad de ofertas de cervezas. en circunstancias normales, le habría dado un rápido repaso y hubiera seguido con mis tribulaciones sino fuera porque el pobre hombre estaba escondiendo dentro de su chaqueta de piel polvorienta y rasgada, un par de botellas de whisky.
le pillé robando y me pilló mirando.
la situación me hizo gracia. tengo este don: todo me hace gracia hasta que se demuestra lo contrario, así que sonreí y continué con mi compra inacabada. ¿quién no ha robado algo en su vida?
con lo que no contaba era con que el ladronzuelo de whiskies había venido con un amigo al que la situación no le pareció tan graciosa. mi sonrisa desapareció cuando noté que se acercaba directo a mi y sin demasiado titubeo pero con un acento, bajo mi punto de vista, mejorable, susurró:
- tú sabrás lo que haces…

sí, hasta el momento tenía muy claro lo que debía hacer: nada. es decir, acabar de comprar y volver a mi casa.
nos miramos unos segundos. era menos corpulento y más bajito que su compañero pero la cicatriz que cruzaba su mejilla derecha me indicaba que era el momento de comprender rápido sus palabras, con o sin acento, y largarme a otra sección menos conflictiva. así lo hice.
sin embargo su amenaza me había molestado. teniendo en cuenta que eran ellos quien estaban cometiendo una falta, no era más lógico que les hubiera amenazado yo? otra ironía de la vida sin resolver.

a los veinte minutos salí cargada de bolsas, empezaba a llover y el “tú sabrás lo que haces” seguía resonando en mi cabeza de forma aguda pero crónica.
fuera, apoyados a una farola, junto a un par de niños que jugueteaban con los primeros charcos de la lluvia, estaban los dos amigos compartiendo un cigarro. intenté pasar desapercibida, pero no lo conseguí.

- eh tú! – gritó el de la cicatriz en la mejilla.
se acercó de nuevo y de su bolsillo sacó una barrita de chocolate que puso dentro de una de mis bolsas.
- por ser buena chica.

se rieron, apagaron el cigarrillo y volvieron a entrar al supermercado. esta vez, su acento me pareció mucho más pulido.

1 comentario:

  1. Me encanta este cuento. Me recuerde a Cortázar... lleno de detalles sin importancia pero imprescindibles a la vez.

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